Se creó en 2013. Lo hizo por todo lo alto. Nada les hacía pensar que cinco años más tarde Bernardo Domínguez, su presidente, iba a ser detenido en relación al caso Pujol y que las demandas por impago llegarían de escritores, traductores, imprentas e incluso distribuidores.

La historia de Malpaso comienza en plena crisis económica. El empresario mexicano Bernardo Domínguez Cereceres llegó a Barcelona con la intención de montar una editorial. Tenía dinero, quería invertirlo y convenció a Malcolm Otero Barral, fundador de Barril & Barral, y a Julián Viñuales, fundador de Global Rhythm Press. Ambos editores vieron en aquel proyecto una oportunidad, las cosas no iban bien para las independientes y qué mejor que empezar de nuevo.

Su primera publicación llamó la atención, la segunda novela de Eduardo Lago, Siempre supe que volvería a verte, Alejandra Lee. En menos de tres años ya eran todo un fenómeno. Picabia, Doctorow, Vonnegut, Chomsky, Lenny Bruce, las Pussy Riot, Enzensberger o el Premio Booker 2016, Marlon Jones; eran parte de su catálogo. Conseguían derechos de traducción, publicaron entre 40 y 50 libros al año y sus apariciones en prensa eran constantes.

Ese mismo año quisieron abrir un restaurante. La inauguración fue en septiembre de 2015 con una espectacular fiesta con mariachis y la presencia, entre otros invitados, de Jordi Pujol Ferrusola. Algo que llamó la atención de los presentes y también de la prensa catalana. Al parecer, Bernardo y Jordi eran amigos de hace tiempo, tanto, que el presidente de Malpaso – asegura que no es el dueño –  llamaba «mi cuate» al hijo de los Pujol, tal y como afirman personas cercanas a la editorial.

Se pasó de publicar 40 libros al año a unos 200

Pero comenzaron los problemas. Apuestas fallidas, dice uno de los exempleados de Malpaso. «No vendíamos lo que teníamos que vender, y decidieron ampliar, aumentando el número de ejemplares y  comprando otros sellos». Un año después, en 2016, compraron Libros del Lince y en octubre del mismo año la editorial gráfica Dibbuks. A principios de 2017 se hicieron con las editoriales Biblioteca Nueva, Salto de Página y Minerva. Mantuvieron la estructuras de todas ellas, creciendo en número de empleados de manera considerable. Se pasó de publicar 40 libros al año a unos 200.

Además, a mediados de ese mismo año salía la noticia de que Malpaso se hacía con los derechos de publicación para España y América Latina de los libros escritos por el entonces reciente premio Nobel de Literatura Bob Dylan. Pagaron 250.000 euros por ellos. La edición casi supera esa cifra, según cuentan a El Independiente fuentes cercanas a la editorial.

Bob Dylan.

Era todo un hito, había estado compitiendo con editoriales mucho más grandes que al ver la cifra se habían llegado a retirar. Por eso, el empresario mexicano decidió montar una fiesta en la Feria de Frankfurt. Como contó uno de los trabajadores de entonces a la BCNMÉS, Domínguez llevó «cuarenta botellas de tequila de no sé qué pueblo de México y se gastó 60.000 euros sólo en esa fiesta».

Durante ese tiempo, habían pasado de una primera oficina a un piso enorme en plena Gran Vía de Barcelona. Era tan grande que algunos de los que la visitaron aseguran que había habitaciones vacías que no sabían con qué llenar. Todo iba sobre ruedas. Cuentan que los sueldos que pagaba a sus trabajadores eran bastante altos para el sector, que todo el mundo quería publicar en Malpaso, que su diseño, sus colores, su tapa dura, llamaban la atención por la calidad y que sus autores eran propios de holdings editoriales.

El número de novedades en catálogo cayó un 20% en relación a los 190 títulos publicados en 2017

Pero llegó 2018. Primero en marzo la empresa hacía una reestructuración de personal. Salían a la calle los empleados Pablo Mazo, Julián Viñuales, Patricia Escalona, Juan Antonio Montiel y Lorena Bou. También uno de los tres diseñadores de su equipo y el director general de la casa Pere Matesanz (exdirector general de la División de Libros de RBA). Y no sólo eso, sino que el número de novedades en catálogo cayó un 20% en relación a 2017. En mayo-junio de ese mismo año se cierra la librería y se prescinde de diseño, producción y comerciales, unas 8-10 personas más. La plantilla, así, había pasado en pocos meses de 40 empleados a 12. Y a los que se fueron se les debían, y deben, meses de sueldo e indemnizaciones.

Pero aún no había llegado lo peor. A mediados de julio del 2018, Bernardo Domínguez era detenido y llevado a declarar ante el juez por una supuesta implicación en el blanqueo de capitales del clan Pujol. La UDEF llevaba tiempo investigándole por su relación con Jordi Pujol Jr.  Después de declarar, le dejaron en libertad sin cargos, pero le quitaron el pasaporte para que no pudiera salir del país.

Amistad con Jordi Pujol Jr.

Parece ser que se habían conocido en 2004, en una fiesta en la que el hijo del entonces ya expresident de la Generalitat fue pretendiendo hacer negocios. Domínguez era dueño de Desarrollo Servicios de Construcción (DSC), multimillonario y uno de los empresarios fuertes de México.

Forzaron una amistad. Cómo informó El País, «el padre de Domínguez, del mismo nombre, prestó 2,3 millones a Pujol hijo en 2005 para construir el Encanto, un hotel de lujo en la turística Acapulco a cuya inauguración acudieron el expresident y Marta Ferrusola. Dos años más tarde, volvió a financiarle (4,1 millones) para entrar en el mundo de los casinos a cambio de un 20% de los beneficios. Ningún proyecto cuajó, el padre murió y el primogénito quedó endeudado».

En ese momento también salió a luz que Domínguez había tenido problemas con la justicia en su país. Fue procesado en 1999 por defraudar a Hacienda sumas millonarias en el impuesto a la renta de sus empleados de DSC. Y que en 2003 Fonatur, organismo de turismo mexicano,  lo había denunciado por un supuesto fraude de varios millones.

Impagos a autores, traductores, imprenta y distribuidores

Con todo esto en varios medios de comunicación, saltó otro escándalo más. Malpaso Ediciones, que incluía a la editorial Malpaso y a todos los sellos mencionados anteriormente, había dejado a muchos autores, traductores y correctores sin pagar desde 2016. Todo estalló en Twitter. El primero en denunciar fue Galder Reguera, autor de Hijos del fútbol, el 26 de julio de 2018.

«Se supone que se vendieron los 3.000 ejemplares de la primera edición de Hijos del fútbol. Pero Malpaso y Lince no pagan, ni el adelanto, ni la liquidación, ni dan noticias. Hace semanas envié un requerimiento a través de mi abogado. Sigo sin respuesta», aseguró. Y empezaron a unirse más bajo el hastag #Malpasopagaya. Traductores como Laura Fernández, Javier Calvo o Ana Flecha, escritores como Víctor Fernández, autor de Palabras de Lorca, decían por fin lo que llevaban bastante tiempo callando. Malpaso no pagaba ni a autores, ni a traductores, y se empezó a descubrir que también tenía trabajadores que esperaban ansiosos sus nóminas. También impagos a imprentas, distribuidores o incluso agentes literarios.

Bernardo Domínguez no dio la cara en ningún momento. Llegaron algunas demandas, otros no quisieron denunciar porque no les salían las cuentas. «Si te deben 4.000 euros no denuncias, te cuesta más todo el proceso. Tanto a nivel económico como personal», aseguran. El movimiento en Twitter continuó durante meses, les decían que les iban a pagar y nunca llegaba el dinero. Mientras seguían publicando libros.

Pero este lunes 3 de junio, después del décimo tuit de la traductora Ana Flecha quejándose, Bernardo apareció. El presidente de Malpaso criticaba la denuncia de Flecha y aseguraba que la editorial Lince no tenía nada que ver con Malpaso e incluso la tildaba de ridícula. «No seas ridícula! Se te deben poco menos de 4 mil euros. Entendemos que es una cantidad importante para un profesional autónomo. La empresa sufrió grandes pérdidas por apostar a libros fallidos, ha tenido que reorganizarse y reestructurar todo su quehacer. A todos les pasa.», aseguró.

 

Minutos más tarde, salían aún más afectados. Gente que llevaba reclamando muchos años su dinero. Según dicen exempleados de Malpaso, se calcula que en total la deuda podría superar el millón y medio de euros. «La mayoría a imprentas y distribuidores, pero también a autores, traductores, correctores y exempleados».

Bernardo Domínguez, ante la presión, envió un comunicado prometiendo saldar la deuda. Además de un 5% de intereses a los pequeños proveedores y un 5% anual a los que tengan más de 4.000 euros de deuda. Asegura que el conglomerado de empresas del que es accionista ha entrado a un fideicomiso una cantidad de bienes inmuebles para su venta y que con ese dinero saldarían todas las deudas.

 

Mientras ocurría todo esto, la página web de Malpaso no funcionaba y cuando llamas por teléfono te salta un contestador que no consigue pasarte nunca con nadie. Según varios autores, nunca han conseguido ponerse en contacto con la editorial por teléfono. «Jamás contestan», aseguran. Y mientras, tanto sus redes sociales como su catálogo se siguen surtiendo de contenidos. «No entendemos como siguen publicando cuando no han pagado todo lo anterior y por mucho que digan no creemos que lo vayan a hacer».