Es cierto que el visitante no se encuentra con la tumba de Jim Morrison o de Karl Marx. Pero en la Almudena de Madrid está Lola Flores y en Montjuïc Buenaventura Durruti. Pasearse entre lápidas ya no es un plan enfermizo propia de un espíritu gótico. Con un cierto retraso con respecto a las capitales europeas, los cementerios españoles han entrado en el rango de lugares de interés turístico a la misma altura de museos o catedrales.

El cementerio de Montjuïc lleva dos años organizando rutas gratuitas diurnas y nocturnas (además hay un código QR que permite visitarlo por cuenta propia). En Madrid, el pasado marzo, se agotaron en 72 horas todas las entradas disponibles para visitar la Almudena.

El arte funerario es de una belleza impresionante. El tanatorio ha sustituido el cementerio como lugar de dolor

“Los cementerios se convertirán en un museo al aire libre”, dice a El Independiente Fernando Gómez, periodista y escritor barcelonés, autor de la Vuelta al mundo en 80 cementerios (Luciérnaga).“El arte funerario es de una belleza impresionante. Los mejores escultores y arquitectos del siglo XIX han trabajado en la construcción de los cementerios españoles. Ahora se está desarrollando una curiosidad que no es macabra, sino cultural, artística e histórica. Los cementerios son libros abiertos a nuestro pasado”.

Para Gómez la sociedad española ha tardado en dejar atrás la “negrura” de la muerte. “La cultura de la península ibérica ha ocultado el cementerio, asociado a un aspecto tétrico, a la pena y a la tristeza”. Ahora ya no es costumbre vestirse de negro como se hacía hasta hace pocas décadas y el tanatorio ha sustituido al cementerio como momento de dolor.

El futuro del cementerio

“La inhumación se está perdiendo a favor de la incineración. Ya no existe la creencia de que tenemos que conservar el cuerpo para la inmortalidad. El cuerpo se ve como una carcasa que se puede quemar y tendremos que buscar otras fórmulas”, dice Gómez.

Los cementerios como los conocemos hoy tienen los días contados. Una razón de calado es el espacio: no hay suficiente. Las necrópolis actuales ya están abarrotadas y el número de fallecimientos en los próximos años irá creciendo. Además tener una tumba en propiedad es caro.

La inhumación se está perdiendo a favor de la incineración. Ya no conservamos el cuerpo para la inmortalidad

Para Gómez la decadencia de los cementerios empezó con las tumbas de nicho: “se convirtieron en lugares impersonales. El arte desapareció”. Antes del siglo XIX pobres y ricos estaban sepultados separadamente. Las grandes avenidas de los cementerios modernos unieron a todos. Se desarrolló entonces una competición entre la burguesía acomodada para ver quién ostentaba la tumba más fastuosa”.

En su viaje alrededor del mundo en 80 cementerios, el autor no recorre solamente los lugares más conocidos como Père-Lachaise en París, el cementerio judío de Praga o Highgate en Londres. Gran parte del libro está dedicada a cementerios únicos en su género, relevantes desde el punto de vista histórico, artístico y cultural. Está el cementerio americano de Normandía, donde están enterrados los soldados que combatieron en el D-Day, o el Old Burying Point, en Estados Unidos, donde se enterraron las brujas de Salem. Entre los cementerios atípico está el que recoge las muñecas de Xochimilco en México.

Gómez invita a pasearse por los cementerios – cualquiera, tanto en la ciudad como en el campo –  fijarse en la disposición y las formas de las tumbas, las estatuas, las capillas. “El cementerio es el lugar donde está la historia de un pueblo y de un lugar. Cuando ya no se pueda enterrar a personas tendremos estos cementerios de incalculable belleza para ver que la muerte siempre está en nuestra vida”.