Adicciones a las drogas o a los videojuegos, trastornos del sueño o empeoramiento de estados de psicosis… La lista es larga: el aburrimiento puede desencadenar toda una serie de conductas patológicas. La filósofa Josefa Ros Velasco lleva 10 años estudiando sobre el tema, e incluso es la fundadora de la Sociedad Internacional de Estudios sobre el Aburrimiento. En su libro La enfermedad del aburrimiento, habla del dolor que puede generar el sentirse insatisfecho y cómo hacerle frente. La clave, dice, es buscar una huida, algo que lleve a la acción y saque de esa situación de malestar.

Pregunta. Tu libro se titula La enfermedad del aburrimiento. ¿Eso quiere decir que el aburrimiento puede ser una enfermedad?

Respuesta. Sí, por supuesto. Cuando hablamos del aburrimiento en el sentido más común de la palabra, lo podemos experimentar todos a lo largo del día o durante la semana cuando estamos realizando actividades que no nos satisfacen como nosotros esperamos, que ya no representan ningún reto para nosotros. Ese tipo de aburrimiento no se puede considerar en ningún caso una enfermedad. Sin embargo, hay situaciones en las que el aburrimiento es mucho más complicado, nos aburrimos y no somos capaces de deshacernos de ello. En una situación normal cuando te aburres, lo que haces es generar una estrategia de huida, y la llevas a la práctica. Pero cuando no somos capaces de desarrollar esa estrategia, nos quedamos atrapados en el aburrimiento. Ahí es cuando empieza a ser un problema, y cuando se puede considerar una patología.

P. ¿Hay personas que tienden más a aburrirse?

R. Algunas tienen una alta propensión al aburrimiento. Aquí es donde se desarrolla la patología por antonomasia, personas que independientemente de la actividad con la que estén intentando comprometerse o de la circunstancia en la que se encuentren inmersos, siempre se aburren. A veces se quedan en ese estado de deseo, pero miran a su alrededor y no son capaces de elegir algo que les saque de ahí.

P. Vivimos una época en la que prima la productividad, y somos incapaces de parar. Pasamos de una cosa a otra casi de manera automática. ¿Estamos obsesionados con no aburrirnos?

R. No es que en esta época nos aburramos más que en otras porque el aburrimiento o el sentirse insatisfecho es atemporal; pero sí es cierto que somos herederos de la ética capitalista del trabajo. Desde finales del siglo XVIII tenemos la necesidad imperiosa de sentirnos productivos y de sentir que estamos aprovechando el tiempo. Cada vez somos menos religiosos y menos espirituales, y nos damos cuenta de que la vida que tenemos es esta y es corta. Dentro de unos años no queremos echar la vista atrás y pensar que no hemos aprovechado el tiempo lo suficiente o que hemos desperdiciado la vida, tenemos obsesión por experimentar.

P. Si pensamos en el típico domingo viendo una peli de fondo que apenas te interesa, que estás en el sofá sin saber qué hacer y los minutos pesan. ¿Eso es un momento aburrido?

R. Cuando empiezas a tener la sensación de «por qué estoy viendo esto» o «qué rollo de película», eso es aburrimiento. Si estás tirado en el sofá, aunque no esté la televisión encendida, o no estés viendo las redes sociales, y estás mirando al techo, pero pensando en tus cosas y te encuentras a gusto, eso es estar relajado, no aburrido.

P. Una persona «normal» se levanta cada día a la misma hora, va al trabajo y hace el mismo trayecto. Come a la hora de siempre. Vuelve a casa, y al día siguiente repite lo mismo. ¿Tener una rutina y repetir los días aburre? 

Desde finales del siglo XVIII tenemos la necesidad imperiosa de sentirnos productivos y de sentir que estamos aprovechando el tiempo

R. Que tengas una rutina marcada y todos los días hagas lo mismo, no tiene por qué conducirte al aburrimiento. En el entorno laboral, si alguien se dedica a hacer algo que es repetitivo como los trabajos de vigilancia o de datos, esa monotonía acaba dando lugar al aburrimiento. Que te aburras no es lo más importante, si no la consecuencia de tenerlo: menos productividad por parte del trabajador o riesgo de accidente laboral. No es lo mismo si yo trabajo 10 horas, vuelvo a casa con mis hijos, y es algo que yo he decidido voluntariamente, a que vinieran los niños por error o el trabajo no lo escogiera.

P. Cuando pensamos en aburrimiento muchas veces recurrimos a personas que están «atrapadas» en ciertos lugares, como las cárceles o las residencias de ancianos, precisamente un campo en el que has investigado.

R. No es lo mismo que una persona tenga una alta propensión al aburrimiento, que un grupo de personas que debido al contexto en el que se encuentran se aburren constantemente. Es una situación que no nos permite deshacernos del aburrimiento. En una prisión el delincuente tiene actividades, pero igual se aburre porque no son las que él ha elegido. Al igual que en una residencia, hay muchas horas muertas en un entorno pobre de estímulo. A lo mejor tú eres capaz de pensar qué te gustaría hacer, de desarrollar esa estrategia de huida, pero el contexto no te lo permite, y te quedas atrapado en ese aburrimiento.

P. ¿Cómo afecta a la salud de estas personas?

R. Cuando estamos presos de un aburrimiento permanente en el tiempo, que perdura día tras día, lo primero que empezamos a experimentar es una sensación de angustia. Se suele decir que el aburrimiento te permite poner el cerebro en reposo, pero se generan estados de ansiedad, de irritación, de frustración, esto va a llevar al enfado, y puede desencadenar en toda una serie de conductas patológicas, adicciones a las drogas, a los videojuegos, a internet o al sexo. Puede generar trastornos del sueño o trastornos alimenticios, empeoramiento de estados de psicosis o de otras enfermedades como el alzheimer. La lista es enorme.

P. Niegas los eslóganes que aseguran que el aburrimiento te hace «más creativo». ¿No se puede sacar nada bueno del aburrimiento? 

R. Estos eslóganes ignoran que hay personas que no son capaces de liberarse de lo que les está causando el aburrimiento. Cuando escuchamos cosas del tipo «se aburre el que quiere», «el que se aburre es porque está vacío por dentro o no se esfuerza lo suficiente», eso es tanto como decir que «el que está deprimido es porque no se esfuerza lo suficiente para salir de la depresión». No queremos que los demás nos señalen y digan que si nos aburrimos es por nuestra culpa.

No me gusta decir que el aburrimiento nos hace más creativos, prefiero hablar en términos de «reactividad», que te manda a la acción, porque cuando hablamos de creatividad se entiende en un sentido optimista. Gracias a estar aburrido ese domingo por la tarde, vas a desarrollar una conducta original y novedosa, y esto no sucede. La mayor parte de las veces que nos aburrimos, recurrimos a los procedimientos más accesibles. Cuando sentimos ese dolor vamos directamente a lo que conocemos, a las redes sociales, a tomarnos una caña con unos amigos o ponernos una película.

P. Entonces, podemos evitar aburrirnos…

R. Se debe y se puede. Hasta el punto de decir que nos hace creativos yo lo veo engañoso. Ojalá. Algunas personas que de por sí son creativas y hacen un uso óptimo de su aburrimiento, son capaces de reaccionar a su aburrimiento de forma más creativa.