Al nombre de Espido Freire (Bilbao, 1974) siempre le precede el cargo de la «la ganadora más joven del Premio Planeta». Es una de nuestras escritoras consagradas, la que acumula premios y novelas y ensayos. Ahora vuelve, tras publicar en 2017 Llamadme Alejandra, con un libro en el que la pérdida, la depresión y, sobre todo, los inicios son los temas principales.

De la melancolía aborda uno de nuestros quiebros más recientes, la crisis económica. También todas las consecuencias que no sólo fueron materiales. Pero sobre todo habla de las enfermedades mentales, de cómo siguen siendo un tabú tanto literario como social.

Pregunta.- ¿Por qué ahora, cuando ya hablamos hasta de otra crisis diferente, has centrado tu novela en este tema?

Respuesta.- Creo que esta es la única novela que aborda este tema. Después de haber publicado tres novelas cuyo marco narrativo era la historia quería acercarme un poco más a la actualidad. La crisis me impactó, no sólo afectó a la sociedad a nivel económico, sino que fue una sacudida a todo aquello en lo que podíamos confiar.

La crisis económica fue un enorme drama contemporáneo»

Yo no estoy involucrada ni milito en ningún partido político pero para mucha gente fue una traición máxima, la sensación de estar pisando un hielo frágil, que incluso los amigos o la familia estaba fallando y la sensación de que aquel tal cercano como un gestor o el director de tu banco te había engañado y mentido.

En mi caso, en el mundo de la cultura, no me fue particularmente mal. Pero hubo gente cuya propia trayectoria artística se ha truncado porque no podía continuar, porque todo se desmoronó. Ha sido una tragedia, un enorme drama contemporáneo, que, como todo en España, hemos aguantado haciendo chistes.

P.- Personificas ese drama contemporáneo en una mujer, que pese a perderlo todo: su dinero, su marido, sus amigos… y entrar en una depresión, nunca se queja.

Las enfermedades mentales siguen siendo un tabú en esta sociedad»

R.- Claro. Cuando empecé a hablar en conferencias, como en 2015, dije que había pasado por una depresión. Me encontré como mucha gente muy agradecida por oírlo, que llevaba años peleando contra sus emociones y contra su dolor y que nunca había hablado. Se tragan todo porque la debilidad mental no se puede mostrar. Las enfermedades mentales siguen siendo un tabú en esta sociedad.

Y aún más cuando hablamos de las mujeres. No tenemos derecho a quejarnos porque la vanidad no se ha perdonado nunca. Siempre nos dicen que hay alguien peor que tu y que se puede sentir ofendido porque digas que ya no puedes más.

P.- ¿Solo queremos mostrar nuestra parte bonita, la parte buena?

R.- Solo queremos enseñar lo bello. Estamos obsesionados con vivirlo y cuando no lo vivimos nos lo inventamos. Mi protagonista sufre una cascada de perdidas, lo pierde todo y se desmorona y aún así no dice nada. No se queja nunca. Al contrario, dice que todo va bien.

Por eso, puede que sea por lo que he decidido acabar por primera ver una novela con un final abiertamente optimista. La idea de «pues quizá ahora si».

P.- Publicaste tu primera novela hace 21 años, Irlanda, en 1998. En ese momento no existían las redes sociales, ¿cómo ha cambiado tu relación con el lector desde entonces?

R.- Uno de los aspectos positivos de las redes sociales es la posibilidad de una relación directa con los lectores, algo que antes estaba vedada. También, la de que se acerquen a ti personas que no leen tus libros ni lo harán nunca pero que tienen curiosidad por saber lo que dices.

¿Es arriesgado porque pueden banalizarte? Sí y más si eres una mujer. Yo tengo la suerte que los haters son insignificantes, no he generado demasiados y estoy muy orgullosa de eso. No me gusta ser el centro de atención por una grosería y tampoco me gusta entrar en polémicas.

He entendido bien el lenguaje de Instagram en el que todo tiene que ser bello»

En Instagram el grueso de la gente que me sigue es muy joven, entre 18 y 24 años. Esos chicos eran bebes cuando yo empecé a publicar y el hecho de saltar una generación me parece increíble. Creo que he entendido bien el lenguaje de Instagram en el que todo tiene que ser bello. Y aunque yo no soy una persona particularmente guapa ni particularmente joven, si que hay una atmósfera que he generado que he atraído. Bueno, y también tengo gatos.

P.- Es en esta red social donde más muestra tu trabajo con marcas, de cosméticos, de ropa… Algo que a veces te han criticado.

R.- ¿Qué quieren que sea el tipo de escritora que ellos quieren? ¿Qué pretenden? Yo vengo de una familia de inmigrantes gallegos, he trabajado desde que tengo 14 años, como cantante y dando clases, trabajé mientras estudiaba en la universidad.

Mi hueco dentro del mundo literario es muy único. No soy una marca blanca. ¿No sería una lástima desaprovechar esa oportunidad? Además, lo hago con lo que a mi me interesa. Por ejemplo, la cosmética o la moda. Siempre promociono marcas españolas, sobre todo si son pequeñas y si las llevan mujeres. Hay una cierta coherencia interna aunque desde fuera no se pueda apreciar.

He preferido siempre trabajar con marcas comerciales que subastar mis ideas políticas»

En Francia o Estados Unidos no hay inconveniente en que esto ocurra, en que un escritor tenga una faceta más comercial. Quien quiera llevar un estilo de vida más puro obtendrá mi más absoluto beneplácito, la mayoría, no vivirá de la literatura. Quien sea rico por su casa puede permitirse elegir, yo he preferido siempre trabajar con marcas comerciales que subastar mis ideas políticas. Otros han hecho lo contrario.

P.- En todas las entrevistas que te hacen, incluida esta, siempre se resalta que eres la ganadora más joven del Premio Planeta. Después de 20 años y decenas de premios, ¿es realmente lo que te sigue definiendo?

R.- Se trata de una etiqueta y las etiquetas son válidas. Si me dieran un euro cada vez que dicen eso ya podría jubilarme. Estoy muy orgullosa de haber sido la más joven pero para mi ha sido más importante mantenerme 20 años más. Un premio con esa repercusión mediática podría haber provocado que acabase endiosada o con mi imaginación y no fue así, sirvió como una plataforma de despegue muy relevante.

En esa época era más sensata que ahora. Mucho más cauta, más prevenida, tenía fuerza para todo, ahora me he hecho más diplomática, más cauta pero esa fuerza se ha perdido un poco.

P.- Hace unos meses aseguraste en una entrevista que estabas harta de escuchar que es el momento de las mujeres.

R.- Llevo escuchando desde que soy adolescente, el ahora es vuestro momento. Para muchas mujeres si que ha sido mucho más provechoso de lo que podría haber sido para nuestras madres. Pero queda tanto por hacer que no estoy convencida que sea nuestro momento.

Nos siguen pesando los perjuicios sobre el sentimiento femenino. La sociedad no ve bien que una mujer al mismo tiempo pueda ser vista y oída, así que o te callas y tienes presencia o hablas y no la tienes. Por eso las mayor parte de las escritoras optan por no ser vistas para poder ser escuchadas.