La imagen de la mujer moderna en las primeras décadas del siglo XX fue, una vez más, representada por artistas masculinos como Pla, Xaudaró, Baldrich, Penagos, Sáez de Tejada, Loygorri o Bartolozzi.

Así, las conquistas femeninas se asimilan en la prensa gráfica y la publicidad con una mujer, en palabras de Lourdes Moreno, directora artística del Museo Thyssen de Málaga, “sofisticada, chic, coqueta, urbanita y con un toque de perversidad”, que juega a la seducción, vestida y maquillada a la nueva moda, y que adopta nuevos hábitos y conquista roles y espacios tradicionalmente masculinos, fumando, bebiendo licores en cafés o asistiendo a salas de fiestas o teatros.

El nuevo modelo femenino fue proyectado en Europa como seductor y atrevido pero también como un peligro para las clases burguesas y obreras. Desde el imaginario colectivo, apoyado en las corrientes filosóficas y literarias, se proyectó la idea de una mujer que podía ser la perdición de los hombres. “Este relato se puso en marcha con intensidad, alimentado por el temor masculino a perder la supremacía y se vio reflejado en infinidad de personajes, desde la Carmen de Merimée o la Salomé de Wilde a las protagonistas del cine negro americano representadas por Marlene Dietrich o Greta Garbo”, apostilla la directora del Museo ABC de Madrid, Inmaculada Corcho.

‘Modernas y seductoras’

El Museo Carmen Thyssen Málaga y Museo ABC presentan Modernas y seductoras. Mujeres en la Colección ABC (1900-1936), una muestra que examina la imagen de la mujer moderna en las primeras décadas del siglo XX. La exposición podrá verse desde el 21 de febrero hasta el 26 de mayo de 2019 en la Sala Noble del Museo Carmen Thyssen Málaga.

La exposición hace un recorrido por las ilustraciones publicadas por la revista semanal Blanco y Negro y por el diario ABC

Modernas y seductoras, comisariada por la directora del Museo ABC, Inmaculada Corcho, y la directora artística del Museo Carmen Thyssen, Lourdes Moreno, hace un recorrido por las ilustraciones publicadas por la revista semanal Blanco y Negro y por el diario ABC que se hacen eco de la imagen de una nueva mujer, activa y moderna que rompe con el estereotipo tradicional que la constreñía al ámbito familiar y hogareño, y reivindica su libertad, independencia y protagonismo.

Romper moldes a ritmo de jazz

Desde París a Nueva York o Londres –pero también en Madrid, Barcelona o Málaga–, ese nuevo estereotipo de mujer se asomaba a las páginas de las revistas, protagonizaba carteles y, finalmente, daba el salto a la gran pantalla.

Blanco y Negro fue la pionera de la prensa ilustrada y la introductora de la modernidad femenina a todo color

Los ilustradores no tardaron en llevarlo al terreno del papel. En nuestro país, Blanco y Negro fue la pionera de la prensa ilustrada y la introductora de la modernidad femenina a todo color, apostando por divulgar la vida moderna e instalando a esta nueva mujer como protagonista de sus portadas y reportajes.

“Sus autores convierten en tendencia este arquetipo femenino, influenciado especialmente por la estética parisina de los felices y locos años veinte y el arte déco, suntuoso, exótico y cosmopolita”, explica Moreno.

De femmes fatales a flappers y gamines

Así, en la exposición nos encontramos con las femmes fatales (seductora y embaucadora) de los dibujos de Carlos Sáenz de Tejada, Federico Ribas o Fernando Bosch; las flappers (mujer joven, de falda corta, de pelo aún más corto y bailarina de jazz) siempre presentes en los trazos de Salvador Bartolozzi; la gamine (jovencita menuda, traviesa y sexy a la vez que inocente) inmortalizada por Roberto Baldrich; o la glamurosa drinking woman (mujer que sale solas a tomar una copa, fuma y se divierte a la hora del cóctel) que dibujaría Sáenz de Tejada o Rikardo, y aquellas féminas modernas pero más mortales que reflejó con su pincel ATC (Ángeles Torner Cervera).

Ellas marcaron las tendencias y los artistas les regalaron sus nombres. Surgen así las mujeres Penagos creadas por Rafael de Penagos , las mujeres Ochoa nacidas de la mano de Enrique Ochoa, o las chicas Picó, a las que José Picó (Madrid, 1904-1991) dotó de inocente picaresca entre lo doméstico y provocador.