Clara Sánchez escribe las novelas que a ella le gustan. “No puedo pensar en qué le gusta a los demás. Los demás son mucha gente y muy distinta”. Ella parte de un impulso de algo que le llama la atención. “Generalmente cuestiones de la realidad que están ahí, pero que no percibimos muy bien, y a mí me apetece poner un foco grande luminoso sobre estas cuestiones”, explica a El Independiente. Ese impulso creativo le llegó desde Marbella para escribir su última novela: Infierno en el paraíso (Planeta)

“Está narrado por una chica española que se llama Sonia. Es una chica de veintisiete años normal que vive un poco a salto de mata y es contratada para sustituir a otra chica en un hotel de lujo en Marbella y allí se encuentra con la llegada que todo el mundo estaba esperando, como ocurría en la realidad, de la familia real Saudí”, explica. Durante muchos años, hasta comienzos de siglo XXI, era corriente ver a la familia real, con el rey Fahd a la cabeza, llegar a su palacio marbellí. Con un séquito de cientos de personas disparaban el consumo de productos de lujo en la localidad. Hasta 6 millones de euros diarios se podían gastar en sus vacaciones. 

“Usaban cientos de coches de alta gama que se quedaban abandonados cuando se iban y venían en jets privados con las princesas, etc. Se cerraban los centros comerciales enteros porque derrochaban el dinero y a mi me producía una sensación de que era aquello era como si un cuento de Las mil y una noches se instalaba en las playas de la Costa del Sol. Y eso me producía una sensación de irrealidad, se mezclaban los pantalones cortos y bikinis con chilabas y los niqab. Me parecía fascinante desde un punto de vista literario que eso ocurriera delante de nuestras narices”, afirma.

Quería ver a Latifa convertida en Amina en mi novela»

Por aquella misma época, ese mundo idílico de riqueza extrema se revelaba a la opinión pública como una cárcel para las mujeres. En el emirato de Dubai una princesa, Shamsa Al Maktoum, se escapa para vivir libre en Occidente. Fue secuestrada y obligada a volver y estuvo ocho años encerrada. En 2018 se volvió a repetir la historia, la princesa Latifa Al Maktoum se escapó sin dejar rastro. Pero igual que pasó con su hermana fue forzada a regresar a su país. Hace pocas semanas pudo hacer llegar un vídeo a la BBC para denunciar que estaba encerrada en una casa donde no la dejaban ni salir al jardín. Hasta la ONU ha pedido pruebas de vida a su padre, el jeque Mohamed bin Rashid Al Maktum, que es el primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos.

“A mí se me quedó grabada la imagen de Latifa. Junto a Sonia, la narradora de la novela, hay una chica, una princesa saudí que viene con el séquito del rey que se llama Amina. Toda la apariencia física de Amina está inspirada en el aspecto físico de Latifa. En mi mente se fusionaron ambas cosas, yo quería ver a Latifa convertida en Amina en mi novela, pero en el palacio Saudí de Marbella”, explica la autora.

Mujeres sin derechos

La mezcla de ambos hechos le han servido para acercar al lector una realidad como es la de las mujeres de los países de las península arábiga que carecen de derechos. “He querido dar plenitud de sentido a la palabra libertad”, asegura. Para ello su novela subraya un aspecto fundamental que evita la libertad: la dependencia. Una reflexión que se encarna en los personajes de su novela. “Ver a estas mujeres es como ver una foto de lo que es la plena dependencia de una persona frente a otra. Estas mujeres tienen unas dependencias absolutas de sus maridos. Son menores de edad, tienen que pedir permiso para todo y cuando vemos eso, que es como un extremo, empezamos a pensar también en nuestros grados de dependencia, porque los que no padecemos esa falta de libertad también padecemos dependencias de los demás», afirma Sánchez.

Estas mujeres tienen unas dependencias absolutas de sus maridos».

clara sánchez

El foco que pone Clara Sánchez con su imaginación, -porque no está documentando lo que alguien como la princesa Latifa está viviendo ahora mismo- saca a la luz una situación de privación de libertad. “Esta novela recrea las cosas que tenemos que imaginarnos de cómo vive esa gente porque a veces donde no puede llegar una cámara ni un reportero -porque son situaciones muy complicadas- puede entrar una novela. Donde no puede entrar en una cámara puede entrar en una novela”, concluye.