Cultura

El Picasso fumador, taurino y flamenco retratado por su "cómplice" Clergue

Picasso en una fiesta gitana con Manitas de Plata, en el Hôtel du Forum. MUSEU PICASSO, BARCELONA

Picasso era taurino y bailaor, antes que pintor. Fumaba. Y era el mismo sádico, bisexual y ególatra si vestía de traje y corbata, o batín. O así lo retrataba su gran amigo y confidente, Lucien Clergue (Arles, 1934 – Nimes, 2014), en las fotografías que hoy cuelgan del Museo Picasso de Barcelona.

Picasso-Clergue es la nueva exposición que hasta el próximo 20 de octubre, nutre a la pinacoteca de una amistad de más de veinte años plasmada en 600 imágenes en blanco y negro hasta la muerte del pintor en 1973, fraguada en el sur de Francia; y cuyo fondo adquirió el museo barcelonés en 2016, dos años después de la muerte del fotógrafo. «Esta exposición presenta, en forma de crónica, una selección de este conjunto: la historia en imágenes que Clergue hizo de Picasso a lo largo de los numerosos encuentros que tuvieron lugar en el sur de Francia, donde los dos vivían», señalan desde el Museo.

«El año 2016, el Museo Picasso de Barcelona compró el fondo fotográfico de Lucien Clergue relativo a Picasso: cerca de seiscientas fotografías en blanco y negro a las sales de plata, todas estampas de época».

  • Compartir
MUSEU PICASSO, BARCELONA
  • Compartir
MUSEU PICASSO, BARCELONA

Las imágenes constituyen así «el diario de una amistad, de una vida de complicidades», que se inició, según el propio Lucien Clergue, porque «mis retratos de saltimbanquis, realizados con el espíritu de sus Arlequines, lo habían conmovido tanto como lo habían fascinado mis ensayos sobre los cadáveres de animales expulsados por el Ródano o sobre la destrucción de Arlés por los bombardeos aliados».

Los dos artistas se conocieron a la salida de una corrida de toros en Arlés, de donde era originario el fotógrafo. Por aquel entonces, Clergue tenía 19 años, Picasso 73. Pero nada, ni la edad, iba a impedirles aquellas «fabulosas» noches de tablaos en las que cantaban y bailaban flamenco con Manitas de Plata, fumaban, y hablaban de toros y de toreros. Y de arte. Porque a lo largo de casi dos décadas, el pintor abrió las puertas de su casa y de su taller de Notre-Dame -de-Vie, en Mougins, al joven francés para que plasmara su cotidianidad. Y daba igual si eran las cuatro de la tarde o de la madrugaba, y si el del Guernica iba en batín, corbata, o bañador, porque «Don Pablo se levantaba a las doce del mediodía, veía el correo y los diarios, recibía a los amigos, comía y trabajaba de 4 de la tarde a 4 de la madrugada. Era capaz de hacer ocho obras en un solo día. Tenía una mano fantástica». 

«Cambió mi vida. Le enseñé mis fotos, me ayudó. Hizo el cartel de mi primera exposición, la portada de mi primer libro, dejó que le fotografiara. Me dio suerte». Don Pablo, dijo Clergue en palabras para ABC en 2013, «se sentía muy cercano a los fotógrafos. Decía que no sabía hacer fotos. Era mentira. Sus retratos de Dora Maar son mejores que los de Man Ray«.

  • Compartir
MUSEU PICASSO, BARCELONA
  • Compartir
MUSEU PICASSO, BARCELONA

El estreno de Picasso-Clergue en el Museo Picasso de Barcelona viene acompañado de una segunda exposición dedicada a Brigitte Baer: Brigitte Baer. Picasso y los grabados, que destaca el trabajo de la experta más importante de los grabados del malagueño, a través de sus fichas catalográficas, fotografías de los grabados y aguafuertes, y aguatintas procedentes de la colección del museo y sus fotografías de reproducción de las obras del artista que el museo adquirió en mayo de 2015. «Es un viaje a través del trabajo de investigación de Brigitte Baer sobre la obra gráfica de Picasso. El núcleo del archivo son las fichas catalográficas de la obra gráfica de Picasso, junto con las más de doce mil fotografías que reproducen las obras del artista. El archivo se expone por primera vez en el público junto con una selección de grabados del Museo», explica la pinacoteca catalana.

Te puede interesar

Comentar ()