Empiezan las contracciones, se rompe la bolsa amniótica o cualquier otro signo alerta a la madre de que el bebé está preparado y quiere salir. Hasta aquí, la historia del comienzo de la nueva vida de cualquier madre en España. Sin embargo, lo que pasa a partir de ese momento y en las horas siguientes sí puede cambiar. Y mucho.

Lo normal en España es que la mujer acuda a un hospital, así se produjeron en 2015 el 99,63% de los partos naturales a término, más todas las cesáreas y partos prematuros, hasta los 412.266 nacimientos de ese año. Un porcentaje mayoritario que dibuja, junto a otras estadísticas, cómo es dar a luz en España: casi un 25% de cesáreas, un 40% de episiotomías y hasta un 90% de anestesias epidurales son los datos medios de muchos hospitales, según explica Soledad Carreguí, matrona del Servicio de Partos en el Hospital de la Plana en Villarreal, experta en humanización del parto hospitalario.

La tasa de cesáreas en España es del doble de lo que recomienda la OMS

Son porcentajes que superan en gran medida las recomendaciones de la OMS, que hablan de tasas “no tolerables” de cesáreas a partir del 10-15%, prácticamente la mitad de las que se producen en España. “A nivel de población, las tasas de cesárea superiores al 10% no están asociadas con una reducción en las tasas de mortalidad materna y neonatal”, afirma la OMS en su documentación sobre partos. También en el caso de las episiotomías los números que dejan los hospitales españoles superan, en general, el 30% recomendado por la OMS.

Estos datos son cuestionados por cada vez más profesionales sanitarios y especialmente matronas, y a ello se une la tendencia a humanizar el parto, es decir, a buscar que la mujer recupere el protagonismo y la toma de decisiones. “La obstetricia en España y en general en los países mediterráneos es muy invasiva”, opina también Carlos Piñel, ginecólogo del hospital Quirón San José. “Las cosas se hacen muy mal, porque los profesionales no tienen la paciencia que requiere la obstetricia y que, lejos de ser una tontería, tiene unos beneficios inmensos”, añade.

España tiene la mitad de matronas por nacimiento de la media de la OCDE

La falta de paciencia de la que hablan los especialistas tiene también que ver con la cobertura sanitaria. En 2015, el ratio de matronas en España era de 31,6 por 100.000 mujeres, menos de la mitad de la media de los países de la OCDE, que es de 69,8. También se queda en la mitad el ratio de matronas por nacimiento, ya que en España hay 12,4 matronas por cada 1.000 nacimientos, mientras que la media de la OCDE es de 25,9. Unas cifras que necesariamente provocan, asegura la Federación de Asociaciones de Matronas de España, que “las españolas no puedan recibir la misma atención que en otros países europeos”.

España incumple las recomendaciones de la OMS

Las recomendaciones de la OMS también están recogidas en España en un documento aprobado por el Gobierno en 2007, la Estrategia de atención al parto normal en el Sistema Nacional de Salud, “pero está muy parado y muchos hospitales siguen sin tenerlo en consideración”, explica Carmen Cáceres, matrona y miembro de la directiva de la Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME).

Entre las recomendaciones que aún no se siguen en muchos hospitales están, además de la generalizada práctica de la episiotomía o el abuso de las cesáreas, otras como el rasurado perineal y la administración de enemas rutinarios o la obstaculización de la presencia de un acompañante para la mujer durante todo el parto. Este último aspecto, recoge la estrategia gubernamental, está relacionado con menos necesidad de analgesias y anestesias, partos instrumentalizados, cesáreas o insatisfacción. “Las episiotomías no evitan los desgarros, en mi hospital tenemos una tasa del 7% de episiotomías y sin embargo el mismo ratio de desgarros”, critica Carreguí.

Las episiotomías no evitan los desgarros”, advierte la matrona Soledad Carreguí

Permitir a las mujeres que puedan ingerir alimentos, especialmente líquidos, durante todo el período de dilatación es otra de las recomendaciones de la OMS que aún se prohíbe en muchos hospitales. Ocurre lo mismo con la apertura de una vía venosa periférica a las mujeres por rutina o la realización de tactos vaginales más allá de los mínimos imprescindibles. El documento también hace referencia a la necesidad de ofertar métodos alternativos a la epidural para combatir el dolor.

La posición para dar a luz es otra de las cuestiones cuyas recomendaciones no se respetan en la mayoría de los hospitales. Mientras que la OMS recomienda que se permita a la mujer parir en la posición que espontáneamente prefiera, en la mayoría de los hospitales sólo se oferta la posición decúbito supino (boca arriba), que es precisamente una de las menos recomendadas. Matronas y médicos que promueven el parto humanizado denuncian la falta de formación de los profesionales sanitarios en cualquier otra postura. “Las matronas quieren estar cómodas y por tanto no permiten que las mujeres puedan parir de otra manera si ellas no la conocen, falta formación”, dice Carreguí.

Detrás de todas estas prácticas contrarias a las recomendaciones de la OMS y en general de la medicalización de los partos, se esconden en el pequeño porcentaje que dejan esas estadísticas, algunas prácticas en aumento que reflejan otras formas  -más o menos seguras- de nacer.

El nacimiento lotus

Una de ellas es el nacimiento lotus. Si una mujer elige dar a luz de esa forma, tras nacer el bebé no se corta el cordón umbilical y se le mantiene unido a la placenta hasta que ésta se caiga, lo que puede ocurrir varios días después y siempre después de que ésta se ha podrido. Una práctica que desde su popularización en España, hace poco tiempo, ha estado rodeada de polémica por considerarse insegura y exenta de beneficios demostrables.

“Lo que sí aporta un beneficio es no cortar el cordón inmediatamente, sino esperar unos minutos hasta que deje de latir. Pero más allá de eso mantenerlo no aporta nada y sí un posible riesgo”, advierte Piñel. Se trata, además, de un procedimiento que necesariamente habrá tenido que realizarse en casa, ya que en los hospitales es muy complicado: “Para sacar restos biológicos de un hospital hay que conseguir un montón de permisos, nos encontramos muchas veces con problemas para sacar la sangre del cordón umbilical cuando los padres quieren guardarlo en un banco, pues con esto sería prácticamente imposible”, asegura Piñel.

En el nacimiento lotus no se corta el cordón umbilical, se espera a que se separe de forma natural de la placenta

La OMS habla de ese “pinzamiento tardío”, que no se realiza hasta que el cordón no deje de latir (unos 120 segundos). Pero no recoge esta práctica, que sobre todo llevan a cabo doulas (asistentes de parto para mujeres que habitualmente han realizado cursos de formación de unas 40 horas) sin las necesarias condiciones de seguridad. “Este ritual no aporta ningún beneficio, lo único que puede aportar es un riesgo de infección si durante todo el proceso no hay un profesional sanitario que lo supervise”, advierte Cáceres.

Siembra de la vagina

Una de las claves que de este “ritual” es la no intervención en la fisiología de la madre y el bebé, para que todo se desarrolle lo más naturalmente posible. Ese es el mismo objetivo de otra de las opciones que se han puesto de moda en los últimos tiempos, la llamada siembra de la vagina.  En este caso el objetivo es compensar, tras un parto por cesárea, la ausencia del proceso fisiológico. La siembra de la vagina consiste en que la madre se ponga una gasa en la vagina y aplicar después esos flujos sobre la piel, boca y ojos del bebé tras su nacimiento.

La intención es que el neonato entre en contacto con las bacterias presentes en el canal vaginal, con el objetivo de aumentar algunas bacterias intestinales y reducir el riesgo de ciertas enfermedades. Sin embargo, las evidencias científicas vuelven a brillar por su ausencia tal como escribió en un editorial el British Medical Journey.

Estas prácticas carecen de evidencia científica pero son cada vez más frecuentes

“No hay evidencia científica sobre este procedimiento y por tanto no podemos recomendarlo”, afirma Cáceres sobre la postura de las matronas en este sentido.

Placentofagia

También se califica generalmente de insegura la placentofagia o la ingesta de la placenta tras el parto. Aunque en este caso la práctica se ha encontrado en muchas culturas desde tiempos ancestrales, como recuerda Piñel, “tampoco hay beneficios científicos demostrables”. Además, algunos expertos hacen referencia a la función del órgano como filtro para que los tóxicos no lleguen al bebé. “La placenta es una especie de riñón, un filtro para que las sustancias nocivas no lleguen al bebé, por lo que comérsela podría ser dañino y provocar una intoxicación”, afirma Cáceres, que remite a un artículo del nutricionista Julio Basulto sobre la ausencia de evidencia alguna de que la práctica pueda ser beneficiosa.

Pero, ¿por qué están aumentando las prácticas que pueden llegar a poner en riesgo la salud de la madre y el bebé? Para las matronas, una de las causas es que “la mujer quiere recuperar la autonomía que el sistema sanitario le ha quitado”. Carreguí cree también que “la falta de información da pie a las fantasías y a la dificultad para filtrar las modas”.

Algunas mujeres creen que la cesárea es una cirugía menor, pero todo lo contrario”

Para Piñel, responde de igual forma a la falta de información, que hace a las mujeres pasar de un extremo a otro: “Las mujeres llegan muy confusas, algunas vienen reclamando directamente que les haga una cesárea, porque creen que es mejor para el bebé y para ellas. Piensan que la cesárea es una cirugía menor pero todo lo contrario, hay que abrir un órgano, varios músculos… es una cirugía mucho más agresiva que, por ejemplo, cualquier laparoscopia”. Piñel también desmiente que la cesárea sea mejor para el recién nacido, “es posible que en cierta medida el bebé sufra menos, pero también nace mucho menos activo, como si no estuviera preparado para nacer, le faltan las secreciones hormonales y otros procesos que vive a través del parto”, afirma el ginecólogo. En datos, el riesgo de lesiones es siete veces mayor en un parto por cesárea que en uno natural, incide.

La solución pasa, por los profesionales, por la verdadera humanización del parto. En primer lugar, por que se cumplan las recomendaciones de la OMS, especialmente a través de la formación y dotación de los profesionales. Y para las matronas, además, por el fomento de espacios menos medicalizados como las llamadas Casas de parto, muy comunes en países como Inglaterra e inexistentes en España salvo, de carácter privado, alguna experiencia en Cataluña.

Las Casas de Parto promueven un parto más humanizado en un ambiente familiar

La catalana es también la primera comunidad autónoma que ha proyectado casas de parto públicas y que, según lo previsto, abrirán a partir de otoño de 2017. Se trata de espacios situados en zonas independientes al hospital, con luz natural, bañeras y sillas para el parto, camas grandes, espacios amplios para pasear y en definitiva un espacio familiar que cree intimidad y familiaridad a la madre.

Cáceres destaca, no obstante, que para ésta y el resto de prácticas como los partos en domicilio, es necesario que la mujer haya tenido un embarazo sin complicaciones y que se considere de bajo riesgo. “Para nosotros sería ideal que este tipo de prácticas se promoviera en toda España y que luego cada mujer pueda elegir de qué forma parir: con o sin epidural, en una casa o en el hospital, pero que no se arrebate a las mujeres la capacidad de decidir durante el parto”, reivindica Cáceres. Carreguí comparte la mayor: “Siempre con la máxima seguridad, pero es muy necesario que en España se empiece a nacer de otra manera”.