El 16 de enero de 1920 fue ratificada la enmienda que prohibía la manufactura y comercio de alcohol en Estados Unidos. La prohibición se hizo efectiva entre la clase obrera pero creció el consumo entre la media. Acabó con la cultura de los salones, pero favoreció la violencia y el «aumento de la criminalidad ligada a la fabricación y el tráfico clandestino de alcohol» cuenta la profesora Aurora Bosch en su artículo Los violentos años Veinte: Gángsters, prohibición y cambios socio-políticos del primer tercio del siglo XX en Estados Unidos.

Esa extinta cultura de los salones permitió la creación de un submundo criminal, centrado en el juego y la prostitución que creció con el objetivo de conseguir beneficios gracias a la factura y comercio ilegal de alcohol. El tráfico de esta bebida se convirtió en una forma rápida de enriquecerse y fue motivo de enfrentamiento entre bandas criminales rivales, que, durante la vigencia de la Ley seca, provocaron un millar de muertos en Nueva York y unos ochocientos en Chicago.