A Alejandro Sanz le han levantado su propio Macondo en la Gran Vía. Gazulea, un pueblo ficticio de la costa gaditana donde Ale, un joven que quiere ser músico, lucha contra su miedo escénico y su torpeza con el amor. El viento de levante pone la magia, el flamenco las entrañas y las letras de Sanz el camino para que Ale supere sus temores y dé con su voz. No es una biografía de Alejandro Sanz, pero El alma al aire está cargado del universo de la estrella musical, su imán para el éxito, sus raíces, sus sueños y su alma, claro.

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La producción es de Stage Entertainment, factoría responsable de traer taquillazos musicales como El Rey León, Mamma Mia! y Chicago’ y la dirección es de Jonathan Kent. El proyecto que se estrena el próximo 1 de octubre lleva cuatro años de trabajo acumulados. “¿Por qué se tarda tanto?”, se pregunta Tali Pelman directora general creativa de Stage. “En primer lugar, hay que unirse con las personas idóneas. En este caso empezar las conversaciones y la relación con el propio Alejandro Sanz, conseguir a un buen dramaturgo que consiga desarrollar una historia que logre lo que quieres, y también lo que busca el compositor, y al resto del equipo creativo”.  Según Pelman, con una larga trayectoria en Broadway y el West End, los cuatro años son el mínimo.

El mayor reto de toda la producción era montar la historia que fuera capaz de encajar los temas de Sanz, para esa labor fue elegido Álvaro Tato, poeta y dramaturgo cofundador de la compañía de teatro Ron Lalá. Tato, junto el supervisor musical, Nick Skilbeck, es el arquitecto que ha dado los planos de un musical en el que la poesía tiene mucha importancia. “La poesía de Alejandro fue uno de mis primeros descubrimientos. A mí siempre me ha gustado la música de Alejandro porque a todos los que nos gusta el flamenco nos ha enamorado, tarde o temprano, algún tema de Alejandro Sanz, pero claro, descubrirlo, investigarlo a fondo, trabajar con él y tener su complicidad..”, explica a El Independiente. 

Alejandro Sanz y Álvaro Tato .

“He pasado cuatro años debatiendo, dialogando, entrando dentro de las canciones y dentro de la poesía de Alejandro. Mucha gente piensa que es un autor de baladas, cierto es que ha escrito grandes baladas de las mejores de la historia de España, pero también tiene una oscuridad que me ha permitido como dramaturgo transitado por todos los estados de ánimo las emociones, los celos, el deseo, el descubrimiento, la ausencia y eso es lo que hemos querido reflejar en el musical”, añade.  En este sentido, considera que contar entre el equipo con Kent, Skilbeck o Pelman ha favorecido la exploración y la investigación de las canciones porque no tenían ideas preconcebidas. 

Conseguido el trabajo de hilvanar las canciones de Alejandro Sanz la transmisión al público de los sentimientos es nítida. El artista lleva desde 1991 consiguiendo éxitos musicales que han acompañado a varias generaciones de españoles en los últimos 35 años. “Es un músico que forma parte de nuestras vivencias, más allá de que te guste más o menos su música, está en nuestras bodas, comuniones, bautizos, no solamente a este lado del océano, sino al otro y además de varias generaciones. La responsabilidad era muy grande, sabemos que ha habido grandes musicales ya en el en la historia de España, en la historia musical de España, que han tratado de contar una historia a través de de grandes repertorios de bandas. Este es un gran intento, una gran apuesta”, asevera Tato.

El papel de Alejandro Sanz

Alejandro Sanz ha participado activamente en el desarrollo del musical. Según explica Álvaro Tato, el cantante ha estado presente durante el proceso creativo, ha aportado su punto de vista y ha asistido a los ensayos, siempre desde el respeto y sin imponer su criterio. “Él decía que ha era como el tío de Gazulea algo parecido al tío Matt de Fraguel Rock, un personaje que siempre está de viaje, pero cuando vuelve se siente como en casa”.

Alejandro Sanz durante un ensayo.

Tato destaca especialmente la disposición de Sanz a ceder su repertorio para construir la historia: “Su repertorio estaba a disposición de la historia. Literalmente te está poniendo en las manos un monstruo de la música, te está poniendo su repertorio en las manos para construir una historia”, afirma. Una posibilidad que, reconoce, supone alegría, pero mucha responsabilidad.

El cantante pidió, sin embargo, que el musical no contara su trayectoria personal. “Me pidió que no fuera un biopic, que no hablara de él, que no fuera la historia de su vida”, explica Tato. Aunque el autor espera que “su alma, de alguna manera, esté presente”. Tato define el espectáculo como “un elseworld”, “otro mundo” en el que pueden reconocerse elementos vinculados al artista, pero sin reproducir su vida. “El musical no está hecho para los fans de Alejandro”, como son su fiel ejército de sanzeras, que “igualmente lo van a gozar está orientado a todo el público”.  

La otra premisa planteada por Sanz fue que la historia tuviera relación “con las raíces, con la tierra, con España, con nuestra cultura”. A partir de ahí, su participación se ha mantenido durante todo el proceso mediante “llamadas, mensajes” y preguntas compartidas sobre el desarrollo de la obra: “¿Qué te parece esto? ¿Qué te parece lo otro?”. La trama también contiene un mensaje conservacionista y ecologista que cuadra con las colaboraciones de Sanz como embajador de la organización ecologista Greenpeace.

Gazulea, un Macondo inspirado en su universo

Para Tato, Gazulea es “una especie de Macondo de él, de su obra y de su figura”. Aunque Sanz es madrileño, se considera gaditano de adopción ya que pasó parte de su infancia en el pueblo de su madre, Alcalá de los Gazules. El territorio imaginario combina comedia, poesía y realismo mágico en una historia dirigida a todos los públicos y construida a partir de las canciones de Sanz. “La clave era ese espíritu de García Márquez, que el viento pase entre los personajes y modifique la realidad”. El viento de Levante y el paisaje gaditano forman parte de esa construcción dramática. “Lo ves mucho en Cádiz”, afirma Tato, en referencia a ese estado de ánimo de los personajes, “estar un poco pendiente del viento de Levante que modifica la acción”. Un viento interpretado por la cantante sevillana Inma ‘La Carbonera’ que quita al aire a los espectadores. 

Alejandro Sanz con Pepe Nufrio.

El autor explica que el musical parte de ese “Macondo sureño” y de la voluntad de contar “una historia poética”, aunque adaptada a las características del género: “Estamos en un musical, entonces tiene que haber mucha comedia, tiene que ser sencilla”.  Esa sencillez, apunta Tato, no ha sido fácil de alcanzar ya que él proviene de “un teatro que se permite más complejidades dramáticas y he descubierto que esto es más difícil que contar una historia compleja”. El resultado busca ofrecer un espectáculo para todos los públicos que conserve “la poesía de Alejandro y la música de Alejandro” y que mantenga “siempre un fondo de poesía”.

En el centro de la trama están Ale, un joven músico de gran talento, y Ella una chica bien recién llegada al pueblo desde la gran ciudad. Pepe Nufrio y Amanda Digón, junto con el resto del reparto, sostienen el peso de la trama y de las canciones de Alejandro Sanz, las dos cosas lo hacen con solvencia.

Hacen real lo que no es: él no es Almendro Sanz aunque está en todas partes y sabes que no son las canciones de Ale ni Ella, pero los sentimientos que interpretan toman todo el sentido en las canciones. Grandes temas de Sanz que te emocionan aunque no son de ahí, de Gazulea, donde tu no has estado, que los escuchabas en los bares, en la radio, en tus walkman o en las fiestas de tu pueblo. La realidad ya es otra, el teatro y la poesía hacen la magia y el espectador termina tocado por el viento de levante. Pisa la Gran Vía un poco tronao, con un canturreo sanzero que puede durar días.