El pasado 14 de marzo salía a la luz que la obra Sidereus Nuncius, de Galileo Galilei, había sido sustraída de la Biblioteca Nacional de España en torno a 2014 pero que su robo no se había denunciado hasta 4 años más tarde, en 2018. El diario El País, en un extenso reportaje, hablaba con varias personas, entre ellas la directora de la BNE, que aseguraban que la que ahora mismo se expone es una falsificación y que no denunciaron antes para conseguir más pruebas de lo ocurrido.

Tras esta publicación el ministerio de Cultura tuvo ayer lunes una reunión de urgencia con la institución y tras la misma se colocó al frente de la investigación para saber qué había ocurrido y por qué habían tardado tanto tiempo en dar la voz de alarma.

Lo primero que ha hecho el ministerio ha sido convocar a su Patronato, el próximo 31 de marzo, con la intención, según José Manuel Rodríguez Uribes de realizar «el análisis de los protocolos de seguridad de la Biblioteca Nacional con el propósito de tomar las medidas necesarias para su mejora».

Pero, ¿de qué obra estamos hablando y por qué es tan importante?

Sidereus Nuncius, en castellano Mensajero de las estrellas, se considera el origen de la astronomía moderna e incluso la obra que provocó «el colapso» de la teoría geocéntrica. Uno de los libros más valiosos que guarda la BNE. Escrito en 1610 por Galileo Galileo (1564-1642) en latín, fue el primer análisis realizado a través de las observaciones hechas con un telescopio.

El ejemplar, de tal sólo 30 páginas, incluía dibujos de la luna y de distintas estrellas, algo muy poco común en la época. Cuando publicó este pequeño ejemplar Galileo daba clases en la Universidad de Padua de matemáticas y muchos estudiosos de su figura aseguran que le dedicó el libro a Cosimo II de Médici para conseguir su mecenazgo. Incluso bautizó como «planetas médicis» sus hallazgos.

Sidereus Nuncius.

Aunque tanto él como el impresor no pensaron que fuera a tener un éxito más que moderado, en tal sólo una semana los 550 ejemplares impresos se agotaron y al poco tiempo ya se hablaba de esta obra tanto en la India como en Moscú. Incluso en 1613 se tradujo al chino.

Escrito a modo de diario de navegación, Galileo iba a apuntado sus observaciones a través del telescopio. Gracias a ella eliminó el concepto que tenían de que los planetas eran esferas perfectas y totalmente lisas e incluso descubrió muchos satélites hasta entonces desconocidos. «Grandes son las cosas que en este breve tratado me propongo dar a los estudiosos de la naturaleza para que lo vean y lo contemplen», comenzaba la publicación.

Incluso el astrónomo Johannes Kepler le llegó a pedir un ejemplar y que le ayudaría a conseguir una buena lente para poder observar por un telescopio, cuando hasta ese momento se creía que desfiguraba lo que mostraba. Nunca recibió noticias de Galileo.

Su importancia, por tanto, es absoluta y su historia de robos y vueltas no es nueva. En 1987 fue sustraída por primera vez de la BNE. Sidereus Nuncius desaparecía junto con otras tantas obras científicas de los siglos XVI, XVII y XVIII. Se determinó que el valor total podría rondar los 1.000 millones de pesetas. Pero tan sólo un año después todos los ejemplares fueron recuperados por la Policía y devueltos a la Biblioteca Nacional.

En 2007 la institución sospechó de que algo le podría haber vuelto a ocurrir cuando se dieron cuenta de que la misma persona que había «mutilado y sustraído» varias partes de libros durante aquel año había consultado recientemente la obra de Galileo. Tras un «detallado estudio» dieron por concluida la investigación asegurando que la obra está íntegra y sin daños.

Pero en 2014, durante un examen rutinario, dos investigadores se dan cuenta de que el Sidereus Nuncius que se encuentra en la Biblioteca Nacional es falso. Algo no les cuadra al verlo en tan buen estado, «no puede ser de 1610», dijeron y comenzaron una análisis exhaustivo. Tras un estudio con un microscopio revelan que se trata de «una falsificación, aunque de gran calidad».

«Una de las vías podía apuntar a que la falsificación tenía relación con el primer robo de 1988 pero también con el posterior del año 2007, aunque las inspecciones llevadas a cabo en aquellos momentos no hubieran permitido descubrir a simple vista que se trataba de un ejemplar falso», aseguran desde la institución a la Agencia Efe.

Pero en aquel momento decidieron no denunciar, según la directora de la BNE, Ana Santos, que al parecer no tuvo constancia hasta bastante tiempo más tarde, porque querían recopilar más información.

Fue en 2018 cuando un investigador ajeno a la institución le mandó un correo a la directora asegurándole que según sus estudios la obra que se devolvió por la Policía en 1988 era la original y que él cree que fue «sustraída y reemplazada por el ejemplar falso» más adelante. En este momento, el 10 de octubre de 2018 es cuando se presenta la denuncia por la que se ha abierto una investigación en la que a día de hoy se sigue trabajando.