Cultura

Editores y traductores de Proust: "Hay que acercarse varias veces para conseguir leerlo, para entrar en el libro"

Carmen Vivas

Su nombre está relacionado con la longitud, con el tiempo y con lo pendiente. Con lo que se debería leer y nunca se puede. Con la exigencia y la maestría. A Marcel Proust (Francia, 1871-1922) todos quieren leerlo y solo unos pocos han sido capaces de hacerse con los siete tomos de su obra magna. Dicen que sus frases son demasiado largas, que su estilo es snob, que si al compararlo con Joyce pues mejor Ulises y que no hay tardes para todo.

Desde El Independiente hablamos con editores y traductores de En busca del tiempo perdido para que nos cuenten si publicar a Proust es un riesgo o una suerte, si traducirlo es tan complicado como muchos dicen que es leerlo. Para que nos den la clave del gran clásico de la literatura francesa.

Los últimos en atreverse han sido El Paseo, una pequeña editorial sevillana que se caracteriza por publicar libros de lo que se considera alta literatura y que ha hecho una apuesta fortísima por el francés. Su editor, David González, asegura que para él ha sido un gran riesgo, «grandísimo, sobre todo para nosotros que no tenemos mucho músculo. Su lectura necesita sentarse bien y concentrarse, estamos hablando de 3.400 páginas, para los lectores es un reto así que no hay una venta masiva. Pero como producto literario es una suerte, un trabajo a largo plazo, está hecho para coger fondo en las librerías y que la gente vaya llegando poco a poco».

Algo similar a lo que asegura Luis Magrinyà, de Alba Editorial, que también publicó el clásico francés. «Es un riesgo pero también es una suerte y para nosotros era una obligación. Pasa igual que con otros grandes proyectos faraónicos de la historia de la literatura que uno no sabe si son más comentados que leídos. Proust es un caso de dificultad extrema y necesita lectores con un sentido desarrollado del placer de la lectura».

Su lectura necesita sentarse bien y concentrarse, estamos hablando de 3.400 páginas, para los lectores es un reto así que no hay una venta masiva»

DAVID GONZÁLEZ, EDITOR DE ‘EL PASEO’

Una lectura que para la traductora de Alba, Maite Gallego Urrutia, requiere de dos intentonas. «La primera vez que lo leí con 20 años pues no lo acabé pero después, tiempo más tarde, me enganché y lo leí entero. Me tuve que acercar más de una vez para entrar de lleno y leerlo. Luego acabé traduciéndolo. La dificultad se puede enfocar de varias formas, una de ellas, la esencial o más evidente, es la de su estilo que es muy peculiar y que se caracteriza por los párrafos muy largos, frases intercaladas…. desde que empieza y termina han pasado veinte líneas».

Algo en lo que coinciden todos, González afirma que tiene una complejidad sintáctica y también habla de sus largas frases pero apunta que «leer nunca ha sido fácil, con Proust hay que atreverse a hacerlo, a leerlo completo, yo no lo completé la primera vez que me acerqué, lo hice después y creo que eso le puede pasar a mucha gente pero igual que ves siete temporadas, lee a Proust».

El meollo del libro tarda en llegar, no llega prácticamente hasta el último tomo y él te va dando claves pero muy poco a poco»

«A veces renunciamos por anticipado a las cosas que son complejas y suelen costar trabajo y tener dificultad, pero es que leer es una labor concentrada y detenida», añade. Y el traductor de los tomos que acaban de publicar en su editorial, Mauro Armiño, opina igual. «Lo leí en tercero de carrera, 20 o 21 años, y no fue fácil. Lo hice con mucha dificultad y con pocos conocimientos de la época, así que la primera lectura fue un poco torcida y hubo muchas paraditas. Cuando eres joven te cansas pero este libro te caza. Al final, lo terminé con 24 años».

También añade que el problema que tenemos es cómo nos enfrentamos a En busca del tiempo perdido. «Si te pones a leer el libro pensando que tiene que pasar algo en las primera cinco páginas, que a las 20 el protagonista se ha muerto, se ha casado o algo; pues has perdido. Hay intriga pero es interior, de la existencia del narrador, es una especie de Proust convertido en escritor. No puedes leerlo como a Galdós o Baroja».

Y tanto Gallego Urrutia como Magrinyá aluden a la falta de paciencia como el principal problema. «El meollo del libro tarda en llegar, no llega prácticamente hasta el último tomo y él te va dando claves pero muy poco a poco, cada vez más a medida que pasas de tomo pero, claro, hay que saber esperar y disfrutar mientras tanto», aseguran.

Para David González, «ahora lo más vendido es literatura delgada en sus ambiciones. Leer a Proust te garantiza reencontrarte con el tiempo como experiencia pura, te detiene. El mundo es muy complejo y ante la complejidad necesitamos grandes descripciones y en ese sentido Proust es el mejor. No te voy a decir que superé a Joyce pero creo que Proust inventa más cosas de la literatura que él». A lo que el editor de Alba añade que «necesita lectores con un sentido desarrollado del placer de la lectura, en un sentido amplio y no facilón, lectores que hayan pensado y que tengan experiencia en el placer de la lectura. Uno de sus temas más importantes y el estado anímico que más describe es la expectación, la anticipación, la ansiedad… corresponde esto también a lo que puede producir su obra».

Te puede interesar

Comentar ()