En marzo de 1969 hizo su primer vuelo de prueba el mítico avión supersónico Concorde. En una época en la que los pasajeros se vestían bien para un vuelo comercial corriente, volar en el Concorde, que cruzaba el charco entre París y Nueva York en tres horas y media, se convirtió en el escalafón más alto de los vuelos comerciales.

Subidos en la excelencia supersónica los pasajeros de Air France y British Airways viajaban en una máquina del futuro, una maravilla humana que sólo era superable por la experiencia de un astronauta en el espacio. Su construcción por Aérospatiale-BAC Concorde, un consorcio británico y francés, supuso la cumbre del alzamiento económico y tecnológico de la vieja Europa, asolada por la guerra tres décadas antes.

Interior de un Concorde de British Airways en 1974.

Interior de un Concorde de British Airways en 1974.

“Concorde era más que un avión o una experiencia de marca, era la encarnación de una idea, que a través de la innovación, la aspiración y la inspiración, lo imposible podía lograrse. Fue concebido en una era donde el cielo ya no era el límite y la tecnología y la creatividad eran la respuesta a todo. Hasta este punto, el diseño era fundamental en la experiencia de vuelo en Concorde, ya que cada detalle, todo lo que un pasajero encontraba estaba imbuido de este concepto y espíritu de elegancia y ambición”, explica a Lawrence Azerrad, autor de Supersonic (Prestel).

Un directivo de la Royal Aircraft Establishment en Bedford, Inglaterra, con una maqueta en 1964.

Un directivo de la Royal Aircraft Establishment en Bedford, Inglaterra, con una maqueta del Concorde en 1964.

Azerrad ha creado un libro en el que recoge todos esos detalles de diseño que tenían que acompañar la idea de los pasajeros de que estaban viajando, como así era, en un ingenio técnico único. “ El avión en sí era tan notable desde el punto de vista del diseño, desde el punto de vista estético y técnico, que obligaba a las aerolíneas que volaban en Concorde a crear entornos integrales y sistemas de marca que se mantuvieran al mismo nivel que el avión del futuro”, explica el autor.

Para esta tarea las aerolíneas recurrieron a algunos de los diseñadores más reconocidos del siglo XX. El logotipo del Concorde de Air France, recuerda Azerrad, fue creado por el diseñador de tipografías francés Roger Excoffon, la aerolínea recurrió a Raymond Loewy, conocido como el padre del diseño industrial, para crear los interiores y objetos para la primera generación del Air France Concorde, a éste le siguió el arquitecto y decorador Pierre Gautier-Delaye y, finalmente, el diseñador de interiores y productos francés Andreé Putnam. En el caso de British Airways, el diseño del uniforme de la tripulación es de Sir Edwin Hardy Amies, el modisto oficial de la reina Isabel II. La excelencia de la experiencia fue creada entre varios estudios de diseño como Landor Associates, Newell & Sorrell o Sir Terence Conran. Pero como el diseño estaba en todos los detalles desde menús, bolsos de viaje, billeteras y casi cualquier cosa que un pasajero tocaba, ambas aerolíneas recurrieron a genios creativos como Christian Lacroix, Jean Boggio, Pierre Balmian, Anya Hindmarch y muchos otros.

Cubertería de Raymond Loewy para Concorde

Cubertería de Raymond Loewy para Concorde

Para Azerrad, quien también es diseñador, su pieza favorita es la vajilla Christofle de acero inoxidable de Air France, diseñada por Raymond Lowey. “Cada pieza está grabada con el nombre de la aerolínea, eran uniformemente largos, reflejan la longitud exagerada del Concorde. La cuchara en forma de piruleta y el cuchillo como una paleta imparte una sensación de extravagancia al pasajero, pero también sirve como un claro recordatorio de que cada objeto que compone la experiencia Concorde se crea con previsión de diseño. Andy Warhol se enorgulleció de robar los cubiertos de Loewy y alentó a otros a hacerlo porque era un objeto de colección”, explica el diseñador.

Portada de la revista de a bordo 'Supersonic Age' de primavera de 1974.

Portada de la revista de a bordo ‘Supersonic Age’ de primavera de 1974.

El autor de Supersonic también destaca el diseño que Sir Terence Conran hizo un servilletero de acero con el logotipo de la aerolínea,“una pieza notablemente sencilla pero elegantemente memorable. En el ejemplo de estos objetos, cubiertos y un servilletero, vemos el objeto cotidiano elevado a un nivel excepcional, simple y perfecto, al igual que el avión en sí”, asegura Azerrad.

Este verano, la Asociación de Pilotos Británicos hizo una consulta entre sus seguidores de redes sociales para determinar cuál era, para ellos, el mejor avión y ganó el Concorde que fue retirado del mercado en 2003.

“El Concorde sigue siendo tan popular porque representó una visión y encarnó con éxito ese concepto de ingenio y futuro. No era perfecto, consumía una gran cantidad de combustible, el boom sónico era un desafío, pero con el tiempo esto se habría mejorado. Cuando Concorde llegó, como se recoge en Supersonic, el entusiasmo que generó se ve expresado por los juguetes de los niños, las apariciones en películas, postales y sellos de todo el mundo. La gente se sentía atraída por la idea del Concorde, la promesa de mañana entregada aquí y ahora. El avión en sí era hermoso, la física determinó su forma; el fuselaje en forma de aguja, su morro de la cabina ajustable, el ala delta hacia atrás, su fuselaje blanco, pintado así para refractar el calor del cuerpo soportado para ir tan rápido. Se unieron en un objeto la velocidad, la potencia y la belleza. No había ni un elemento decorativo. Sin embargo, por un golpe de suerte, el producto final sigue siendo de una belleza atemporal. Los ejemplos clave de arquitectura y diseño de la época del jet con el mismo optimismo futurista, como la icónica Terminal TWA de Eero Saarinen en el aeropuerto JFK de Nueva York, también son hermosos, pero conservan el estilo del tiempo donde vinieron. Concorde sigue siendo exquisitamente futurista. Todavía es muy representativo de la idea de que podemos acercar el futuro para el ser humano, si soñamos y sobrepasamos los límites de nuestra imaginación”.

Ilustración del diseño sobre el que trabaja la NASA.

Ilustración del diseño de avión supersónico sobre el que trabaja la NASA.

La próxima generación de vuelos supersónicos está en marcha. En 2015, Airbus presentó una patente para un superjet que volaría a Mach 4 (2.500 mph / 4.023 kmh) y reduciría el tiempo de viaje de Nueva York a Londres a una hora, pero podrían faltar décadas para que se haga realidad. Por su parte la NASA también trabaja en su propio modelo.

El Concorde era una visión de nuestro futuro desde el pasado

Para Lawrence Azerrad hoy no existe una experiencia similar al mítico supersónico. “El Concorde era una visión de nuestro futuro desde el pasado. Una idea utópica de que el transporte supersónico a un nivel generalizado era el siguiente paso lógico para los viajes de todo tipo humano. Sabemos que esto nunca llegó a ser, desafortunadamente, pero para los pocos Concorde en servicio y aquellos que llegaron a volar en ellos, el avión fue el modelo de coherencia elegante. Fue un vistazo inicial a un futuro de alto rendimiento que perdimos. Las futuras versiones del transporte supersónico, tan bienvenidas como son, serán fundamentalmente diferentes, nacidas de una era diferente y de diferentes objetivos de diseño”. El futuro volverá a ser supersónico, pero no como el del Concorde.