Fernando Benzo, autor de "Los viajeros de la Vía Láctea", posa delante del bar de Malasaña que da nombre al libro

Fernando Benzo, autor de "Los viajeros de la Vía Láctea", posa delante del bar de Malasaña que da nombre al libro Ignacio Encabo

Literatura

La crónica generacional de los 60 de Fernando Benzo: “Nos hemos acomodado y aburguesado”

Fernando Benzo llegó a Madrid en el año 83, vivía en La Coruña y regresó a la capital para estudiar. Benzo acaba de publicar Los viajeros de la Vía Láctea (Planeta), una novela generacional que arranca a mediados de los ochenta y viaja en el tiempo con la vida de los protagonistas, cuatro estudiantes universitarios de provincias que comparten piso en el Madrid ochentero. “Esta no es mi vida”, es lo primero que aclara el autor. No conoce a nadie que le haya pasado lo mismo que a los personajes de su libro, pero en La Vía láctea ha estado infinidad de veces cuando tenía 18 o 19 años. 

Nos recibe en la puerta de La Vía Láctea, el emblemático bar del barrio de Malasaña en Madrid que desde 1979 es una referencia en la capital. En este bar arranca la novela cuyo principal narrador es uno de los estudiantes del piso: Javier. Su vida, desde los ochenta hasta la pandemia de 2020, es el eje sobre el que gira todo. “Esto era lo más moderno que había en aquel momento”, cuenta a El Independiente. Los chicos de provincias que entraban en aquel bar sentían que estaban viviendo el Madrid más moderno. “Sin ser conscientes de la Movida, en ese momento no te dabas cuenta, simplemente la música era muy buena, lo pasabas bien y había gente de todo tipo. Pero no tenías conciencia de que estuviese pasando algo importante o histórico, eso se empieza a comprender después”.

“Tendemos a mitificar el pasado”, asegura el escritor. “Aquellos años fueron muy divertidos para unos, pero también fueron duros para otros, había un problema muy grande de inseguridad, un franquismo todavía muy vivo, había problemas de drogas, apareció el Sida.. No era todo felicidad y desmelene, era una sociedad que respiraba una libertad nueva, pero que tenía sus problemas”, asegura. «Qué hemos hecho los de esa generación pues ir acomodándonos y viviendo de una manera mucho más aburguesada de lo que se podía esperar respecto a la juventud que tuvimos», mantiene el autor.

Su novela no se centra en la movida, ni en los artistas y famosos de aquel momento. “Viajeros de la Vía Láctea somos todos, porque todos recorremos un camino en nuestra vida que empieza, como en esta novela, cuando eres un jovencito, cuando no sabes qué hacer con tu vida o qué quieres. Cuando empiezas a madurar las cosas no son como las habías planeado, surgen las primeras dudas, los primeros fracasos, las primeras decepciones y los primeros replanteamientos de lo que estás haciendo”, explica. 

«Viajar a través de La Vía Láctea no es sólo ir a un bar a tomar copas, es vivir»

Foto: Ignacio Encabo

Los que nacimos en los 60 somos fruto de la prosperidad. Eso nos marca y nos condiciona la forma de ser».

Fernando Benzo

Con todo, no es una crónica histórica, “es una crónica sentimental”, que refleja “en qué consiste vivir, qué tristezas lleva consigo, qué alegrías, las relaciones de pareja y las relaciones de amistad”. En Los Viajeros de la Vía Láctea “es muy importante el elemento y el análisis de la amistad, todos escribimos mucho sobre el amor pero poco sobre la amistad y es un sentimiento muy importante que condiciona nuestra vida”, sostiene. 

Esto es lo que ha querido plasmar en su novela, los treinta años de vida de un grupo de amigos; “con su partes alegres, las tristes, sus risas y sus llantos, con todo lo que ocurre en la vida. Viajar a través de La Vía Láctea no es sólo ir a un bar a tomar copas, es vivir”. Los personajes de su novela son representativos de su generación, “es un pequeño balance sobre qué es lo que ha pasado a los nacidos en los sesenta”. El autor echa un vistazo a esa generación para “ver qué ha sido de ellos, qué vivió, cuál ha sido su camino. Es un retrato generacional en el que los personajes representan diferentes tipos de personas de mi generación”, mantiene.

En su novela con los personajes va cambiando como lo hace el país, la sociedad y eso influye en la vida de los protagonistas. “Somos fruto de nuestras amistades, de nuestra familia y de nuestro entorno y de las cosas que ocurren en nuestro tiempo. Mis hijos van a ser fruto de la pandemia, que va a marcar sus vidas para siempre. Mi generación ha tenido la suerte de ser la primera que no ha sido fruto de una guerra, nosotros, los que nacimos en los 60 somos fruto de la prosperidad. Eso nos marca y nos condiciona la forma de ser”.

Obsesión por la música

La música es un elemento fundamental en su novela. “En la vida”, matiza Benzo. “Yo he vivido con mis amigos esas discusiones sobre qué quiere decir la letra de una canción, nos recomendábamos canciones; lo he vivido toda mi vida y sigo siendo aficionado a la música”. Por eso en la novela hay un personaje que parodia aquella obsesión que había por la música entre los jóvenes de entonces.  “Las portadas de los discos eran importantísimas y le dabas mil vueltas sobre por qué en la portada se había puesto una cosa o por qué la otra. 

En la novela la música forma una banda sonora que se puede escuchar en una playlist. Cuidado que no todas las canciones son buenas, ya lo avisa Benzo: “Hay canciones malas que no puedes evitar que te gusten mucho. Hay canciones muy malas, que llevo escuchando 30 años”.

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