Los efectos del cambio tecnológico no han sido tan dramáticos en la televisión como en la prensa. Son muchos los puntos de vista desde los que se puede desarrollar esta afirmación, pero hay una evidencia incontestable: mientras el televisor es todavía un electrodoméstico habitual en los hogares, el periódico impreso cada vez es un producto más residual.

Antes de que arreciara la crisis económica, en 2007, la prensa en papel facturaba 1.991 millones de euros anuales, mientras que la televisión, 3.538. En 2020, los periódicos ingresarán el 80% menos, mientras que sus competidores audiovisuales, el 48%, según los datos de la consultora i2P.

Si se toma como referencia el ejercicio 2015, es decir, en el que comenzó a observarse de forma clara un cambio de ciclo económico, se aprecia que, desde entonces, la inversión publicitaria en televisión se ha mantenido relativamente estable (5%), mientras que la de prensa ha caído de forma pronunciada (35%).

Este dato resulta especialmente ilustrativo, dado que permite apreciar las diferencias entre las crisis del papel y la de la televisión –extrayendo los efectos de la ‘gran recesión’- pero también comprobar que el daño que han hecho plataformas como Netflix, HBO o Amazon Prime en el negocio de empresas como Atresmedia y Mediaset no ha sido tan profundo como el que la prensa digital ocasionó a los periódicos impresos.

Partían desde cero

Es cierto que la eclosión de las plataformas en streaming causó dudas entre los inversores, como se demuestra en el golpe que sufrieron en bolsa Atresmedia y Mediaset en 2018. En 2019, el golpe será menor, pero la primera caerá en el entorno del 20% y la segunda, en pleno proceso de reorganización de sus negocios en Europa, algo más del 1%.

También es verdad que sus ingresos se han reducido en los últimos tiempos. En los primeros meses del año, los de Mediaset España descendieron el 5,2% (660 millones frente a 696) y los de Atresmedia, el 3,2%. Sin embargo, la televisión se mantiene como el medio más relevante para los anunciantes, con el 42,4% de la cuota del mercado publicitario y con un visionado medio, por habitante, que es de 222 minutos diarios, un tiempo que cuadruplica al que ha dedicado al consumo de video online.

Kantar Media estima que por los canales de la TDT pasan a diario 31 millones de españoles.

No hay que obviar que en el último año ha caído en 13 minutos el consumo de este medio de comunicación, hasta niveles de 2007, pero tampoco que la televisión lineal en abierto ha concentrado en 2019 el 89,5% del tiempo dedicado a consumir televisión y Kantar Media estima que por los canales de la TDT pasan a diario 31 millones de españoles.

Según los últimos datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), Movistar Plus cuenta actualmente con 4,1 millones de abonados, por los 1,3 millones de Vodafone TV, los 711.000 de Orange, los 460.000 de Euskaltel y los 100.000 de la plataforma de MásMóvil.

Abonados de Netflix

El Panel de Hogares de la CNMC (cuya metodología está en revisión) calculaba el pasado verano que las OTT ya cuentan con alrededor de 6 millones de abonados en España, tanto a través de suscriptores como de abonados de paquetes convergentes de las compañías de telecomunicaciones que contratan este servicio. El dato de Netflix estaba por encima de los 2 millones de usuarios.

En este contexto, se espera que el Parlamento español trasponga durante 2020 la nueva Directiva audiovisual europea, que modificará una forma sustancial las reglas del juego del negocio televisivo en España. Entre otras cosas, porque concederá más flexibilidad a la hora de programar la publicidad.

Hasta ahora, la norma afirmaba que los canales de la TDT no podían superar los 12 minutos por hora de emisión de anuncios. El texto de la Directiva afirma lo siguiente: “La proporción de anuncios de publicidad televisiva y de anuncios de televenta en el período comprendido entre las 6.00 y las 18.00 horas no excederá del 20 % de dicho período. La proporción de anuncios de publicidad televisiva y de anuncios de televenta en el período comprendido entre las 18.00 y las 24.00 horas no excederá del 20 % de dicho período”.

La nueva norma también obliga a los Estados miembros a velar porque los prestadores de servicios de comunicación audiovisual «dispongan de un porcentaje de al menos el 30 % de obras europeas en sus catálogos y garanticen la prominencia de dichas obras”.

La nueva norma también obliga a los Estados miembros a velar porque los prestadores de servicios de comunicación audiovisual «dispongan de un porcentaje de al menos el 30 % de obras europeas en sus catálogos

Desde la patronal de las televisiones comerciales españolas, UTECA, han iniciado maniobras para conseguir que los nuevos agentes de este mercado, entre ellos, Netflix, Amazon o HBO, tengan las mismas obligaciones que los operadores tradicionales, tanto en materia de contenidos como en la fiscal, como en la relativa a la obligación de financiar las obras audiovisuales españolas y europeas.

“El reto de las televisiones asociadas en UTECA es lograr que la nueva ley que salga de la  trasposición de la Directiva de Servicios Audiovisuales acabe con las asimetrías regulatorias entre los operadores tradicionales y los nuevos que operan únicamente a través de internet, que desde su nacimiento carecen de una regulación que los equipare en derechos y obligaciones a las televisiones privadas en abierto”, explican sus fuentes oficiales.

Y añaden: “La situación actual, inaceptable para las televisiones, está provocando un entorno competitivo desequilibrado con una grave anomalía, que penaliza y lastra el negocio de los canales nacionales”.

La televisión pública

Mientras estos cambios se desarrollan, será importante saber la evolución que seguirá Radiotelevisión Española, un operador cuya influencia se ha reducido en los últimos años, pero que todavía tiene un peso significativo en el sector.

La corporación ha estado dirigida durante el último año y medio por una administradora única provisional y se espera que en los próximos meses sea sustituida por un presidente que ejercerá durante seis años.

En paralelo, está previsto que se inicie el debate sobre el Mandato Marco de RTVE, es decir, sobre la norma que fija los objetivos que deberá cumplir para la próxima década. Esto, evidentemente, tendrá un impacto mayor o menor sobre la industria audiovisual española y determinará el peso que tendrá la radio-televisión pública en el panorama digital hasta 2030.

De momento, no hay nada totalmente claro, pero se espera que a finales de 2020 la realidad del sector audiovisual sea diferente a la que se vivía el último día del año actual.