Isabel Allende se convirtió en la autora más leída en castellano por La casa de los espíritus una novela en la que se refleja la represión de la dictadura de Pinochet y como truncó la vida de miles de personas. Más de medio siglo después del golpe de Estado contra Salvador Allende, el poder está en manos de José Antonio Kast, un nostálgico y defensor del régimen militar que acabó con la vida del familiar de la escritora.
Hoy están los dos en Madrid, el político recibió ayer la Medalla de Madrid por Díaz Ayuso y está presente en la Cumbre Iberoamericana; la autora está en la capital para presentar su nueva novela con la que ha ganado el Premio Planeta: La hora antes del Alba. Una novela en la que da continuidad a la historia de su famosa obra inspirada en su historia familiar y en la que la memoria colectiva de lo sucedido en su país sigue muy viva.
Para la escritora, el país sigue dividido porque nunca abordó con suficiente profundidad la verdad, la reparación y la memoria de las víctimas. "En Chile nunca se hizo un verdadero ejercicio de llegar a la verdad o de reparar todo lo que pasó y tendrá que morir la última víctima antes de que eso pase a ser historia antigua", afirma la escritora en un encuentro con la prensa. Pero no es sólo su país: “Todavía se idealiza a Franco, a Pinochet o a Hitler. Por eso existen los neonazis, por eso gana la ultraderecha en Chile”, asegura Allende.
En su nueva novela recupera a Alba, personaje de La casa de los espíritus que apenas tenía desarrollo propio en la obra original. La autora quiso imaginar qué ocurre con Alba después de sobrevivir a la tortura, la violación y la mutilación durante la dictadura, y tras la muerte de su abuelo. “Al imaginar las circunstancias de una muchacha de 20 años, que ha sido torturada, violada, mutilada, que está sola en su casa porque el abuelo, que era la última persona que le quedaba, se muere… ¿Qué pasó con ella?”.
Para Allende, un personaje no puede inventarse libremente: “Tienes que hacer que el personaje responda a sus circunstancias, a lo que le toca vivir, para que sea complejo, contradictorio, como somos todos”, afirma. Y esas circunstancias son las mismas que vivió ella y su familia durante el golpe de Pinochet.
En Chile nunca se hizo un verdadero ejercicio de llegar a la verdad o de reparar todo lo que pasó
La escritora es muy crítica con la transición chilena. Considera que la dictadura no terminó con una revolución ni con un ajuste de cuentas, sino mediante una salida pactada en la que se buscó no provocar a los militares. “El primer gobierno democrático que vino tuvo como misión hacer borrón y cuenta nueva para no molestar a los militares, no provocar a los militares”, asegura.
Allende recuerda que Pinochet sigue siendo senador vitalicio y que los militares conservan un gran poder político y económico. “Se hizo como que no había pasado nada, lo cual para las víctimas y para las familiares de las víctimas esto fue un insulto terrible, porque fue no reconocer el sufrimiento de tanta, tanta gente”, sostiene.
Para ella, Chile no ha cerrado aún esa etapa. “En Chile nunca se hizo un verdadero ejercicio de llegar a la verdad o de reparar todo lo que pasó”, dice. Y añade: “Tendrá que morir la última víctima antes de que eso pase a ser historia antigua. En España ya es historia antigua. En Chile todavía no”.
La verdad como punto de partida
Allende pone el ejemplo de Sudáfrica, donde se intentó enfrentar a la verdad del apartheid. Reconoce que la reparación plena resulta muy difícil, pero defiende que conocer la verdad es imprescindible. “Sudáfrica hizo un esfuerzo tremendo de llegar a la verdad del apartheid. Nunca se ha podido reparar, pero por lo menos la verdad ayuda a conocer”, afirma.
Sin ese reconocimiento, advierte, las sociedades permanecen divididas y polarizadas. “Las heridas del pasado dejan cicatrices muy fuertes y a veces se necesita mucho tiempo para resolverlas”, señala. “Hay que vivir con la polarización, con la división, con el hecho de que no nos entendemos”.
Sobre el perdón, el otro elemento clave a la hora de afrontar el pasado, Allende plantea que “más que perdón es optar por no cargar con el rencor y la rabia, porque eso es un saco de piedras que llevas a la espalda y que te arruina la vida”, asevera. “El torturador no se va a ver afectado por el hecho de que tú tengas la vida destrozada. Tu única posibilidad es sobrevivir y sobrevivir de una manera alegre y generosa”.
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