La hora de llegada al colegio suele coincidir con la hora punta del tráfico, que especialmente en grandes ciudades produce elevados niveles de contaminación atmosférica. Una contaminación que no resulta inocua para el cerebro de los niños: desarrollos cognitivos como el de la memoria de trabajo se ven ralentizados, según un nuevo estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (IS Global), que está desarrollando una amplia investigación dentro del Proyecto Breathe.

El último de los hallazgos de este proyecto, publicado en la revista Environmental Pollution, se basa precisamente en el impacto que produce la contaminación atmosférica en el cerebro de los niños durante el trayecto al colegio, cuando lo hacen a pie. “Es una hora en la que los niveles de contaminación aumentan exponencialmente y sabemos que un impacto agudo puede tener efectos más importantes que una exposición crónica”, destaca Mar Álvarez-Pedrerol, investigadora de IS Global y project manager del Proyecto Breathe. “La cercanía al foco de contaminación es clave, por ejemplo la exposición aumenta por ocho cuando se cruza la calle”, añade.

La exposición a la contaminación aumenta por ocho cuando se cruza la calle

El estudio, que se ha realizado en más de 1.200 niños de entre siete y 10 años de 39 escuelas de Barcelona (en áreas con más y menos tráfico), ha medido los niveles de contaminación de PM2.5 y carbono negro y su relación con la memoria de trabajo y la capacidad de atención. Mientras que esta última no se vio afectada, sí lo hizo la memoria de trabajo, cuyo crecimiento se ralentizó entre un 3,9 y un 4,6% por cada aumento del 25% aproximadamente de los niveles de contaminación.

Esta investigación se une a otra ya presentada hace algunos meses que evaluaba la contaminación que los niños recibían en el interior del colegio y cuyas conclusiones resultaron en la misma línea. “Mientras que la memoria de trabajo de los niños de escuelas menos expuestas al tráfico creció una media del 11,5% en un año, la de los niños de escuelas con mayores niveles de contaminación lo hizo en un 7,5%”, explica Álvarez-Pedrerol.

Los efectos, reversibles

Un dato positivo es que los efectos de esta contaminación parecen ser reversibles. Al menos así se pudo concluir en otro de los estudios del proyecto, que realizó resonancias magnéticas a los pequeños para evaluar los cambios cerebrales y ver si se producían a nivel funcional y estructural. “Vimos cómo el cerebro variaba a nivel funcional, pero su estructura quedaba igual, por lo que el efecto sería reversible”, afirma la investigadora del proyecto.

Los niños son más vulnerables a la contaminación que las niñas

Otra de las conclusiones de ambos estudios es que los niños se ven más afectados que las niñas a la contaminación. “No sabemos la causa, pero tenemos una hipótesis relacionada con la también mayor vulnerabilidad de los niños a trastornos del comportamiento tipo TDAH”, apunta Álvarez-Pedrerol, que indica que tendrán que ser nuevas investigaciones las que aporten más datos en este sentido.

Recomendaciones

El nuevo estudio ha medido el efecto que tiene para los niños ir al colegio caminando, pero los investigadores han querido destacar que también yendo en coche o en transporte público existe exposición a la comunicación. “Para nada queremos animar a que los niños dejen de andar al colegio. De hecho, hay estudios que aseguran que el efecto de la contaminación se puede contrarrestar con el ejercicio físico”, incide Álvarez-Pedrerol, que sí realiza algunas recomendaciones, fundamentalmente orientadas para los colegios:

  • Si se puede, escoger la vía menos transitada para caminar al colegio.
  • Ventilar las aulas aprovechando las horas de menor tráfico.
  • Si en el colegio utilizan productos químicos para limpiar, hacerlo en horas alejadas de las que los niños permanecen en el colegio.
  • Buscar aumentar los espacios verdes, ya sea a través de huertos urbanos, de jardines verticales o cualquier espacio que se pueda aprovechar