Cultura ANIVERSARIO

La historia detrás de las musas de Man Ray, el hombre que fotografiaba sin cámara

Man Ray y Ady Fidelin, Mougins, Francia (1937), de Lee Miller. Lee Miller©

Se hizo con el modernismo, el dadaísmo y el surrealismo, y con los demás ismos que engloban todas las artes. Porque Man Ray (Filadelfia, 1890-París, 1976) nunca militó en ninguno de los movimientos, pero siempre se mantuvo a la vanguardia de todos ellos; cogía un pincel como vestía un mallot, retrataba a Lee Miller o jugaba con aerógrafos sobre papel fotográfico. Y con todo hacía arte: «Pinto lo que no puede ser fotografiado. Fotografío lo que no quiero pintar. Pinto lo invisible. Fotografío lo visible», decía de sí mismo.

Y es que el artista estadounidense, hijo de familia judía, subvirtió todas las reglas del arte, pero si por algo fue conocido, fue por su fotografía Avant-garde y de retrato. Emmanuel Radnitzky, su verdadero nombre, tomó un billete de ida sin vuelta desde Nueva York hacía el París de los locos años 20 en 1921, donde la explosión cultural que se vivía en las calles parisinas, cafés, galerías de arte y moda, imperaban el espíritu creativo para que Ray comenzara a fotografiarse a sí mismo, a superficies, y a presentar rayoramas o lo que es lo mismo, fotografías que no hacía con cámara. Por aquel entonces el artista ya había trabajado como grabador y en una agencia de publicidad, asistido a las clases nocturnas de la National Academy of Design de la ciudad de los Rascacielos y hecho sus primeros contactos con la vanguardia neoyorquina en sus visitas a las galerías del fotógrafo Alfred Stieglitz y en las tertulias del coleccionista de arte y crítico, Arensberg. Ray había fundado junto al artista y ajedrecista francés, Marcel Duchamp, y el pintor Francis Picabia, el movimiento dadá neoyorquino que acabó trasladando a la ciudad del amor que lo convirtió en uno de los artistas más relevantes del siglo XX y uno de los principales retratistas de la aristocracia parisina. Pero le faltaba algo: la mujer.

Noire et blanche (Black and White), 1926. Museo Español de Arte Contemporáneo Collection

Pinto lo que no puede ser fotografiado y fotografío lo que no quiero pintar»

man ray

Entre las obras que realizó el artista se encuentran desde pinturas, fotografías, películas, objetos, collages, obra gráfica, dibujos, diseño publicitario y moda, pero Man Ray fue un creativo (in)completo hasta que encontró en el cuerpo de la mujer su verdadera inspiración: «Man Ray consiguió generar una nueva forma de ver la realidad y la existencia de las cosas, que se valorase la fotografía por sí misma y no solo por lo que cuenta. Hay una visión artística en sus fotografías, en las que emplea encuadres distintos, grandes planos, técnicas falsas y fotomontajes», explican desde el Place Georges-Pompidou de París.

Con su técnica y enigmática aura, Man inmortalizó a figuras como Picasso, André Breton, Mina Loy o Jean Cocteu, pero si en su legado algo destaca, es el carácter autodestructivo del movimiento con el que plasmó la femme fatale, desnudos e ilusiones ópticas no alejadas de ese arquetipo del eterno femenino subyacente en gran parte de los autores masculinos de la época: «Ray hacía algo distinto, no la típica pose de retrato tradicional. Sus fotografías son muy performáticas y siempre permanecerá en nuestra memoria como un artista total preocupado por la investigación de las posibilidades que encierra cada expresión artística, señalan. Man Ray mostró un espíritu de experimentación muy fuerte, una libertad inédita en el mundo de la fotografía, que en aquel entonces no tenía el lugar dentro del arte que tiene hoy. La importancia de la obra de Ray es la alegría de emprender nuevas experiencias. Es un artista totalmente libre, que ha experimentado con todo, y que ha logrado éxito con todo».

Por la lente del fotógrafo pasaron figuras como Dora Maar, la amante de Picasso, o Adrienne Fidelin, una joven bailarina de Guadalupe (México) con la que mantuvo una relación.

Alice Prin, «Kiki»

Con sus labios cuidadosamente perfilados, mirada insinuosa y un provocativo peinado ‘bob’, Kiki de Montparnasse, seudónimo de Alice Prin (1901-1953), reinaba desde los cafés de París sobre el mar de artistas e intelectuales que con sus cinceles y plumas darían forma a los principales movimientos artísticos del siglo XX. Kiki fue nombrada la «Reina de Montparnasse» debido a sus exitosas actuaciones en cabarets y cafés, y conoció a Man Ray en 1921, de quien se convirtió en protagonista de fotografías como El violín de Ingres (Le Violón d’Ingres), de sus mejores grabaciones y pinturas, llegando a entablar incluso una relación sentimental con el que se alargaría durante más de siete años.

Lee Miller

Solarización de Lee Miller, Man Ray. Imagen de archivo

Se conocieron en la bullente y loca capital francesa de por aquel entonces y lo hicieron para convertirse en la pareja de moda. Lee Miller (Nueva York, 1907-1977) fue epítome de la belleza en los años veinte, en los que triunfó como modelo; coqueteó con la fotografía más experimental y se convirtió en una de las primeras mujeres corresponsales de guerra. Pero para Man Ray además de su musa fue su amante fogosa y mujer experimental de las solarizaciones, procedimiento fotográfico por el cual obtuvo imágenes con el tono invertido o parcialmente, o de los fotogramas, técnica de fotografía sin cámara que hizo de Ray el fotógrafo de moda.

Juliet Browner

Nacida en 1911, la bailarina y modelo rumano-estadounidense Juliet Browner, trabajó como modelo de arte para pintores expresionistas abstractos, hasta que con treinta años se mudó a Los Ángeles para intentar comenzar una carrera cinematográfica. Allí conoció a Man Ray, de quien se enamoró, con el que se casó y del que se convirtió también musa: «Después de la cena fuimos a un club nocturno donde se tocaba el mejor jazz de la época. Bailamos. Juliet era como una pluma en mis brazos», escribió Ray.

Adrienne Fidelin 

Nacida en la colonia francesa de Guadalupe, Adrienne Fidelin conoce a Man Ray en 1936 y se convierte en su modelo, musa y amante. Ady tiene entonces poco más de 20 años y Man Ray 46, pero la diferencia de edad no impide su relación sentimental ni profesional que llevaron a la modelo a ser la primera de color en aparecer en una de las grandes revistas de moda de la época. Adrienne fue además una de las mujeres que, en una nueva confluencia de culturas de la diáspora africana en el período de entreguerras, cambiaron el rostro del modernismo.

Meret Oppenheim

Erotique voilée, 1933. Man Ray. ©Centre Pompidou

Meret Oppenheim fue una artista y fotógrafa suiza que formó parte del movimiento surrealista y tuvo un papel de relieve en el mundo artístico del arte europeo del siglo XX. Su obra, personal y libre, impactó no solo entre las vanguardias de los años treinta, sino muy significativamente en la escena artística del último tercio de siglo. Oppenheim posó en 1936 para Man Ray en varios de sus desnudos más conocidos. Sin embargo, su independencia sexual, su libertad creativa y su voluntad de evitar crear un estilo, le llevó a establecer distancia con este un año después.

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