Esta columna empieza en una conversación sobre la cultura de los años 60, degustando exquisiteces en Casa Suecia de Madrid, junto a un sueco, una ex estrella de televisión, y, a pocos metros de mí, una fantástica Lola Herrera que se mantiene excepcionalmente bien a sus 86 años, entre otros. Nos hallábamos a punto de entrar a ver nada menos que la última reposición de uno de los filmes gigantes de esa época: 2001, una Odisea en el Espacio. Colas y cine lleno. Y es que aquella década marcó la cultura que heredamos en este siglo.

Todavía al calor del muy recomendable vino caliente Glögg, con su canela y todo, me puse a repasar en voz alta las efemérides musicales de la semana, cuando me topé con la del nacimiento de la primera estrella del rock. Sí, estrella, en femenino. Hoy Janis Joplin hubiera cumplido 79 años. O no. Un ser que llevó la vida que llevó, no hubiese llegado de ningún modo a esta edad, si no toca con los Stones.

En los venerados 60, una mujer no era posible que fuera estrella del rock. Esta realidad, tan lejana ahora, es por donde empieza la leyenda.

Volviendo a la película que luego vimos, acertó en 1968 el gran Kubrick en muchas cosas. Aparecen tarjetas de crédito, un Ipad, inteligencias artificiales con las que hablar, o incluso el uso de film transparente para envolver sándwiches. Pero se equivoca en algo muy importante que hizo revolverse, y con razón, a buena parte de mi mesa: según el cineasta, en 2001, el papel de la mujer continuaría relegado a azafata o madre de familia.

¿Cómo es posible semejante error? Pues porque hay que entender el sustrato en el que se crió y vivió esa estrella de la que ahora escribo, que dejó el mundo con apenas 27 años. Sí, pertenece al triste club de los mitos que nos dejaron con esa edad, que no son pocos. En los venerados 60, una mujer no era posible que fuera estrella del rock. Esta realidad, tan lejana ahora, es por donde empieza la leyenda.

Y, hay que ver cómo son las trampas de la cultura machista heredada, la ex televisiva fue la primera en querer contribuir a estas líneas al proponer un título, no exento de originalidad: “si Jim Morrison hubiera sido mujer”. Bravo, pero… ¿no se trata precisamente de no depender de la figura de un hombre para definir a una mujer extraordinaria? La referencia al líder de “The Doors” no es casual. Ambos coincidimos entre risas que el momentazo de la rockera texana es el instante en el que rompe en la cabeza del susodicho una botella de Southern Comfort por querer propasarse con ella. Cuenta la leyenda que, desde el suelo y recobrando el conocimiento, se acrecentó en el muchacho su admiración por Joplin. “¡Qué gran mujer!”, susurró.

Una admiración que podemos sentir, sin que nos golpee con una botella, en su versión de Summertime, todo un standard del jazz:

No tuvo nada fácil no dedicarse a ser maestra en aquel momento, en una población sureña y con unos progenitores que no quisieron saber de ella cuando supieron sus tendencias bisexuales. Para muestra, un botón: en 1963, Joplin fue elegida como “el hombre más feo del campus” en la Universidad de Texas, donde estudiaba arte. Tal y como era de esperar, no tardó en ser una de las pioneras en el éxodo hacia San Francisco de buena parte de la comunidad “hippie”.

Hay quien fecha su despegue en el festival de Monterey de 1967. Lo cierto es que jamás le dio demasiado crédito a eso de ser estrella, a pesar de ser la primera mujer que lo consiguió en la Historia del Rock, como acredita el emocionado presentador en esta actuación televisiva de 1969:

Aunque no debe ser fácil soportar que tu vocalista empine el codo descaradamente durante un concierto, los miembros de su primera banda, Big Brother and The Holding Company, no quisieron continuar con ella, ni ella con ellos. Pero eso no fue un obstáculo para seguir su camino. Al contrario, se sintió más libre que nunca de usar las 10 horas de espera por caos organizativo en Woodstock para beber y meterse droga en vena.

Como referencias para el lector, en 1974, Leonard Cohen publicó la canción «Chelsea Hotel #2» en la que cuenta su aventura con nuestra homenajeada en el Hotel Chelsea de Nueva York. Y si alguien realmente quiere conocer de cerca la vida y milagros de esta mujer tan singular, puede tratar de imaginar que se parece a Bette Middler en la película “La Rosa”, basada en su vida. El título iba a ser “Pearl”, que era como conocían sus allegados a la cantante, pero los herederos legales no dieron su autorización para que así fuera.

No conocía la pureza de lo que se inyectó una noche mientras esperaba a sus parejas (ella y él) para jugar a tres bandas

Si su relación con la vida fue única, también lo fue la que mantuvo con la muerte. Janis, que siempre se sintió como la reencarnación de la cantante Bessie Smith, le compró una lápida en la que puso “la mejor cantante de blues nunca dejará de cantar”. No conocía la pureza de lo que se inyectó una noche mientras esperaba a sus parejas (ella y él) para jugar a tres bandas. Así se la encontraron en el suelo, ya sin vida. Ocurrió 16 días después de que fuera Jimmy Hendrix quién dejara este mundo. En su testamento, Joplin apartó 2.500 dólares para que se hiciera una fiesta en su honor. Así, el 26 de octubre de 1970 en un local de San Anselmo, California, tuvo lugar la gran celebración de su muerte. Sus padres no asistieron. Y menos mal, porque los brownies tenían “sorpresa” en la receta.

La mujer que pedía a gritos un Mercedes Benz, y que nunca tuvo ninguno, se fue sin lujos, y sin saberse la estrella que fue después, cuando salió el disco que estaba grabando. Así murió el ser humano y nació la leyenda de la primera estrella del rock. Femenina, claro. Como son las estrellas.