A Marta Fernández todos le ponemos cara y ella se empeña en esconderla. Fue la presentadora de Cuatro y Telecinco, la mujer que nos contaba las noticias y fue también una de las pocas que cuando publicó su primer libro, Te regalaré el mundo, no ilustró la portada con una foto suya. Prefirió, dice, ser dos. La autora y la presentadora.

Lo mismo ocurre ahora con su segundo libro, No te enamores de cobardes (Círculo de Tiza), un conjunto de relatos donde nos narra la vida a través del cine y la literatura, donde ha plasmado sus obsesiones, sus miedos y su destreza a la hora de contar.

Pregunta.- El título de este libro es el de un artículo que escribiste hace 4 años para revista Jot Down

Respuesta.- ¡Sí! La historia del título del libro viene de un día de playa, la única vez que salí este verano fui a Altea a ver a Máximo Huerta y estábamos hablando de su publicación y me dijo: «Se tiene que titular No te enamores de cobardes, que es un título buenísimo».

Y es verdad que era un texto que escribí y del que luego mucha gente me ha venido a hablar porque se sentía muy identificada. Me pareció una buena idea. Y es un buen consejo.

P.- Ni en este libro ni en el anterior, algo que se comentó en las críticas literarias que salieron, utilizas tu imagen pública como reclamo

R.- Esto me parece bien. Y tengo un nombre muy común así que podría ser cualquier. Cuando publiqué la otra novela había gente que no relacionaba las dos identidades, me preguntaban si yo era la que presentaba el informativo.

P.- ¿Hay prejuicios sobre las presentadoras de televisión que se lanzan a escribir?

Es un fenómeno curioso y las editoriales tienden a tirar de la llamada que tiene esa cara»

MARTA FERNÁNDEZ

R.- Claro y es muy curioso. Como si la cámara de televisión licuara las neuronas. Gran parte de las personas que aparecen son periodistas y llevan toda la vida relacionándose con la palabra. También es cierto que de otra manera a como lo hacéis vosotros en la prensa pero en el fondo el lenguaje también es nuestro instrumento.

También, por otro lado, las editoriales tienden a tirar de la llamada que tiene esa cara y muchas veces nada tiene que ver su trabajo con su libro.

P.- En No te enamores de cobardes hay pequeñas cartas de amor, pero al cine y a los libros

R.- Es una declaración de amor al cine, a la literatura y a mis mitos personales. A aquellos directores, autores… que me fascinan. Surge de construir una especie de mitología personal de aquello que anhelamos y queremos. Un formato que es un artefacto de distintos textos que tienen que ver con personajes o historias.

P.- Y con libros

R.- Soy una lectora compulsiva. Siempre me gustó mucho leer. La literatura no es sólo una evasión o algo que no tiene que ver con la vida, es una de las mejores partes de la vida y nos construye. Se produce ese acto mágico por lo que el autor pasa a ser alguien que forma parte de nosotros.

P.- En las redes sociales se ha polemizado mucho con los últimos datos de lectura del ministerio de Cultura, que decían que el 50% de los españoles leía una hora al día

R.- Tengo amigos que son libreros que al principio, en el confinamiento, estaban muy asustados pero que cuando abrieron las librerías se acercó mucha gente que se iba a refugiar en los libros. Pero es cierto que ese informe de lectura es llamativo, que ese dato parece optimista.

No sé hasta qué punto la gente querrá alardear de leer más libros de los que lee pero es una buena noticia que la gente presuma de leer, sobre todo si son jóvenes. Me molesta mucho cuando te preguntan en las charlas cómo deben los chavales enfrentarse a la lectura. Deberíamos decir disfrutar con la lectura.

P.- En el confinamiento también se habló mucho de «baja cultura» y «alta cultura». ¿Realmente hay dos clases?

R.- No lo creo. Básicamente tiene que estar bien hecho y tan bien hecha puede ser una canción pop que una opera de Wagner. La cultura es cultura y uno debe dejarse guiar por lo que le gusta.

Mira Spielberg que durante mucho tiempo fue considerado baja cultura por Tiburón o E.T. y cuando sacó La lista de Schindler su obra se reinterpretó. Deberíamos deshacernos de esa división.

P.- ¿También del revisionismo? ¿Debemos dejar de leer o ver obras de autores por su comportamiento?

Es que casi no podríamos leer ningún autor. ¿Leeríamos a Lope de Vega que era un golfo o a Cervantes que cumplió prisión? ¿Se debe juntar al autor y a la obra? No, no estoy segura.

No estoy a favor de ese revisionismo porque no podríamos leer ni ver absolutamente nada.

P.- ¿Madrid es una ciudad insegura para las mujeres, como ha dicho la ministra de Igualdad?

R.- No sé si es más insegura que otras ciudades similares para las mujeres. Yo viajo mucho sola y hay ciudades que no elegiría para viajar y vivo en Madrid. Pero lo importante de esto es que ellos jamás se van a plantear si al tomarse un café en una plaza de cualquier ciudad se iban a sentir inseguros. Si en Buenos Aires o Palermo van a sentir miedo y nosotras siempre estamos con esa sombra, precavidas.

P.- Hace años denunciaste a un hombre por acoso, llegó a ir a la puerta de tu casa

R.- Sí, tuve a un señor plantado en la puerta de mi casa todos los santos días esperándome. Y de la primera a la segunda vez que fui a la comisaría pasaron dos años. La percepción de los policías había cambiado mucho. La primera vez, aunque encantadores, me dijeron que si él no entraba en contacto físico conmigo nada se podía hacer. Y en ese momento era cierto.

La segunda vez llamaron rapidísimo a una policía y activaron los protocolos de violencia de género. Me di cuenta de cuánto había cambiado. Además, los policías acabaron con el episodio muy rápidamente.

P.- ¿Al ministro de Cultura se le espera?

R.- El ministro de Cultura está en un sigilosos segundo plano no se si por su propia elección o por las circunstancias que le tocó vivir. Pero como vimos durante el confinamiento la cultura nos sostuvo.

Echo de menos no sólo un ministro de Cultura sino una política de Estado de Cultura

Me gustaría que tuviera más peso y me parece que está siendo arrastrado por lo de «la cultura no es importante». Echo de menos no sólo un ministro de Cultura sino una política de Estado de Cultura, que seamos más como los franceses, que la cultura sea un asunto de estado.

Además, si algo podemos vender es de eso, nuestra creación. Fíjate en La casa de papel, su éxito a nivel mundial pone en el mapa la creación audiovisual. Durante un viaje a Londres que hice antes de la pandemia la gente me preguntaba por la serie y eso si que es marca España.

P.- Hay gente de izquierdas que dice que echa de menos a Méndez de Vigo

R.- Era un señor del Partido Popular muy comprometido con la cultura. Yo echo de menos a Máximo Huerta que creo que habría sido un magnífico ministro de cultura. Tiene un peso y una conexión con los ciudadanos que habría provocado que el ministerio fuese otra cosa y su labor habría sido muy buena.

P.- Si la noticia de la regulación fiscal de Máximo Huerta hubiera ocurrido ahora, dos años más tarde, ¿le habría ocurrido lo mismo?

R.- Creo que fue utilizado como golpe de efecto. El PSOE llegó al Gobierno después de una moción de censura y utilizaron a Huerta como ejemplo de que no pasaban una cuando en realidad él no había cometido ninguna ilegalidad y si esa noticia vio la luz fue porque él volvió a reclamar a Hacienda. Ahora mismo no le habría sucedido.