Pasan unos minutos de la una y media del mediodía de un domingo de este mes de febrero. Mari Carmen Arribas acaba de regresar de misa, espera la llamada y no tarda en descolgar el teléfono fijo. Su voz limpia, cargada de energía, se escucha al otro lado del auricular: «En mi casa éramos cuatro hermanos y no se enteraron de lo que hacía». Comparte recuerdos, evoca imágenes de otro tiempo, de un país en el que nos resulta difícil volver a imaginarnos.

Se divierte contando sus triquiñuelas: «Yo no decía nada de mi vida. Salía con falda, en la calle se metían conmigo si iba con pantalones. Escalaba en La Pedriza madrileña con Antonio Pérez Ayuso y Antonio Espías y en el coche o la estación de tren me cambiaba, vistiéndome con la ropa que guardaban mis amigos. Así empecé a principios de 1950. Y mira, lo conseguí. He hecho muchas cosas y estoy feliz». Arribas tiene 87 años, es una gran alpinista y escaladora. Una mujer que rompió el corsé del convencionalismo: «En la montaña me siento feliz. Libre y feliz».

«¿Qué os parece?» «¡Olé! ¡Una pionera! ¡Es un referente!» Al comentar con Cecilia Buil y Miriam Marco que la tercera protagonista de esta entrega de Retos de Altura sería Arribas, su reacción fue la de dos mujeres auténticas que reconocen ser parte de una historia que construimos entre todos, la del alpinismo en España. Personas como Mari Carmen Arribas o Isabel Izaguirre han sido arietes que abrieron el acceso de la mujer a la montaña y lo hicieron con pasión. «Estos mayores son un ejemplo, he escalado con Gregorio Villarig, que tiene 77 años, varias vías en Riglos y estoy encantada y orgullosa de haberlo hecho», señala Cecilia Buil.

«Lo que nosotras somos se lo debemos a su coraje. No hay comparación con el riesgo que asumió Arribas subiendo al Cervino en los 60 con la misma cumbre en la actualidad. Lo que antes era muy expuesto, es más accesible. Para encontrar lo que ella buscaba en Alpes tienes que ir a Pakistán, a Georgia o a Sudamérica. «Miriam Marco pondera ese factor de incertidumbre que asumes, con ello nos ayuda a valorar la importancia de una escalada en Alpes en la pasada década de los 60.

En estos tiempos de adanismo, de inventores de la pólvora que te cuentan tu historia y reinterpretan tu vida, reconforta escuchar a personas respetuosas y cabales. Decididamente, la gente de montaña es singular… Atiéndase que singular se aplica a algo excelente o raro, que de todo hay.

 

Cecilia Buil escalando en hielo en Flaatjokull, Islandia.

Cecilia Buil escalando en hielo en Flaatjokull, Islandia. DAVID MUNILLA

Comparando la foto que abre este artículo -Arribas aplicada en registrar su ascensión al Diente del Gigante, una de las más espectaculares cimas del macizo central de los Alpes- con la que precede a estas líneas, una gran instantánea de David Munilla que capta la potencia de Cecilia Builen en una pared de hielo, queda patente la extraordinaria evolución que han experimentado la escalada y el alpinismo. El casco, el impermeable, el piolet que agarra con la mano izquierda, la cuerda que rodea el torso de Arribas… Basta comparar esos elementos con los que porta Buil. Equipo y ropa ligeros, resistentes, ergonómicos, más seguros y eficientes.

¿Qué destacar en más de medio siglo desde los inicios de Arribas? «Tenemos la libertad de hacer lo que queramos gracias a mujeres como ella. Vamos a vías más difíciles y las superamos más rápido gracias a la evolución del material y el equipamiento», recuerda Miriam Marco que recientemente, en un vídeo de Jeff Lowe en la cara norte del Eiger, se fijó en la mochila que llevaba. Con motivos fundados señala la importancia del despliegue y eficacia de los servicios de rescate: «En 2014 tuve un gravísimo percance en El Congosto del Ventamillo, cerca de Benasque –la caída de una piedra le abrió el cráneo- y la rápida intervención del Servicio de Montaña de la Guardia Civil (Greim) me salvó la vida. En menos de una hora desde la llamada de auxilio entraba en quirófano en Zaragoza. Si eso sucede en los tiempos de Arribas no lo cuento». En 2017 coinciden dos aniversarios: cincuenta años del Greim y de las mochilas de expedición de Lowe Alpine.

Todo lo anterior es irrefutable, la mejora del equipamiento, las comunicaciones y los servicios de rescate. Sin embargo, la gran evolución en la práctica del alpinismo en España, al menos en lo que concierne a la mujer, no aparece en estas fotos, late detrás de ellas, es inasible, inmaterial. Quizá la encontremos en ese trajín, en ese quita y pon, de su falda y pantalón de escalada, que refería divertida Mari Carmen.

¿Hacia qué infinito lugar / lanza sus ojos?
En sus manos / cabe toda geografía de la Tierra
y en su gesto / un paisaje lunar / se llena de silencios.
Etnología: Mujer, Monegros. José Antonio Labordeta.

Miriam Marco en Montrebei.

Miriam Marco en Montrebei.

Cuando a una escaladora se le pregunta si siente miedo y cómo lo enfrenta, quien lo inquiere se adentra en un ámbito muy personal. Si respetas a la interpelada sientes pudor al hacerlo. Remember Me es una miniserie producida por BBC, una historia de fantasmas. Mark Addy, el metalúrgico reconvertido en stripper en The Full Monty, interpreta a un inspector de Scotland Yard que renuncia al ascenso. ¿El motivo? Le cuesta mucho trabajo decir a la gente lo que tiene que hacer. Describía esta escena a Cecilia y Miriam a modo de disculpa por entrometerme en su intimidad con preguntas que puede no apetecerles contestar, aunque por educación lo hagan. Se rieron.

«Si estoy en un paso complicado y siento que empiezo a dudar, me giro, no miro a la pared, lo hago al paisaje y pienso en algo totalmente ajeno, qué voy a hacer de cena o qué jersey me voy a poner». Son los trucos de Miriam Marco. «Debes vaciar la mente si quieres seguir avanzando. Necesitas una concentración máxima y el miedo te la va quitando. Si es un riesgo que quieres asumir sigues adelante; si decides no hacerlo, te das la vuelta y vas por otro lado, no pasa nada. Al ir de primera en una cordada y estar abriendo la vía de escalada no sabes lo que vas a encontrarte. Muchas veces he parado y buscado pasos menos comprometidos. Te das la vuelta en una pared igual que una ochomilista ceja en su empeño, porque te faltan las fuerzas, el tiempo está cambiando o psicológicamente estas agotada».

«El miedo aparece al salir de tu zona de confort. Del mismo modo que es natural buscar aventuras, lo es sentir temor a lo desconocido. En el momento en el que vas a superarte en un terreno alpino, con grandes paredes, en un entorno muy salvaje, por supuesto que lo sientes, es normal. Debes aprender a gestionarlo. Quitarle importancia, aceptarlo. Dejarlo en una sensación física». Para Cecilia Buil el límite de control está en «saber que se secará la boca, que subirán las pulsaciones, que puede temblarte un poco la pierna. Si no pasa de eso, si no provoca ansiedad, que es el momento en el que puedes descontrolar y sufrir un ataque de pánico, sin llegar a este punto crítico, el miedo nos puede servir para tener más atención y rendimiento».

Le preguntamos también a Mari Carmen Arribas y con la rotundidad de sus ochenta y siete años respondió: «Nunca lo he sentido. En el Cervino tuve que hacer un paso dificultoso porque a Anibal -su marido- le daba terror y le dije quita, quita, quita me puse al tran tran y pum, pum, pum, lo pasé. «Sabes, no he tenido miedo porque me gustaba tanto la montaña que lo veía todo fácil». Son de otra de raza.

«Cuando escalas en hielo el agua se esconde detrás, percibes que te desplazas sobre aire helado. La Lipton Ice, me inspira mucho. Es la cascada más bonita que he visto». Cecilia Buil dirigió el primer Equipo Nacional Femenino de Alpinismo en 2008, es una deportista de primer nivel. «En el Karakorum me di cuenta de que sin mejorar mi técnica en hielo estaba muy limitada. Al principio me disgustaba, pasaba frío… El hielo es muy efímero. Se forma, engorda, evolucionas sobre él, dejas marcas de los piolets, de los tornillos que pones para asegurarte. Todas esas heridas desaparecen al terminar el invierno. Me encanta pasar sin dejar rastro».

Apasionada de las grandes paredes heladas en recónditos parajes, Cecilia, que partió la semana pasada a Canadá, apunta la principal diferencia entre escalar roca o superficies heladas: la mayor dependencia de factores externos. «En la roca es menor, sólo si está lloviendo o hay nieve no debes intentarlo. El hielo exige unas buenas condiciones, es la mejor manera de limitar su peligro potencial. Si la temperatura es muy baja se vuelve más frágil. Debe alcanzar un punto óptimo de plasticidad. Estudio detenidamente las características de la ascensión. Una vez que tengo todo pensado, preparado y estoy convencida de que es escalable y estable, voy con confianza. El resto lo hace el material y mi entrenamiento. Aunque siempre tienes la incertidumbre de si vas a pasar o no. Esa es la duda y la gracia que te impone la vía».

A la izquierda, Mari Carmen Arribas (primera por la derecha) en un curso de escalda en La Pedriza en los años sesenta. En la imagen de la derecha, Miriam Marco, (segunda por la derecha) con clientas en una actividad invernal, en la actualidad.

A la izquierda, Mari Carmen Arribas (primera por la derecha) en un curso de escalda en La Pedriza en los años sesenta. En la imagen de la derecha, Miriam Marco, (segunda por la derecha) con clientas en una actividad invernal, en la actualidad.

Más de medio siglo ha transcurrido desde la primera monitora a la primera guía con la máxima cualificación.

El carné que acredita la condición de monitora de la Escuela Nacional de Alta Montaña, expedido a nombre de Mari Carmen Arribas, tiene fecha de 25 de junio de 1964, fue la primera mujer en proponérselo y lograrlo. Cincuenta y tres años después, en la próxima primavera, Miriam Marco será la primera española en obtener la chapa de la UIAGM, la Unión Internacional de Guías de Montaña, la máxima cualificación que se puede alcanzar. No es fácil lucir esa chapa.

El origen de esta organización internacional se remonta a La Compañía de Guías de Chamonix, creada en 1821 después de un grave accidente por las exigencias de un cliente, el Dr. Hamel, consejero del Zar de Rusia. En Viaje de un español por el levante, editado en Nueva York en 1833, se anota la existencia de la asociación: «Allí cerca está un pueblo llamado Chamoni, donde luego que se llega se da parte al juez para que nombre los guías que han de dirigir al valle. Estos guías son un cierto número, hacen su fatiga por turno y vienen prevenidos de bastones con punta de hierro para ellos y para los que acompañan». Hoy la UIAGM vela por la formación y profesionalidad de sus miembros. Javier Garrido, hasta hace poco presidente de la asociación española, ha sido una persona decisiva en el reconocimiento de la valía de nuestros guías de montaña. Lo contaremos en una próxima entrega.

«En mayo del año pasado fui al Refugio Giner de Los Ríos en La Pedriza con motivo de su centenario -recuerda Arribas-, y una de las mujeres que asistía al acto me saludó, yo no la conocía. Me dijo: Pero si fuiste tú mi profesora de escalada. Eran unas chicas muy majas, me hacían mucho caso. Yo les decía que nunca fueran con una persona que no estuviese bien preparada: no vayáis con cualquiera, que sepáis vosotras que son buenos chicos escalando».

«Si estoy trabajando como guía no arriesgo lo mismo que al ir sola, señala Marco. Con clientes tu asumes una responsabilidad por los demás, así que el rango lo bajo muchísimo». Pese a no tener recuerdos del accidente, en ocasiones sí nota que le ha podido influir en cambios de actitud: «Me enfado con la gente al ver que no presta atención a la roca, que no pone todos sus sentidos en lo que está haciendo». No es para menos, un descuido ajeno a ella le pudo costar la vida.

Cecilia Buil en la cascada de hielo de La Sarra, Valle de Pineta.

Cecilia Buil en la cascada de hielo de La Sarra, Valle de Pineta. DAVID MUNILLA

Escribe Eduardo Martínez de Pisón en sus Cuadernos de Montaña, citando a Guido Magnone: «Este sueño extraordinario del escalador: olvidar su peso paralizador, sus débiles medios humanos, para tomar posesión de la verticalidad».

Cecilia Buil asiente: «El alpinismo del futuro continuará la búsqueda de la verticalidad y le sumará la dificultad de la altitud y de los lugares remotos e inhóspitos». Y nosotros que lo podamos contar.


Retos de Altura aproxima el mundo de la montaña sin aspavientos ni dramas. Sus personajes, gente anónima con arrojo y temple. El último domingo de cada mes en El Independiente.