La temporada taurina está prácticamente perdida. Hay pocas esperanzas en la apertura de las plazas, la distancia social que se impone a los cosos no convence a sus gestores, los ganaderos reducen sus cabezas de ganado ante la ausencia de festejos y el previsible exceso de oferta de los hierros en la próxima temporada. “Damos por hecho que se va a pasar la temporada en blanco, pero hemos llegado a ver peligrar el comienzo de la temporada que viene”, asegura a El Independiente Maxi Pérez, comentarista de Canal Toros de Movistar.

El sector quiere huir del victimismo, algunas personas del mundo del toro no hablan “porque no quieren dar la imagen de que queremos dar pena”, hay vergüenza torera, la crisis no es del sector, es general y son conscientes de que en estos momentos hay otras prioridades. 

El mayo más triste

«La Feria de San Isidro, es la referencia de lo que ocurra para el resto de la temporada – explica Maxi Pérez-. Las figuras y los toreros de primer nivel tienen que demostrar su valía para mantener su caché. Para los que no son figuras San Isidro es el trampolín para poder ganar puestos. Si un torero sale triunfador en Las Ventas se le abren las puertas del resto de las plazas». Para este taurino, aunque se reanude la temporada, «será una temporada coja».

Rafael García Garrido, director general de Plaza 1, empresa gestora de la plaza de Las Ventas, tiene claro que la Comunidad de Madrid, propietaria del recinto, está ahora a otras cosas más importantes, pero también subraya que explotan una concesión que no se ha quedado congelada. “Hibernada”, es la palabra que emplea el empresario para hablar del coso madrileño. “Cuando llegue el momento, hablaremos con la Comunidad”.

La desescalada prevista para las plazas de toros exige nueve metros de distancia entre los espectadores. “Una absurdo”, asegura el gestor de Las Ventas. “A todos nos gustaría llegar a un septiembre taurino, pero yo lo veo prácticamente imposible. Tienen que mejorar mucho las cosas, desde el punto de vista sanitario, para que la gente pueda ir a los toros. Si ponemos una distancia de nueve metros entre los espectadores los cálculos no salen. En el mejor de los casos tendríamos a 4.000 personas en la plaza, para un aforo de 24.000. Así es imposible celebrar un festejo”, asegura García Garrido.

Volver con dignidad

Según este empresario, “el espectáculo tiene que volver con dignidad, no puede volver a medio hacer, con la gente con miedo, con mascarillas. Es inviable, es mejor asumir que tenemos un problema gigante y, a partir de ahí, solucionarlo cuando haya una vacuna y que la gente tenga confianza sanitaria”, destaca. Pero sus cálculos los traslada también al resto de espectáculos, “no solo de la plaza de toros, sino a todos los espacios de ocio. Es inviable una discoteca con distancia social”. 

Ante esta tesitura el sector ha reclamado al Gobierno, en sus encuentros con el ministerio de Cultura, “recibir las mismas ayudas económicas que den a todos los espectáculos culturales para poder seguir subsistiendo”, afirma el empresario.  Tampoco se aferra a la posibilidad de organizar corridas sin público para televisión. «Esto tendrá sentido en el fútbol, pero en los toros el público es parte esencial en la corrida. ¿Quién va a pedir las orejas, quién se va a emocionar con un natural?».

Se ha barajado la posibilidad de celebrar festejos televisados, pero el público es parte activa de una corrida. ¿Quién pediría orejas o vueltas al ruedo? | Rafa Ordóñez

Ante el exceso de oferta de toros en el futuro, los ganaderos optan por llevar las cabezas al matadero

La ausencia de festejos ha conducido a los ganaderos a tomar decisiones drásticas. Ante la imposibilidad de poder llevar los toros al ruedo, se han visto obligados a conducirlos al matadero. “Un ganadero de primer nivel, de los que está lidiando unas 15 corridas al año, de uno de los hierros de más prestigio, me ha dicho que su ganadería la va a reducir prácticamente en un tercio, a nivel global, y es un ganadero de los que no tiene ningún problema en colocar estas quince corridas, porque son toros de los que demandan los toreros”, asegura Maxi Pérez.

Según este conocido experto taurino, la razón es el exceso de cabezas al que los ganaderos se anticipan. “La crisis empieza a mitad de marzo, cuando estaban todas las ganaderías con todas sus corridas de toros preparadas para ser lidiadas. Todos los toros que este año tienen cinco años no pueden ser lidiados, reglamentariamente, más allá de esa edad”, explica. Además hay que sumar los novillos que no se lidian, pero si los dejan crecer se suman a los que ya tienen previstos. También van al matadero. Ante el exceso de oferta de toros en el futuro, los ganaderos optan por llevar las cabezas al matadero para no incurrir en más gastos y recuperar algo de lo invertido vendiendo la carne. 

Más crisis y una oportunidad

La anterior crisis económica dejó al mundo del toro muy mal, “supuso la reducción de las ganaderías y el número de festejos que se celebraban todos los años. De hecho estas últimas temporadas hemos visto como primeras figuras del escalafón no llegaban a sumar cincuenta festejos”, asegura Maxi Pérez.

“El problema no es sólo que los toreros no puedan torear, ni los empresarios organizar festejos; el problema son todas las personas que viven en torno al mundo del toro: banderilleros, picadores y servicios adicionales sanitarios, transportistas de ganado, personal de plaza, areneros, etc”, añade.

Si el mundo del toro no es económicamente rentable, tenderá a desaparecer», señala el empresario de Las Ventas

Rafael García Garrido ve una oportunidad para el sector si es capaz de cambiar. “Se necesitan cambiar un montón de cosas desde dentro. Reformas que desde hace mucho tiempo se vienen promulgando; es el momento y la oportunidad de hacerlo. Como cambiar los reglamentos que son de hace cien años y que, obviamente, hoy en día no tienen mucho sentido”.

Para el empresario de Las Ventas, «si el mundo del toro no es económicamente rentable tenderá a desaparecer» y, para evitarlo, demanda cambios que mantienen ciertas rigideces en la organización de los espectáculos. Pone dos ejemplos: el orden de las figuras en los carteles, que fuerzan a poner confirmaciones de alternativa por delante, o los precios intervenidos por las autoridades, que dificultan la viabilidad económicas de los festejos. “Si no hay reformas, va a ser muy difícil seguir adelante, muy difícil”, sentencia.