Mieczysław Weinberg (1919-1996) pasó su vida entre las olas totalitarias que arrasaron el continente europeo en el siglo XX. Compositor, judío y polaco residente en Varsovia perdió a su familia en el campo de concentración de Trawniki, ubicado en la Polonia ocupada. Weinberg se pudo refugiar en la Unión Soviética y de la mano de Dmitri Shostakóvich se fue a vivir a Moscú, donde permaneció hasta su muerte en 1996. 

Autor de composiciones musicales para teatro y cine, Weinberg escribió cuatro óperas. La Pasajera, la más conocida de ellas, se interpretó por vez primera en 2006 en versión concierto en Moscú, diez años después de su muerte. No fue hasta 2010 cuando se representó la versión escénica, fue en el Festival de Bregenz (Austria). La ópera que se representa por primera vez en España, en el Teatro Real, está basada en la novela homónima de 1962 de Zofia Posmysz.

Este es el milagro de esta ópera, ser representada e incrementar su leyenda por el mundo. Para llegar a este punto la ópera tuvo que superar al arbitrario dogmatismo soviético y al olvido. Weinberg  terminó su composición en 1968 y se quería representar en el Bolshoi, pero fue vetada. “No es que la pieza fuera censurada en el sentido de cortada o modificada, sino que simplemente se impidió que se representara. Las autoridades soviéticas no consideraron útil para la idea del comunismo la expresión de las emociones que se cuentan en la obra, en torno a los judíos muertos en la guerra", señala David Pountney, director ecénico y la persona que rescató la obra. 

Cuando colapsó la URSS las empresas que monopolizaban la producción musical en el país se hundieron; el sello alemán Sikorski Music compró gran parte de la obra de estas firmas soviéticas. “El sello británico Peermusic llegó tarde pero pudo comprar lo que quedaba y afortunadamente pudo dar con algunas cosas interesantes, entre ellas estaba La Pasajera de Weinberg”, relata Pountney.

Entre ese montón de cosas que compraron una hoja describía el contenido: “Ópera sobre Auschwitz, por Weinberg, amigo de Shostakóvich”. “Es la típica cosa que podrías tirar a la basura. Pero me dije, espera un momento, empecé a buscar en Google. ¡Gracias a Dios que existe Google!, porque esto me pasa en los setenta y no dar con la información de quién era amigo de Shostakóvich en la Unión Soviética no era fácil. Ni siquiera con Google, porque buscando Weinberg salía otro personaje”, explica. 

El resultado del trabajo de exhumación de La Pasajera por Pountney se materializó en 2010, en Austria. Esto fue determinante para que la obra original escrita en ruso se transformara en una obra cantada en siete idiomas. “Los alemanes cantan en alemán y se refleja la variedad de idiomas que había en el campo de concentración”, explica el director de escena. 

La acción de la La Pasajera se divide en varias zonas espaciales y temporales. En la parte superior de la escena hay un trasatlántico a viajeros vestidos de blanco que han dejado la guerra y la vieja y rota Europa mientras viajan a Brasil. Lisa viaja con su marido, el nuevo embajador alemán en Brasil, pero se topa con una mujer del pasado. Es Marta la judía de Auschwitz que daba por muerta y que seguramente ha reconocido. Ese pasado en el campo de concentración está reservado a la parte inferior del escenario donde tiene lugar el infierno del holocausto. 

Mirga Gražinytè-Tyla Alfonso del Real

Entre el 1 y el 24 de marzo el Teatro Real ofrecerá ocho funciones de La pasajera. La pasajera se estrenará en España bajo la dirección musical de Mirga Gražinytè-Tyla, directora musical lituana de enorme prestigio internacional, que lleva años interpretando y grabando las partituras sinfónicas de Weinberg.

Pountney destaca la diferencia entre La Pasajera y otras historias y novelas centradas en el famoso campo de concentración: “Hoy en día se publica mucho sobre Auschwitz y es fácil caer en la explotación de aquellos hechos inconmensurables con la intención de darle más peso a una obra. Pero esta ópera fue creada por gente que realmente lo vivió y eso le da una autenticidad sin igual".

Posmysz escribió la novela inspirada por una vivencia personal. Tras sobrevivir al campo de concentración un día escuchó una voz hablando en alemán estando en un museo. Pensó que se trataba la voz de su carcelera, la buscó por las salas, pero no estaba, no era ella, pero eso la incitó a escribir sobre un encuentro de esta naturaleza.