La voluntad y las ganas de vivir no bastan contra el cáncer, en ocasiones es una batalla perdida desde su diagnóstico. Olatz Vázquez (1994-2021) no la dio por perdida y sobrellevó la enfermedad golpeándola con lo que sabía hacer: sus fotos. “Se expuso en las redes sociales contando todo el proceso de su enfermedad y, sobre todo, se fotografió mucho. Relató su cáncer a través de fotografías y eso le ayudó enormemente”, explica sSusana  Aurrekoetxea, madre de la fotógrafa en el epílogo de Minbizia (Tres hermanas) el fotolibro que recoge el trabajo de Olatz Vázquez sobre su enfermedad mortal.

Olatz Vázquez “lloraba fotografías”, recuerda su madre que decía la periodista. Amante de la fotografía “desde muy pequeña” encontró en las redes, como gran parte de su generación, el espacio para mostrar su talento. El cáncer se cruzó por el camino de su ambición profesional, pero no evitó que siguiera haciendo fotos. Murió con 27 años.

Ella fotografiaba en blanco y negro. Pero para mí era el blanco y negro con más colores del mundo

MarÍa Saiz, fotógrafa

“No me pidas que luche en una guerra a la que nunca quise ir”, escribió la periodista. A ella no le gustaba llamarla lucha, recuerda su madre, “porque decía que no luchaba, sino que sobrevivía a la enfermedad”. Sus imágenes son duras, muy duras. Mientras las redes sociales inundan nuestro imaginario de situaciones ideales de juventud, éxito y belleza, sus fotografías eran un recordatorio real del valor de la vida. 

Cristina Pineda, editora del fotolibro, señala a quién sí hay que pedir que luche en la guerra contra el cáncer. “Lo que significa una enfermedad no es algo que suela retratarse en las redes, pero sí que necesita visibilizarse, especialmente para recabar ayudas y apoyo gubernamental para erradicar una enfermedad que lleva ya muchos años entre nosotros y todavía se cobra vidas”.

Autorretrato de Olatz Vázquez.
Autorretrato de Olatz Vázquez. Cedida

En junio de 2020 le fue diagnosticado un cáncer gástrico en estado avanzado y en ese momento empezó en proyecto de Minbizia– cáncer en euskera-. Un impulso importante a la popularidad de sus fotografías llegó cuando el pianista inglés afincado en Madrid, James Rhodes le regaló una cámara Leica tras hacer un concurso viral en Twitter. Los vínculos de las personas nunca dejan de ser azarosos.  La semana pasada, con los ejemplares de Minbizia recién entregados, Pineda vio al pianista tomando café junto a la oficina de la editorial. Corrió a entregarle un ejemplar. A la vista de un tuit reciente del músico, Rhodes no ha olvidado a la fotógrafa.

Las fotos del dolor y del deterioro de Vázquez en las redes no eran fáciles de seguir pero ayudaban. En medio de la pandemia, con el país polarizado y cargado de temor a la enfermedad, sus imágenes ponían el acento en el valor de la vida y la salud. 

Autorretrato de Olatz Vázquez.
Autorretrato de Olatz Vázquez. Cedida

“Nos mostró desde su vocación más periodística y sin ambages el proceso de su lucha, compartiendo una cara de la enfermedad a la que no estamos del todo acostumbrados. La rabia, la tristeza, el miedo, el dolor o la frustración más absoluta. Nos dejó conocer en forma de imágenes a la Olatz más genuina y humana”, afirma la fotógrafa Mara Saiz en el epílogo de Minbizia. “Ella fotografiaba en blanco y negro. Pero para mí era el blanco y negro con más colores del mundo”, añade.

De igual forma la publicación de un fotolibro con este contenido no es fácil. La editora reconoce que se pensó la publicación. “Es un libro arriesgado para mi editorial, que fuera un relato de enfermedad me llegó justo en un momento en el que estaba viviendo un duelo por una amiga íntima que había muerto de cáncer de un tumor cerebral. Pensé que una persona que yo había seguido en las redes sociales durante la pandemia y que incluso me había acompañado aunque fuera con un motivo tan pesaroso y tan trágico, pues que quizá tenía que arriesgarme o apostar por ese fotolibro para transmitir lo que significa una enfermedad”, explica Pineda.

Autorretrato de Olatz Vázquez.
Autorretrato de Olatz Vázquez. Cedida

“Susan Sontag en Sobre la fotografía decía que la fotografía es una forma de agresión”,  cita la editora. “Y en esta ocasión es de agresión a las conciencias de lo trágico, de lo oscuro y doloroso que puede llegar a ser una enfermedad”, concluye.