El arte necesita un soporte y este es la libertad. En España se vivieron demasiados años bajo una censura atroz y cuando ésta desapareció el arte comenzó a fluir con tantas ganas y tanta fuerza que parecía que gritaba. Durante las primeras décadas, los 80 y los 90, mostrar lo político, lo social, lo que había provocado tanta falta de libertad se convirtió en una necesidad.

La Constitución llegó hace 40 años, en 1978, y nadie reflejó mejor esa carrera ansiosa, ese grito que había permanecido silenciado, como los artistas españoles. Fueron el espejo de los cambios y seguían siendo la denuncia de lo que aun debía mejorar. Todo artista como ser político, como dijo Picasso. Ahora, en este aniversario se junta como nunca Política y Arte. En mayúsculas.

'Guernica. Picasso comunista', 2012, Daniel García Andújar.

‘Guernica. Picasso comunista’, 2012, Daniel García Andújar.

El Congreso de los Diputados y el Senado se prestan como museos para las obras que nos cuentan estas décadas. Desde Juan Muñoz hasta Colita, o incluso informes confidenciales del FBI sobre Pablo Picasso. También Alberto García-Alix, Patricia Gadea, Miquel Barceló o Elena Asins. En total 42 artistas forman El poder del arte, una muestra compuesta íntegramente por la Colección del Museo Reina Sofía y que se encuentra en las sedes políticas más simbólicas de la democracia española.

Hacer colectivo el desafío individual que el arte nos propone es uno de los objetivos”

“Es un momento muy importante poder compartir en la sede de la soberanía nacional lo mejor de estos 40 años, que es la expresión de estos artistas, de nuestros creadores en libertad, en nuevos modos de hacer arte y cultura“, asegura Ana Pastor, que se ha encargado de presentar esta exposición que se podrá visitar hasta el 2 de marzo.

“Esta muestra permite, con esta inesperada ocupación de los espacios de dos importantes centros de soberanía y decisión, distintas posibilidades de reflexión sobre la relación entre el arte y el contexto de los diferentes poderes que la confrontan y la contextualizan”, explica João Fernandes, el comisario. Además, añade que “más importante que buscar respuestas a las situaciones que nos invitan a descubrir son las reflexiones que cada visitante llevará consigo a partir de su interpretación. Hacer colectivo el desafío individual que el arte nos propone es uno de los objetivos”.

“Todos los artistas que aparecen coinciden en su reflexión sobre algunos temas fundamentales como el poder, la libertad, la democracia, la identidad, los lugares para la memoria, la historia, la antropología, la filosofía, el recuerdo y los símbolos”, aseguran desde el Reina.

Obra "Mis manos despues de tocar cosas sucias" del catalán Ignasi Aballí.

Obra “Mis manos después de tocar cosas sucias” del catalán Ignasi Aballí.

Así, se pueden ver pinturas, esculturas, vídeos, fotografías, instalación y performance. Incluso si entras en la Sala del reloj del Congreso, Dora García te estará observando y contándote a través de una pantalla todos tus movimientos.

Pero lo más llamativo llega al bajar las escaleras al sótano del Congreso. Lo que antes era un almacén de muebles que estaban a punto de tapiar, se ha convertido en una sala de exposiciones y ésta es la primera que alberga. Aquí nos encontramos con gran parte de El poder del arte. Como explican desde la institución: “Aquí están los temas esenciales. Mientras la escultura de Cristina Iglesias permite reflexionar sobre la idea de ruina, la de Marco presenta el uso de materiales industriales y la de Ferrer simboliza la memoria”.

'Celia May en la sala Rock-Ola', 1963, de Miguel Trillo.

‘Celia May en la sala Rock-Ola’, 1963, de Miguel Trillo.

También la libertad y la censura se encuentran en esta sala con Concha Jerez y Daniel G. Andujar. Y está Colita. Sus fotografías “captan las tensiones a partir de la muerte de Franco”.

Al entrar en la parte de la muestra que se encuentra en el Senado la pintura se convierte en la principal protagonista. Juan Genovés, Menchu Lamas o Luis Gordillo son algunos de los artistas que se encuentran en este recorrido. “Obras de los años setenta cargadas de referencias políticas y simbólicas abren esta parte. También tenemos las investigaciones formales sobre abstracción y geometría de Soledad Sevilla o el uso de símbolos identitarios y de cultura popular del momento, con las fotografías de Miguel Trillo o García-Alix“.