No es solamente por su voz, perfectamente templada, limpia en agudos y resonante en graves. Ni siquiera por su envidiable aspecto físico. Lo que hace grande a Michael Buble es su obsesión por los detalles. ¿De qué sirve tener dones naturales si no eres certero en ponerlos al servicio del resto de los humanos?

Cuando le vemos actuar no intuimos a un ser deseando destacar de entre el resto de los mortales, evidenciando la mediocridad promedio del resto del mundo. Eso ocurre con otros artistas. Podemos ver a un muchacho, que sin darnos cuenta ya está muy cerca de la cincuentena, que sigue deseando sencillamente hacerlo bien desde que tenía dos años. Cuando su abuelo le introdujo en la música y tras su célebre interpretación infantil de un villancico, supo que el destino le deparaba el reto de saber explotar sus dones con inteligencia.

Le vimos llorar en televisión al hablar del cáncer de su pequeño, dijo hace cuatro años que lo dejaba, sacó este año nuevo disco, y hoy celebrará su cumpleaños “de bolo” en St. Louis, USA. Sus conciertos no son estrambóticos, ni buscan sorprender con artificios. Es un cantante, con todas las letras, que se gana el respeto haciendo bien lo que sabe hacer. Cantar y caer bien.

Allá por Canadá le veían ganando concursos, y en alguna ocasión hubo que descalificarle por ser menor de edad. Durante un tiempo cantó en un club de fumadores, con todo el barniz conservador y “crooner” que eso otorga a quién se sube a ese tipo de escenarios, máxime cuando no te hacen ni caso y el murmullo acalla tus notas perfectamente afinadas. Sin rencores, su primer disco se tituló BaBalu, como aquel local. Fue cantante de cruceros y centros comerciales, y hasta por 20 dólares hacía, en una cadena de restaurantes canadiense, un “telegrama cantado” para felicitar cumpleaños.

De hecho, tuvo que ser cantante de boda, aunque no cualquier boda, para poder llegar al éxito. Se casaba la hija del ex primer ministro canadiense Brian Mulroney, y su forma de darle voz al clásico Mack the Knife llamó la atención del productor musical y ejecutivo de Warner Brothers, David Foster. El resto es Historia. Así defendió su versión, años más tarde, en la televisión canadiense.

De su último trabajo, sinceramente me quedaría con su versión de un clásico del gran Barry White llamado You’re the First, the Last, My Everything. Hay que tener muy buena voz y arrestos para hacer tuya una interpretación de una de las mejores voces que ha dado la Historia. El vídeo, a pesar de ser oficial en su canal, no tiene ningún sentido. Mejor cerremos los ojos.

Sí, su vida artística ha estado marcada claramente por las versiones. Y las hace muy bien. Cuando son temas nuevos la cosa cambia. El que da título a su último álbum es correcto, pero claramente no llegará a ser un clásico. Este vídeo sí merece la pena ser visto:

¿Es un cantante pop? Pues no. ¿Es un digno sucesor de Sinatra? La respuesta a esta pregunta la dejaría en los oídos de cada uno. Lo que sí es cierto es que su irrupción en el mundo de la música ha dejado claro que hay canciones y sentimientos que son eternos. Canta con rigurosa perfección canciones escritas para muchas generaciones de amantes. Se le seguirá escuchando cada Navidad en los años venideros. Y es que esta forma de hacer arte se convierte en clásico con el paso del tiempo. No es música de usar y tirar.

Les dejo con esta inigualable versión en directo para televisión de Crazy, junto a Jon Batiste & Stay Human. Es música de piano bar, que será clásica.