Marta tiene un trastorno del espectro autista y ha firmado hace poco su primer contrato de trabajo.

Marta tiene un trastorno del espectro autista y ha firmado hace poco su primer contrato de trabajo. Aleph Tea

Vida Sana

Ellos también quieren (y pueden) trabajar

Los trastornos del espectro autista apenas están identificados en España. En el sistema educativo se han dado pasos para la inclusión pero el gran muro se encuentra en su acceso al mundo laboral. Se calcula que menos del 15% tiene un empleo aunque es clave para su desarrollo.

Marta apenas puede explicar con palabras qué le gusta de su trabajo y menos aún cómo ha cambiado su vida desde que tiene un empleo. Pero esta joven de 25 años, que tiene autismo asociado a una discapacidad intelectual, es otra desde que trabaja un día a la semana en el comedor del colegio Cortes de Cádiz en Madrid.

El trabajo es fundamental. Simboliza su paso de niña a adulta, allí la valoran y es una más”, afirma el padre de Marta.

Lo que le ha aportado a Marta su primer contrato laboral lo transmite ella con la energía que desprende cuando te enseña y describe las fotos en las que aparece trabajando (a las personas con este trastorno se les da mejor comentar lo que ven que explicarlo) y lo confirma su padre, amplia sonrisa cruzando su cara, cuando explica cómo disfruta Marta repartiendo el pan, rellenando las jarras de agua o charlando con sus compañeros. “El trabajo es fundamental. Simboliza su paso de niña a adulta, allí la valoran y es una más. Además sabe que tiene que ser responsable y está encantada”, cuenta su padre, Tomás, uno de los fundadores de la asociación Aleph TEA para personas con trastornos del espectro autista (TEA) desde donde llevan años trabajando en la inclusión laboral del colectivo como una herramienta indispensable para su desarrollo.

Los datos a nivel internacional hablan de que sólo el 15% de las personas con TEA tiene un empleo. “Aquí no tenemos datos, pero en España seguramente son menos”, afirma Ruth Vidriales, directora técnica de la Confederación Autismo España. Vidriales explica que la prevalencia de estos trastornos se calcula del 1% de la población, lo que implicaría unas 460.000 personas en España. “Sin embargo aquí no hay ningún registro, tan sólo uno general de trastornos del desarrollo que no llega a las 30.000 personas”, añade. Su asociación está actualmente recopilando datos de las comunidades autónomas para elaborar un estudio que aporte luz a nivel nacional.

En España se calcula que menos del 15% de las personas con TEA tiene un empleo

En ese único registro oficial que existe actualmente, además, Vidriales asegura que apenas hay personas de más de 20 años, lo que implica que el ratio de identificación de TEA en personas adultas es prácticamente nulo. Entre las razones que explican esta dificultad de diagnóstico se encuentra el amplio espectro de este trastorno, que varía desde personas como Marta, que necesitan más apoyos y tienen asociada una discapacidad intelectual o algún otro trastorno neurológico, a otras cuyas dificultades se circunscriben a las habilidades sociales y comunicativas.

Specialisterne busca candidatos a trabajar

Ese es el caso de Albert, licenciado en Derecho y Administración de empresas, que hasta los 30 años se preguntó sin descanso qué le pasaba. “Hacía muchas entrevistas de trabajo pero no me cogían. Era consciente de que algo me pasaba, sobre todo por la gran ansiedad que sufría. Me vieron muchos profesionales pero nadie me decía nada en claro, hasta que con 30 años una psiquiatra me diagnosticó síndrome de Asperger”, cuenta Albert por teléfono, cuatro años después, desde su trabajo en Barcelona.

Albert era licenciado pero no conseguía un trabajo. A los 30 años le diagnosticaron Asperger

Albert trabaja en Specialisterne, una compañía danesa instalada en España desde 2013 que emplea exclusivamente a personas con TEA (autismo leve o síndrome de Asperger, en este caso) en trabajos administrativos e informáticos. “Nuestro proyecto lo impulsó un informático danés que tenía un hijo autista y a día de hoy hemos contratado a más de 100 personas en España. Actualmente necesitamos trabajadores, tenemos más demanda que oferta”, afirma Francesc Sistach, director general de Specialisterne para España, Italia y América Latina.

En esta compañía, que funciona como una asociación sin ánimo de lucro en Dinamarca y en España es una S.L. “social” según sus fundadores, los candidatos no necesitan tener estudios previos y al entrar acceden a una formación de cinco meses de duración en la que se les prepara para el trabajo de consultores informáticos o administrativos. “La formación es gratuita gracias a las subvenciones y se les prepara tanto técnicamente como para la para la parte sociolaboral, la que normalmente les genera mayor dificultad. Se les enseña a comunicarse y enviar emails de forma adecuada, a trabajar en grupo y a planificar tareas”, explica Sistach. Después, los trabajadores son contratados directamente por Specialisterne como consultores para trabajar para terceras empresas, tanto en las oficinas de Specialisterne como en las del cliente.

Specialisterne emplea a personas con TEA y trabaja para BBVA, Microsoft o Sony

“Trabajamos con empresas como Everis, Sony, BBVA, Microsoft o Sabadell”, afirma Sistach, “les ofrecemos un servicio cuya demanda crece cada día más en este mundo de datos”.  En el mundo del big data, el principal punto fuerte de las personas con Asperger o autismo leve es un valor en alza. “Su pasión por los detalles, su perseverancia, su gran capacidad de concentración, gran memoria y buen análisis de datos les hacen, por ejemplo, muy buenos para las pruebas de software. Rinden por encima de la media”, explica Sistach. “Sus puntos débiles son las dificultades de comunicación e interacción social, y la falta de flexibilidad, por eso hay que prepararles para los posibles cambios y necesitan contar con un coach laboral que les acompañe siempre en el trabajo”, añade.

El coach es también indispensable para la sevillana Mª José, que a sus 40 años sólo lleva dos diagnosticada con un trastorno del espectro autista. Ella trabaja de vendedora en la cadena de moda Kiabi, con la que la Asociación de Autismo de Andalucía ha firmado un convenio. “Hasta el diagnóstico no entendía muchas cosas. Cuando la gente me hablaba no la entendía y por eso se me olvidaba lo que me decían”, relata. “El trabajo me ha aportado vida y felicidad. Desde coger un autobús para otro pueblo que no conozco a atender a la gente, el trabajo me ha dado mucha autonomía, autoestima y seguridad en mí misma”, añade Mª José, que no obstante lleva desde los 20 años desempeñando distintos trabajos de limpieza y hostelería.

Aunque el apoyo que necesitan sea bien diferente, tanto Marta como Albert y Mª José necesitan un coach que les acompañe de forma continuada en su trabajo. Y aquí está la clave. “No se trata de preguntarse cuántos de quienes tienen TEA pueden trabajar, sino qué apoyos necesitan y a qué trabajos pueden acceder. Si el entorno es el adecuado, estas personas tienen mucho que ofrecer”, afirma Vidriales.

Romper el muro de acceso al empleo

Aquí es donde el Estado tiene más por hacer. Si el sistema educativo está comenzando a especificar el trato a los niños con TEA y su adaptación al sistema educativo, el gran muro se levanta desde la formación para el empleo y es mayor aún en el acceso al mundo laboral. “Ahora está empezando a organizarse un poco el tema de los niños, pero no hay absolutamente nada sobre servicios de orientación, de vida independiente, de empleo o participación comunitaria para personas con TEA”, reivindica Vidriales.

El gran muro se levanta desde la formación para el empleo y es mayor aún en el acceso al mundo laboral

“El Real Decreto que regula el empleo con apoyo en España nombra los TEA hace una mención al autismo en la exposición de motivos, pero después no se habla más ni de los servicios de los que podrían beneficiarse ni de ningún otro tipo de apoyo o ayuda”, añade Vidriales. Coincide Esther Santos, responsable del programa de iniciación laboral en Aleph TEA, “no hay financiación estable, los únicos recursos que hay son subvenciones puntuales al sistema asociativo, no hay continuidad”.

Los pasos que se van dando son lentos, reconocen los implicados, pero al menos el movimiento asociativo va dando pasos y viendo los frutos en personas como Marta, Albert o Mª José. Ellos son muy diferentes, pero no lo son tanto los beneficios que les aporta el trabajo: reducir la ansiedad, aportar autonomía y seguridad en sí mismos a la vez que contribuyen a la sociedad.

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