Crecen discretos en el centro de la ciudad. Si se pasa rápido, uno puede no darse cuenta siquiera de que están ahí. Pero sí están y, además, cada vez son más. Zanahorias, fresas y acelgas crecen en los huertos urbanos mientras los vecinos cultivan valores y aprenden mucho más que horticultura. Ecología, solidaridad o el valor del esfuerzo son solo algunos de los que suman siempre a la cosecha.

A tan solo unos metros de la concurrida rotonda de Francos Rodríguez en Madrid, el huerto Zuloaga es uno de los que podría pasar desapercibido. Unos 300 metros cuadrados de tierra, una caseta y 10 bancales hechos con listones de antiguos bancos de la ciudad forman este espacio, que gestiona el AMPA del colegio Ignacio Zuloaga aunque está abierto a todos los vecinos del barrio.

Uno de esos vecinos es Jorge Tabernero, Taber, padre de familia y una de las almas que dan vida a este huerto: “A mí se me morían los cactus. No tenía ni idea de lo que es un huerto, pero poco a poco todos hemos ido aprendiendo. Afortunadamente en este barrio quedan aún muchos abuelos que vienen del campo y que a veces, cuando entras, te dicen: mira niño, eso hazlo mejor así”.

«A mí se me morían los cactus. No tenía ni idea de lo que es un huerto, pero todos hemos ido aprendiendo»

Taber lleva ya unos seis años aprendiendo horticultura. Primero desde un solar abandonado que les cedió una vecina y luego, cuando ésta lo reclamó para construir una casa a su hija, desde el solar municipal donde ahora se erige el Huerto Zuloaga. “Este huerto es una reivindicación de los vecinos, que pedimos hacer algo en lo que era un descampado que solo servía para aparcar coches. Después de mucho pedir nos lo cedió el Ayuntamiento en 2014, nos puso la valla y la caseta y nos dio lo necesario para empezar”, recuerda.

Así se convirtió el huerto Zuloaga, en la regularización de 2015, en uno de los huertos comunitarios municipales de Madrid. El Ayuntamiento de la capital tiene un programa en el que se incluyen unos 50 huertos urbanos comunitarios, en solares municipales, a los que el Consistorio ha aportado el vallado, la tierra y todo el acondicionamiento básico para arrancar, ya que luego son los vecinos los encargados de mantener el proyecto.

Los huertos urbanos surgen en Madrid en 2010 cuando los vecinos empiezan a ocupar espacios

El responsable de ese programa es Rafael Ruiz López de la Cova, jefe del Departamento de Educación Ambiental del Ayuntamiento de Madrid, que explica el espíritu del proyecto: «Esto no lo organiza el Ayuntamiento, surge del movimiento vecinal en 2010 cuando los vecinos empezaron a ocupar los espacios. Lo que hizo el Ayuntamiento fue tratar de ir equipando esos espacios y regulando la situación. Nosotros les acondicionamos el espacio y luego les apoyamos en lo que podemos, pero son ellos los que lo llevan adelante. El único requisito que ponemos es que el huerto esté abierto a todos los vecinos y que no se comercialice con lo que se produce», afirma Ruiz.

En los huertos urbanos, todos colaboran por igual para realizar cada tarea.

En los huertos urbanos, todos colaboran por igual para realizar cada tarea. Giulio M. Piantadosi

En el centro de ese apoyo está el Huerto del Retiro. En el corazón del parque madrileño, cerca de la puerta del Ángel Caído, está el huerto ciudadano que es además corazón de la red de huertos de Madrid. Para ser hortelano en este huerto hay que ganar un sorteo: «Tenemos tanta demanda de los vecinos que cada noviembre se apuntan unas 250 personas, pero no cabemos tantos y hay que hacer un sorteo que ganan 50», explica Alberto Díez, educador ambiental en este huerto, que llaman el «huerto pijo». «Aquí, como somos del Ayuntamiento, tenemos toda la maquinaria. Pero la prestamos a todos los huertos que nos la piden y les damos asesoramiento en todo lo que podemos», afirma. Además, del huerto del Retiro – junto con los invernaderos anexos del parque – salen cada año 120.000 plantones agrícolas de tomates, pimientos, lechugas y berenjenas que se dan a toda la red de huertos de la comunidad.

El del Retiro produce unas 120.000 plantas agrícolas para toda la red de huertos

Porque los huertos urbanos comunitarios son solo una de las patas del programa, que también ha extendido los huertos a los colegios (más de 150) y a otros centros municipales como centros de salud, de mayores o bibliotecas. En total, más de 250 en la región. «Hemos descubierto y estamos aprovechando su carácter educativo y terapéutico y entre todas las actividades, cada año pasan por los huertos entre 7.000 y 8.000 madrileños», asegura Ruiz.

Hortelanos de todas las edades

Una tarde cualquiera en el huerto, puedes ver a un padre con sus hijos, una abuela o dos jóvenes, pues el perfil de los hortelanos es muy variado, coinciden quienes van. «Me parece que es el único lugar donde conviven por igual, con el mismo estatus y aprendiendo unos de otros, gente de todas las edades y todos colaborando en una misma tarea y haciendo algo parecido», dice Taber.

Los huertos son de los únicos lugares donde aún puedes ver gente de todas las edades compartiendo tareas

Dependiendo del huerto, los vecinos se organizan como quieren para las labores de mantenimiento. «En Zuloaga lo normal es que por las tardes veas a algún hortelano, los viernes viene algún profesor con sus alumnos en horas extraescolares [ya que este huerto lo gestiona el AMPA del colegio Ignacio Zuloaga], pero sobre todo venimos los padres con los niños los fines de semana», cuenta Taber. En el Retiro, al ser municipal, están algo más organizados y se dividen miércoles por la tarde y sábados por la mañana. Pero en el resto los vecinos van cuando quieren y utilizan un diario para ir apuntando las labores realizadas y las pendientes. Eso o, en los últimos años, un grupo de WhatsApp que ha ido sustituyendo al antiguo diario. «Es más cómodo, incluso en otros de gente muy joven lo han sustituido por un diario online que todos editan», dice el hortelano del Huerto Zuloaga.

Lo que sale de la huerta es lo de menos

Pese al orgullo que sienten al ver crecer las acelgas y lo ricas que están las fresas – y de la que damos fe los aquí firmantes -, los hortelanos coinciden en que la cosecha es lo de menos. «¿Que qué hacemos con lo que sale? Esto no es un huerto, es un laboratorio social y para niños. Aquí te puedes equivocar y el resultado da igual porque lo que importa es el proceso. Aquí se aprende que los tomates cuesta cultivarlos, que cuesta tiempo y esfuerzo», cuenta Taber.

«Esto no es un huerto, es un laboratorio social. Aquí te puedes equivocar y el resultado da igual, lo que importa es el proceso»

Lo que se recoge, se lo reparten los hortelanos que estén cada día. «A veces nos pasa como ahora con las fresas, que crecen de forma invasiva y si entra un vecino le decimos que se lleve alguna», dice el de Huerto Zuloaga. De esa forma ayudan a crear relaciones entre vecinos y hacen crecer el barrio. «Como dice uno de los miembros de la red, aquí se siembran valores y se cosechan intangibles», dice Ruiz, «lo más importante es el componente social, el aprendizaje colectivo y el apoyo entre unos y otros», añade.

Los huertos urbanos, un movimiento en auge

El último informe de la consultora Gea21, con datos de 2015, recoge más de 500 huertos urbanos en toda España, con una superficie de 2,4 millones de metros cuadrados. El movimiento, que en el año 2000 era casi inexistente (apenas 10 huertos), ha crecido de forma constante, como explica Gregorio Ballesteros, consultor de Gea21: «La crisis económica y los numerosos beneficios ambientales y sociales de los huertos han dado lugar a un importante movimiento para favorecer su creación en las ciudades. También habría que tener en cuenta la creciente toma de conciencia por amplios sectores de población de la importancia que tiene el consumir productos que se cultivan de forma ecológica y son cercanos».

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Ballesteros es, además, optimista frente al futuro. «Junto al crecimiento cuantitativo de los huertos urbanos también se ha producido un crecimiento importante de la literatura relacionada con este fenómeno. Se han realizado numerosos trabajos fin de carrera y tesis doctorales en las diferentes universidades de nuestro país, se han publicado artículos en revistas especializadas y se han escrito varios libros analizando el fenómeno de los huertos urbanos en diferentes ciudades, lo que está influyendo en una mayor toma de conciencia de técnicos y políticos», asegura.

Barcelona

Algunos de los más importantes ejemplos en España, además de Madrid,  lo protagonizan ciudades como Barcelona, donde los huertos urbanos también crecen desde hace años y están ahora en el centro de la nueva estrategia de política alimentaria del Consistorio. El pasado marzo anunciaba su apuesta por extender los huertos urbanos comunitarios, escolares y sociales así como la difusión de bancos de semillas de variedades locales.

Sevilla

También en Sevilla hay un potente programa de huertos urbanos en marcha. La capital andaluza quiere ser, según decía su alcalde Juan Espadas el pasado febrero, la capital «con la red de huertos urbanos más potente de España». El proyecto de la ciudad ha sido resumido en el documental Semillas en el asfalto. Actualmente la ciudad cuenta con 13 huertos y el proyecto es ampliarlo a 31.

Vitoria

Otra ciudad con una gran tradición de huertos urbanos es la capital de Álava. Vitoria cuenta con huertos municipales desde 1998, cuando surgieron ya como alternativa a los huertos familiares que habían proliferado de manera desordenada, algunos en zonas de dominio público. El Ayuntamiento ofrece las huertas a personas (que hayan hecho el curso municipal de horticultura ecológica) por cuatro años.  en base a las condiciones establecidas en la Ordenanza Municipal de uso de los Huertos Urbanos Municipales de Vitoria-Gasteiz. Las parcelas se ceden por un periodo de 4 años. Además, la ciudad cuenta con huertos de centros cívicos, escolares y de otras entidades.