Tuvo que llegar el segundo impacto para darse cuenta de la importancia que había tenido el primero. Había acorralado en un lugar poco visitado de su mente lo que le había ocurrido años atrás, sin darse cuenta de que aquello se estaba necrosando. Pero entonces llegó él, el puñetazo en el brazo y los “todo lo provocas tú”. Los “me mataré cuando no estés”. Los sentimientos de culpa. Y el hombre que poniéndole un cuchillo en el cuello la había violado años antes apareció como si le hubiese ocurrido ayer.

Caroline Lamarche, escritora belga, habla desde un lugar seguro de toda la inseguridad que sintió. Pero sabiendo que una gran parte de ella aún sigue en proceso de recuperación. Para contarnos cómo fue y cómo es, se representa en dos. Porque lo que hace la violencia, lo que provoca el dolor, es que nos dividamos entre la persona que sufrió y la que creemos que ya lo ha superado.Para Lamarche: la muerta y la viva.

Y, por eso, porque el dolor es mejor mostrarlo brumoso, nos los enseña dentro de un sueño

Por eso, en La memoria del aire, el fabuloso relato autobiográfico que publica en la Editorial Tránsito, hay dos personajes que en realidad son solo uno. Y, por eso, porque el dolor es mejor mostrarlo brumoso, nos los enseña dentro de un sueño.

En este sueño, la narradora visita a la muerta y conversa con ella, es ella misma pero hace más de veinte años. “Los recuerdos afloran en forma de monólogo: su relación durante siete años con un hombre depresivo e iracundo, la crueldad de los juegos amorosos que vivió con él y, finalmente, la historia de cuando escuchó de otro hombre: ‘si lloras, te mato'”, resumen en la editorial.

El relato no deja de ser estremecedor. De ahí, nos lleva a los miedos, a la dependencia, a la violencia, a no saber porqué pero vivir engancha a alguien. Se adentra en ella misma como si estuviera escarbando con ansia para encontrar un tesoro. Se está buscando.

La obra supone una invasión de Lamarche. Más difícil para ella que para el lector. Quizá por eso se refiere a su yo dañado en tercera persona. “Heridas mal curadas o directamente no curadas, como las que han llevado a esta mujer a la muerte”. Y por eso, busca cerrar de una vez lo que veinte años más tarde parece seguir supurando. Ella cuenta cada uno de los momentos que la han traído aquí de una manera magnífica, nos mete dentro, nos angustia, incluso nos llega a enganchar, pero sin utilizar ningún llamamiento obvio. Caroline Lamarche, que ahora tiene 62 años, es capaz de transportarse hasta sus entrañas y desenredarlas.