Montero Glez regresa a los años 80 en España para mezclar sus vivencias y recuerdos con el flamenco y La Movida madrileña en su nuevo libro ‘La imagen secreta’ (Pepitas de calabaza), por cuyas páginas desfilan nombres como los de Camarón, Ray Heredia, Ouka Leele o Alberto García-Alix, entre otros.

«El flamenco ha sido y es machista, igual que el tango por ejemplo: ambos responden a estructuras sociales de una época machista. Pero eso a mí no me interesa, en el sentido de letras rancias, porque creo que hay una parte más importante denunciadora y social», ha explicado en una entrevista con Europa Press el autor.

En este sentido, Glez ha recordado cómo en la Transición «la mujer era un objeto y la gente compraba revistas de política como Interviú por las chicas que salían desnudas». «El flamenco fue un reflejo de esa estructura social, pero eso no lo hace peor. Ahí están por ejemplo los fandangos de El Cabrero y su denuncia», ha reiterado.

En La imagen secreta se viaja al origen de la irrupción del flamenco en la música pop, tiempos en los que Mecano invitaba a Tomatito para una rumba, Cómplices llamaba a Ray Heredia para meter el cajón y las palmas en uno de sus cortes o Raimundo participaba en el ‘Semillas negras’ de Radio Futura.

Luz Casal, Santiago Auserón o Miguel Bosé eran otros de los artistas que coqueteaban tímidamente con las voces del flamenco del momento, para demostrar que «la fusión nunca se dará entre músicas, sino entre músicos». Un debate que se ha seguido manteniendo hasta la actualidad, con Rosalía en el centro.

«La he escuchado, porque quien no la va a escuchar, si uno va a por aguacates y está puesto en el supermercado. Pero no puedo emitir un juicio, porque la he escuchado de paso. Eso sí, me parece que tiene arte, que la producción es muy buena y la chica tiene cierto gusto cantando, con una caída flamenca», ha señalado Glez.

El autor de Pistola y cuchillo cree que Rosalía no debería hacer caso a las críticas, en especial de los ‘ortodoxos’ del flamenco. «Si haces caso a la ortodoxia estás perdido, tienes que hacer caso a lo que recibes. Yo no tengo ningún respeto a las autoridades», ha señalado el escritor madrileño.

En el libro, Glez recorre calles de un Madrid al que están llegando «los nuevos tiempos» y donde ya no hay serenos y se prohíbe cantar y tocar palmas en los bares. Y en el que han emergido artistas de un movimiento que se vino a llamar La Movida, cuya parte musical el autor no tiene en mucha consideración.

«Lo de La Movida fue algo dirigido y conducido en una época en que el partido socialista llega al poder. Ellos lo que quieren es completar un erial cultural que está ahí desde los tiempos de la Guerra Civil y a la vez ocupar a los hijos de los vencedores de la guerra, que son inútiles», ha ironizado.

Camarón: «No ha nacido otro igual»

No obstante, sí cree que hay otros artistas de esta época asociados a La Movida que «tenían una relación orgánica con la calle» como son Miquel Barceló, Mariscal o El Hortelano, entre otros. «Ellos fueron auténticos, algo que no se podía decir de los que se dedicaron a la música, y realmente creo que son los que perdurarán en el futuro», ha defendido.

El libro también guarda un espacio para Camarón de la Isla visto por García-Álix, el fotógrafo que inmortalizó por última vez al cantante y que dejó para la posteridad la foto de la mano de Camarón con su tatuaje y el cigarrillo. «A Camarón se le imita hasta en los andares y hasta hoy, no ha nacido nadie que cante diferente», llega a afirmar Glez en el libro.