Los pasillos, las distintas habitaciones, su despacho o el salón (solo se salva la cocina) recogen miles de novelas, ensayos, cuadros, posters y una colección incatalogable de figuras del cómic y de la literatura. En la casa de Fernando Savater (San Sebastián, 1947) no se ven las paredes, ni las mesas ni las sillas. «Necesito una casa más grande porque ya no me caben los libros», asegura el filósofo a El Independiente durante la entrevista por la publicación de Solo integral (Editorial Ariel), un libro en el que se revisa a sí mismo a través de las «columnas cortas», como las llama él, que lleva escribiendo en El País desde 2015.

Pregunta.- Solo integral hace referencia a la escalada sin soporte, sin arneses. Sin miedo, ¿no?

Respuesta.- Esa forma de escalada me encanta. Para mi próxima vida, porque en esta estoy ya con artrosis y no puedo ni subir las escaleras, me gustaría hacerla. Me gusta la idea del tipo subiendo sin necesidad de cuerdas ni ganchos y se me ocurrió que quizás escribir es un poco estar así a pesar de que tengas recuerdos de lecturas, pero al final estás un poco solo y sin ayuda.

En este caso, además, lo que hacía era retomar algunas de las columnas cortas que he escrito en El País desde la actualidad y la verdad es que los problemas son los mismos que hace 5-6 años pero quería ver si la visión optimista o pesimista que yo había tenido se confirmaba.

P.- En muchas de estas nuevas reflexiones vuelve a darse la razón pero en otras se atiza fuerte.

R.- Bueno, normalmente cuando era pesimista acertaba y cuando era optimista me equivocaba. Me había propuesto hacer una antología pero las columnas son perecederas porque están al hilo de la actualidad. No tengo un blog ni un hashtag ni esas cosas que andan por ahí, así que lo más parecido que tengo son mis columnas semanales. Me parecía más gracioso recoger las columnas, las que tuvieran más entidad, y luego ponerles ese colofón para que el lector, si me había leído en su día, tuviera una recompensa.

P.- ¿Hay alguna con la que esté ahora en total desacuerdo?

R.- Sí, sí, pero esas no las he puesto.

P.- Votaré Ayuso es una de esas columnas cortas y es su columna más criticada.

Para una vez que he votado una cosa que han votado 1.600.000 madrileños pues resulta que la gente se asombra

R.- He votado muchas cosas en mi vida y que muchas veces las votábamos yo y otro y nunca salían y para una vez que he votado una cosa que han votado 1.600.000 madrileños pues resulta que la gente se asombra.

Creo que hay una especie de superstición en este país, que la gente que no es de izquierdas y no se le ha ocurrido serlo tienen que hacer muchas muestras de que lo son porque ser de izquierdas tiene una especie de aire de decencia, está bien visto, y, en cambio, la derecha tiene que ser vergonzante. Algunos dicen: «Soy de derechas pero muy poco».

P.- ¿Y usted es de derechas o sólo ha votado a Ayuso?

R.- Yo voté a Ayuso. Tampoco voy a decirte que yo sea de izquierdas si la izquierda es esto que hay. En mis tiempos estuve en la cárcel con Marcelino Camacho, por ejemplo, y yo no compartía sus ideas pero me parecía una persona llena de mérito.

Lo que quiero decir es que si la izquierda es esto que ha llegado después de Zapatero, pues tengo claro que eso no soy yo. Uno ya empeora con la vejez, no voy a empeorar más a propósito.

En un librito que publiqué, Trípode, cuento al final que el estado democrático moderno está formado por tres patas: el capitalismo como medio de producción y protección de bienes, la socialdemocracia como medida de protección social y garantía de derechos, y el liberalismo frente a las ideas y las costumbres. Pues yo soy las tres cosas porque son esenciales, no quiero ser socialdemócrata sin liberalismo, ni liberal sin capitalismo porque eso me parece que es no entender el juego en el que estamos. Esto no sé si es de derechas o de izquierdas y por eso me gustan los grupos de centro y sigo pensando que la oferta política que hicimos en UPYD es la mejor que ha habido.

O eres de izquierdas y tienes que tragarte lo de la Irene Montero y Pablo Iglesias, o si no eres un fascista peligroso

P.- En el prólogo dice «como no soy izquierdas, ¿qué pasa, que soy fascista?»

R.- Parece que en este país todo el mundo es de izquierdas o fascistas, no hay término medio. O eres de izquierdas y tienes que tragarte lo de la Irene Montero y Pablo Iglesias, o si no eres un fascista peligroso que te comes a los niños por la noche. Contaba ahí (señala Solo Integral) lo de la primera película de Spike Lee, Haz lo que debas, del personaje chino que como no es blanco pues solo le queda ser negro.

P.- Fue uno de los intelectuales que en 2008 firmó el Manifiesto por la lengua común y además lleva muchos años defendiendo el castellano por encima del catalán o el vasco. ¿Qué opina del pacto para aprobar los presupuestos que obliga, u obligaba, a las plataformas audiovisuales a doblar el 6% de sus contenidos al catalán?

R.- Pues otra de las concesiones permanentes que están haciendo a estos grupos que son insaciables. En Cataluña se está excluyendo el castellano, la lengua oficial -porque las lenguas regionales son optativas- que todo el mundo debe conocer.

Se les ha dado a los separatistas, que manejan la lengua como una palanca para desenganchar a Cataluña o el País Vasco de España, un peso insólito en la gobernabilidad del país. Tienen un peso cada mayor y cada vez son más atrevidos y más obtusos en sus peticiones.

No estoy nada contento, por decirlo educadamente.

P.- Apoyó abiertamente a Rivera, ¿qué opina del Ciudadanos actual?

R.- Me gustaría que Ciudadanos recuperara algo de lo que fue. Esto serviría para aglutinar elementos de centro y moderados que están buscando su rumbo. Creo que hay mucha gente, figuras como la propia Cayetana Álvarez de Toledo o Isabel Díaz Ayuso, que se salen por los bordes de los partidos y creo que Ciudadanos podría recoger a esas personas. Ellas dos han sido castigadas, como fui castigado yo, pero aquí seguimos.

P.- Antes ha recordado su estancia en la cárcel. Fue en 1969, ¿no?

R.- Sí, tenía 18 años. Enrique Ruano (asesinado cuando se encontraba bajo la custodia de la Brigada Político-Social) había sido compañero mío de pupitre. Hasta entonces, hasta su muerte, había tenido una postura moderada pero en ese momento me radicalicé y comencé a ir a manifestaciones y a ocupaciones de cátedra. Siempre he sido muy visible, para bien o para mal, y la policía se quedó con mi cara.

P.- Usted ha pasado de votar al PCE a pasar por UPYD y en los últimos comicios ha votado a Ayuso. Cuando le preguntan, asegura que ha ido aprendiendo con la edad. En una de sus columnas recuperadas recuerda la opinión de Klaus Mann acerca de la «frecuente tendencia juvenil a lanzar juicios sumarísimos sobre realidades complejas que apenas entienden».

R.- La juventud es la época en la que las ilusiones son bastantes fuertes porque todavía no te has llevado la serie de decepciones que no te han machacado la ilusión. Vas creciendo y te vas quedando con un ramillete más seco pero más fiable.

A mí siempre me dicen: «Cuando eras joven, eras antisistema». Y claro que lo era, pero es que vivía en un sistema dictatorial

A mí siempre me dicen: «Cuando eras joven, eras antisistema». Y claro que lo era, pero es que vivía en un sistema dictatorial y no me sentía obligado a respetar el sistema porque habían roto el pacto entre las autoridades y los ciudadanos. Una vez que acabó la dictadura y llegó la democracia, pude decir que aunque le podía encontrar fallos yo ya no iba en contra del sistema, pertenecía al sistema. Pero claro que cometí errores de joven y voy cambiando de opinión con la edad.

P.- En una entrevista que concedió al diario Abc durante el confinamiento dijo que las pasiones han sido más importantes que la razón en su vida.

R.- Creo que las razones son el gran instrumento de la vida, pero las pasiones son el verdadero motor. Soy más apasionado que racional, solo he sido racional en lo que no me queda más remedio: para vivir más, para no perecer. Pero los motivos de mi apego a la vida son pasiones.

P.- El libro se lo dedica, una vez más, a su mujer, que falleció hace 6 años. «Para ti, para siempre».

R.- Sigo permanentemente recordándola. Su presencia en mi vida es continua pero también continúa la vida. Ahora estoy enamorado de otra mujer aunque la pobre está acostumbrada a que me eche a llorar pensando en la anterior. He pasado 6 años terribles, ha sido la gran desgracia de mi vida. He descubierto que uno no se muere de pena, vive de pena. Ahora me encuentro más reconciliado con la vida.