Piden un alto al fuego en su 30ª aniversario, época que consideran precisa y perfecta para el reencuentro. 2020 puso en relieve la importancia de limar asperezas, de pasar página o de revalorar el peso que las relaciones interpersonales ejerce en la cotidianidad. «Era el mejor momento», espeta Cristina del Valle a El Independiente. «Queríamos recuperar la amistad, todo lo que hemos vivido y conseguido juntos», incide.

Amistades Peligrosas aunó sexualidad y compromiso social en sus letras y actuaciones. Como pareja sentimental y profesional, la conexión era palpable incluso desde la última fila. Tres décadas y varias separaciones después, «la energía es la misma y la química es la misma», aunque el dúo musical afirma que la madurez ha entrado en escena. «Los temas sonarán como siempre, con la misma fuerza y la misma intensidad», apostilla Alberto Comesaña a este medio.

Como autor haría una revisión de las letras porque ha habido una involución mental sobre lo que se puede hablar»

ALBERTO COMESAÑA, DE AMISTADES PELIGROSAS

El Teatro Rialto de Madrid ha sido uno de los recintos escogidos para el esperado encuentro de uno de los grupos que marcaron los bailes noventeros gracias a éxitos como Estoy por ti, cuya letra abogaba por meterse mano sin el corsé de la corrección política que reina en los escaparates actuales.

«Ahora me lo pensaría dos veces, igual haría una revisión porque en algunos casos ha habido una involución mental sobre lo que se puede hablar, y en otros un exceso de verborrea», indica Comesaña en referencia a la libertad con la que componían sus letras hace 30 años. «Hay canciones, no sólo de Amistades Peligrosas, también de la época, que hoy no se podrían hacer», apostilla.

«Amistades nunca fue un grupo de moda, hacía una música personal con temas que están más presentes que nunca», añade Cristina. En Africanos en Madrid, el dúo abogaba por acabar con la discriminación racial, entonando un ‘quizás con un poco de suerte llegarás a la Gran Vía sin que la policía te pida el pasaporte’. «La gente joven que no nos conoce, o que nos conoce a través de sus padres, van a ver a un grupo que podría haber nacido perfectamente en 2021», precisa la cantante.

Además de hablar sobre racismo, las letras de Amistades Peligrosas siempre han contado con notas sociales que mostraban su ferviente apoyo a colectivos minoritarios como el LGTBIQ+. «Amistades, en ese sentido, fue y es un grupo transgresor y valiente», replica Del Valle.

¡Basta ya de tanta tontería!

La explosión en el escenario con cada actuación del dúo habla de una época en la que el revisionismo no interpretaba un rol esencial en la sociedad. Aunque el sexo sin pudor era un elemento definitorio de Amistades, no creen que la música haya renegado de dicho contenido, más bien le ha dado una forma de presentación diversa.

En el caso del reggaeton, conocido por ser explícito en sus plegarias, Cristina del Valle considera que su música habla de sexualidad, aunque rozando la «vulgaridad»: «Es un lenguaje urbano y callejero, creo que lo puedes conseguir desde la elegancia, pero es mucho más fácil hacerlo desde lo burdo o lo dañino», explica. «Nosotros hacemos transgresión, modernidad y compromiso desde el respeto y sin mordernos la lengua».

Hacemos transgresión, modernidad y compromiso desde el respeto y sin mordernos la lengua»

CRISTINA DEL VALLE, DE AMISTADES PELIGROSAS

¿Hay más censura, entonces, en las letras actuales? «No, el reggaeton habla de todo, otra cosa es lo políticamente correcto», puntualiza Alberto. «Soy defensor a ultranza del derecho a la libertad de expresión, pero hay temas que ahora mismo no se pueden hablar porque hay colectivos que se sienten ofendidos».

El tiempo ha mantenido la esencia del grupo, pero entre Alberto y Cristina existe una pequeña distancia en cuanto a ciertas cuestiones. Así, la artista no tarda ni medio segundo en replicar a Comesaña en referencia a la siempre compleja discusión de dónde se pueden trazar, si existen, los límites de la libertad de expresión: «El límite está en el respeto a los derechos humanos. No vale todo, y cuando se hace apología a cualquier tipo de violencia, al racismo a la discriminación, ahí termina la libertad de expresión».

La degeneración social y musical

El mercado, el capitalismo y el objeto de consumo rápido. Todas las aristas sociales han sido atravesadas por el ansia y la rapidez. Con un gremio que ha cambiado sus parámetros de consumo de forma exponencial, ¿dónde encaja la nostalgia entre tema y sencillo?

«La desgracia de la música es que ha sido atravesada por las leyes del mercado», espeta Cristina. «Se ha convertido en un producto de usar y tirar, y se ha ido desvalorizando el papel del creador», añade. «La piratería ha dañado mucho».

La artista, que muestra durante toda la conversación telefónica una alta preocupación por la situación social que se vive en todo el planeta, afirma que España muestra unos datos preocupantes en cuanto a protección y leyes que amparen al gremio artístico: «Estamos por debajo de Zimbabue en porcentaje de personas que pueden vivir de la música, hemos sido durante la pandemia uno de los colectivos más castigados por el vacío legal», apostilla.

Alberto prefiere preguntarse por qué los espacios musicales han desaparecido de la parrilla de contenidos audiovisuales: «En televisión, de momento, no se puede ni mostrar la música, porque no hay programas», declara. Amistades Peligrosas presentaba en los escenarios y programas actuaciones cargadas de tensión sexual y química ferviente, imágenes que podrían recibir quejas por parte de la audiencia si fuesen emitidas en la actualidad. «Es verdad que hay una especie de autocensura general con los horarios de protección, pero yo nunca me he sentido censurado», replica.

Como en los viejos tiempos, el dúo no deja de lado sus compromisos con la sociedad, en especial Cristina, que considera que Europa, «quien ha exportado los valores de la fraternidad, de la libertad, de la democracia y de la igualdad», ha abandonado por completo sus promesas: «Ha habido un retroceso gravísimo de las políticas migratorias y las fronteras se han blindado cuando hemos tenido a personas huyendo de guerras», indica.

«A todas las organizaciones civiles que han ido a sacarle las vergüenzas a los países recogiendo a personas en el mar, como Open Arms, se las ha criminalizado y dañado para precisamente no desnudar esa gestión hacia políticas antisociales».