El acta natalicia de la literatura española. El único cantar épico que se ha conservado casi completo. El códice que lleva siglos oculto al gran público. De convento en convento, incluso en cámaras acorazadas, a las manos de la familia Pidal y después de la Fundación March a la Biblioteca Nacional de España. El Cantar del mio Cid, las aventuras de los últimos años de Rodrigo Díaz, carga con misticismo sobre su autor, con intensos estudios sobre sus versos y con haber sido visto sólo por unos pocos.

Por eso, ahora, la BNE ha decidido mostrárselo al gran público. Se trata de un manuscrito que acumula siglos y que, aunque ha sido cuidado, se encuentra en un estado delicado. Como asegura Javier Docampo, jefe del Departamento de Manuscritos, Incunables y Raros de la institución, «en muchas de sus hojas hay manchas de color pardo oscuro debido a los reactivos utilizados ya desde el siglo XVI».

Por eso, su exposición será corta, 15 días y después será una copia la que ocupe su lugar hasta que finalice la muestra el 22 de septiembre. «Históricamente, es un momento muy emocionante, porque casi nadie lo ha visto por la azarosa vida que ha tenido el códice: realmente impresiona la buena letra y el estado de conservación a pesar de los avatares», ha asegurado José Guirao, que también ha estado en la presentación.

De las Clarisas a la Fundación March

Una vida azarosa porque esta obra, que se escribió en 1207 por un autor desconocido para algunos y con nombre y apellidos para otros, ha pasado por muchas manos y muchas han sido las ofertas para quedárselo. Fue una transcripción del original, que está desaparecido, el que llegó al convento de las Clarisas de Burgos en el siglo siglo XVII  y que acabó, a mediados de 1800, en manos de Pascual de Gayangos.

A este erudito, el Museo Británico le tentó con una suma considerable de dinero pero decidió vendérselo a la familia Vidal, mantenerlo en el país, noticia que apareció hasta en The Daily Telegraph. A ellos, la Hispanic Society of America les puso varios cheque en blanco pero no fue hasta que la Fundación Juan March ofreció diez millones de pesetas y en los años 60 hasta entró a formar parte de la institución.

La BNE lo recibió a modo de donación y ahora lo expone con sumo cuidado. Controlan la temperatura, máxima de 21º, la humedad y está rodeado de altas medidas de seguridad. «Este es un acontecimiento muy importante», asegura Ana Santos, directora de la biblioteca. Además, añade que «estamos hablando de una obra que muestra al héroe de nuestra cultura, una figura mítica del héroe hecho a sí mismo y capaz de superar las dificultades con lealtad y compañerismo». Sesenta y cuatro páginas que necesitan el 45% de humedad y que han pasado cientos de años bajo la lupa de unos pocos.