Teclear el término anglosajón bad en Google arroja dos grandes búsquedas: la primera lleva al conejo más pernicioso del universo, el puertorriqueño Bad Bunny; la segunda, a una trepidante artista del Maresme barcelonés que ha convertido el dancehall en la banda sonora de la nueva España. Su Fiebre, que no vírica, se alzó como himno generacional cuando las discotecas eran lugar de peregrinaje para los feligreses que buscaban dislocarse una cadera, pero para Alba Farelo (Barcelona, 1997), Bad Gyal sigue siendo la misma joven que empezó hace años subiendo covers y temas originales en YouTube.

Tras su EP Worldwide Angel (2018), la catalana regresa con Warm Up (2021) arropada por Interscope Records, la multinacional musical que tiene bajo su cartera a artistas como Billie Eilish, Lana del Rey, Lady Gaga, Kali Uchis, Selena Gomez, Kendrick Lamar o el productor puertorriqueño Tainy. Para Bad Gyal, nada ha cambiado: «Si algo no va bien, puedes echarle el sello musical más potente, pero las cosas las tienes que terminar sacando tú adelante», afirma en su entrevista con El Independiente.

Aunque su nuevo lanzamiento cuente con el respaldo de la empresa californiana, «seguimos siendo el equipo de aquí, los que arrancamos». «El sello es muy buena plataforma para distribuir la música en Estados Unidos, pero los pasos van como van, no se puede forzar algo», indica.

Precisamente de su autenticidad nace su versatilidad, pues afirma que hay mucha Bad Gyal de los inicios reflejada en su nuevo proyecto, «de eso se trata, de ir demostrando que una es válida para todo»: «Bad Gyal puede hacer un Fiebre, Bad Gyal puede hacer un 44, Bad Gyal puede hacer Blin Blin«, enumera la artista.

Bad Gyal, fotografiada por Natalia Cornudella.

Así, considera a su Warm Up como una «evolución natural» de los montoncitos de arena que la han ido esculpiendo. «De forma orgánica, siento cada vez más que hago la música que yo escucharía, que dejo los temas mejor acabados, tal y como yo los quisiera escuchar si fuera una oyente», relata. Admite estar «abierta a probar otros géneros», pero su último proyecto la consagra dentro del reggaeton y de los ritmos urbanos que hicieron crecer su semilla.

La catalana baila en aguas salvajes con tiburones acechando la costa en Iconic (añadiendo que el gusto no es algo que se compra, más bien se tiene), te alienta a llamar Zorra a ese ex que fue de listo, pero se quedó sin gasolina en un semáforo y aúna las complejidades de ser mujer en Pussy, un canto a la libertad que ha generado cierta polémica.

Producido por El Guincho (colaborador habitual de Rosalía), el Pussy (con la traducción literalmente literal de coño) de Bad Gyal fue censurado en YouTube y TikTok. «No entiendo cuáles son los parámetros de la censura y cuáles no, pero me dejó flipando que me censuraran ese vídeo», explica.

El vídeo que censuraron a la catalana.

Para más inri, días después de su estreno, la catalana se enfrentó a uno de sus ídolos de la infancia, el artista urbano Arcángel, por cuestionar la libertad de la mujer y poner sobre la palestra el doble rasero y la moral hipócrita de la sociedad cuando una artista decide enseñar su culo entre toma y toma.

Arcángel criticó a las mujeres que explotaban sus nalgas en Instagram, pero ha sido uno de los muchos artistas que ha fomentado la connotación machista del reggaeton por cosificarlas en vídeo sí, canción también. «Él que va a saber, si es el primero que lo decía en sus canciones, cómo no vamos a poder decirlo nosotras», explica Farelo. Con un largo mensaje en Instagram respondiéndole, Bad Gyal apeló a la generalización de que la mujer o es puta o es santa. No hay término medio que valga.

«Hemos adoptado la actitud de hacer lo que queremos y ya está, si nos critican pues nos critican. Lo único que podemos es hacer es seguir siendo como somos y seguir haciendo lo que hacemos», afirma en referencia a las artistas que, como ella, se sienten criticadas por hacer gala de su cuerpo como una bandera de libertad.

El mundo es machista, la sociedad es machista y todos hemos nacido con eso inculcado. Es normal que la gente a veces se posicione más de parte de los hombres»

Bad Gyal, fotografiada por Natalia Cornudella.

«El mundo es machista, la sociedad es machista y todos hemos nacido con eso inculcado. Es normal que la gente a veces se posicione más de parte de los hombres. Juzgan antes un tipo de actitudes en nosotras que en ellos, incluso las propias mujeres lo hacemos a veces», expone Farelo.

Así, considera que es necesario «trabajar» en dichos prejuicios: «Hay que juzgar menos, entender más a todo tipo de mujeres, que cada una se exprese como quiera, vista como quiera, hable como quiera, haga lo que quiera con su vida y con su cuerpo, todo esto es lo básico que hay que ir asimilando para estar todos un poco más en paz».

Veneración al autotune y al conjunto de Versace

La pureza musical sigue siendo uno de los debates que dividen a críticos musicales. La separación de cultura alta y baja es uno de los cartuchos más quemados de la industria, que en ocasiones no considera a los géneros urbanos, frescos o que emplean el autotune de aliciente, como un digno candidato a la alabanza.

Sin embargo, a Alba Farelo todo le da igual. Razón que explica por qué su música ha tenido una acogida cada vez mayor. No hay motivos impostados, no hay parqué de segunda, solo una joven de 24 años con cadenas de oro y conjuntos de Versace que se pasea por la Barceloneta. “Quieres mi genética y también mi look”, dice en uno de sus versos de su tema Iconic. La indiferencia es su personalidad, o parte de ella, y su mayor virtud.

Bad Gyal, fotografiada por Natalia Cornudella.

«Al que no le guste no tengo por qué darle una explicación o prestarle atención, cada uno es libre de escuchar lo que escucha y si quieren decirme que mi música es una mierda, son libres de hacerlo», afirma. Tampoco le importa que las entrevistas que da a los medios se centren en la censura, en los cuerpos esculturales y en las provocaciones protagonizadas por sus nalgas, pues «al final una se acostumbra y no puede estar diciendo ‘ahora no quiero responder esto, ahora no quiero hablar de aquello’, porque tener esa actitud termina yendo en contra tuya».

«Lo que más me molesta es cuando ni siquiera hay un interés por saber nada sobre mi trabajo», concluye la catalana.