Cultura

Día de Muertos: las flores, color y alegría mexicana aterrizan en octubre en Madrid

Altar de Casa de México con motivo del Día de Muertos 2021

Altar de Casa de México con motivo del Día de Muertos 2021 Andrea Bouzas Blanco

Con la llegada de octubre, muchos ya ponen la vista en el final del mes y en el inicio del siguiente. La celebración de Halloween por los más jóvenes el 31 ó del Día de Todos los Santos el 1 de noviembre por los más tradicionales recuerdan las figuras de los difuntos – de forma bastante distinta en ambos casos- y, evocan el misterio detrás de la muerte.

Aunque la directora general de Casa de México España, Ximena Caraza Campos, no entiende cómo en España se ha adoptado la tradición estadounidense del ‘truco o trato’ y no la fiesta del Día de Muertos proveniente de su país. Una celebración milenaria que desde hace tres años también se puede disfrutar en la capital española y que este 2021 no iba a ser menos. A partir de mañana y hasta el 14 de noviembre los visitantes de Casa de México podrán disfrutar de la tradición mexicana, declarada desde 2003 como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, sin salir del país.

Catrinas, que forman parte del decorado de uno de los altares de Casa de México / Andrea Bouzas Blanco

El altar, la estrella del Día de Muertos

El 8 de octubre marca el comienzo de cinco semanas en las que la vida de los fallecidos allegados es recordada en la sede del país latinoamericano en España. Para ello, queda a la disposición de los curiosos de esta celebración un gran altar en el que llevan trabajando desde hace dos semanas y que está decorado con más de 35.000 flores de diversos colores, entre las que el cempasúchil se convierte en la flor por excelencia.

Esta planta originaria de México, recuerda Caraza Campos, únicamente se puede encontrar precisamente entre finales de octubre y principios de noviembre, período en el que tiene lugar esta celebración. Sin embargo, explican desde la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de México que su uso en los altares también se debe a que los mexicas de la época prehispánica «asimilaban el color amarillo de esta flor con el sol» y por ello «la utilizaban en los altares, ofrendas y entierros dedicados a sus muertos».

El altar, además, está conformado por diferentes elementos que pretenden asegurar una gran bienvenida a los fallecidos. Entre ellos, apunta la representante de Casa de México, destacan un arco de flores, «que representan el paso desde el mundo de los muertos y de los vivos» y un tapete de aserrín «muy colorido y llamativo» diseñado por artistas del municipio de Huamantla – uno de los más relevantes en la creación de tapetes a nivel nacional – con el que se pretende conducir a los muertos hasta la ofrenda.

Tampoco pueden faltar en el altar los tzompantli, una hilera de 132 calaveras de barro negro realizadas artesanalmente en la ciudad de Oaxaca y «que construían los mexicas para rendir culto a Huitzilopochtlii, dios del sol y la guerra»; ni los Xoloitzcuintles, «estos animales que acompañan a las almas a través del Mictlán (lugar eterno del reposo de los muertos), tallados en copal y pintados a mano con tintas naturales», detalla Caraza Campos.

Además de este espacio dedicado a la llegada de los muertos, que por primera vez no se dedicará a una persona en especial, sino que «cada quien va a poder escribir en un papel el nombre de su difunto y ponerlo en una gran urna para honrar a su fallecido»; desde Casa de México tienen preparado hasta mediados del próximo mes diferentes actividades que, si se mantiene la afluencia de visitantes con respecto a años anteriores, podrá ser disfrutada por unas 40.000 personas.

La celebración de toda una vida

Esta adaptación del Día de los Muertos a pequeña escala busca hacer llegar al público español una tradición procedente de la cultura indígena que se lleva celebrando desde hace miles de años. De los ritos iniciales alrededor de este festejo se conoce que, como informa el Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal de México, «cuando alguien moría era enterrado envuelto en un petate y sus familiares organizaban una fiesta con el fin de guiarlo en su recorrido al Mictlán», a ese inframundo de la mitología mexica.

Fotografías de los difuntos, parte indispensable de los altares mexicanos / Andrea Bouzas Blanco

Una fiesta que se continúa celebrando hoy en día, principalmente durante los días 1 y 2 de noviembre. Durante los últimos días de octubre las familias mexicanas montan sus altares en casa, en los que se colocan diferentes elementos para atraer las almas de los difuntos. «El altar de muertos se lo dedicamos al fallecido más cercano, que más queremos o que admirabas, como puede ser un cantante o un deportista», explica Caraza Campos.

La directora de Casa de México en nuestro país insiste en que, a pesar de que todo altar suele contar con ciertos objetos que se consideran fundamentales, como el pan de muertos – «que es de una forma circular para referirse al ciclo de la vida y de la muerte» -, la sal, «que sirve para que el alma no se corrompa en su viaje de ida y vuelta»; o el fuego de las velas, «que significa la fe y la esperanza para iluminar el camino»; cada uno variará de acuerdo a las preferencias del fallecido.

«El Día de Muertos es muy importante porque es cuando los vivos convivimos con los muertos. Sus almas bajan y les agasajamos con todo lo que a ellos les gustaba: lo que les gustaba comer, beber, la música que escuchaban… Es una forma de consentir ese día al muerto y, de alguna manera, nunca olvidarlo, siempre tenerlo muy presente. Es como el día de su fiesta particular». Unos días, dice Caraza Campos, en los que se celebra la vida y no la muerte: «Lo que los mexicanos creemos es que lo que se va, lo que muere, es un cuerpo; pero que el alma sigue arropándonos, sigue con nosotros».

Tequila y pan de muertos, algunas de las ofrendas que se hacen a los fallecidos / Andrea Bouzas Blanco

La ocupación española, el antes y después del Día de Muertos

Aunque pase desapercibido, no es coincidencia que el Día de Muertos en México se celebre al tiempo que en España se festeje el Día de Todos los Santos, ni que en los altares estén presentes objetos como las cruces, motivos religiosos procedentes del catolicismo. La influencia de nuestro país con la llegada de los conquistadores a las Américas a partir del siglo XVI tuvo una relevancia e influencia decisiva para «españolizar» las tradiciones de estos países.

Tal y como señalaba la doctora en Estudios Mesoamericanos, historiadora y profesora del Colegio de Historia de la Universidad Nacional Autónoma de México, Noemí Cruz Cortés, a Noticias ONU: “Como recurso de evangelización muy practicado en el México prehispánico y otros lugares del mundo, se tomaba un poco de las tradiciones de los pueblos originarios y se les mezclaba con las tradiciones que traían los sacerdotes cristianos».

Sin embargo, a pesar del importante influjo procedente de nuestro país en esta celebración, la representante de Casa de México revela que el español se acerca con cierto respeto a la festividad del Día de Muertos: «Es una fiesta que gusta en España, que interesa y que el español ve con cierta distancia. Aquí, ustedes tienen ese respeto absoluto por los difuntos y a veces les parece que la alegría con la que nosotros, los mexicanos, hablamos en el Día de Muertos es un poco excesiva. Nuestros visitantes son desde niños hasta personas de la tercera edad y todos salen descubriendo algo nuevo sobre qué representa para nosotros este día».

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