Llegó desde China hace unas pocas décadas rodeada de todo el teatro y ritualismo de las pseudoterapias. Y caló hondo. Las agujas de la acupuntura se clavaron en la sociedad occidental como solución a casi todo al “restablecer el equilibro energético”. A pesar de que hoy se sabe que la acupuntura no funciona, se oferta para dejar de fumar, aumentar la fertilidad, adelgazar, la depresión, paliar el dolor, la ansiedad y un sin fin de enfermedades. “No mejora ninguna de las enfermedades estudiadas”, ha concluido la mayor y más reciente revisión de estudios científicos sobre acupuntura hecha hasta el momento.

En concreto, la revisión recopila análisis realizados por Cochrane Collaboration sobre el uso de la acupuntura en 60 enfermedades, como rinitis alérgica, asma, artrosis, depresión, epilepsia, esquizofrenia, migrañas, acné o endometriosis, y en condiciones como dolor neuropático, náuseas, autismo y dependencia a la cocaína. La conclusión es siempre la misma: no hay evidencias que avalen su eficacia.

Si alguna persona siente alivio con la acupuntura es debido al efecto placebo. “El placebo se dispara a corto plazo en pacientes con patologías que no tienen una evolución concreta, como el dolor o la ansiedad”, explica Vicente Baos, médico de atención primaria. “En el dolor o la ansiedad influye mucho la psique”, apunta Elena Campos, biotecnóloga y presidenta de Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas. Sin embargo, un tumor o una enfermedad infecciosa seguirá su curso aunque el placebo cambie la percepción que el paciente tiene de sus síntomas.

¿Si la acupuntura alivia el sufrimiento a través del efecto placebo debería ser aceptada?

En España no se contempla en la cartera de servicios de la sanidad pública, que reconoce que no hay evidencias que sustenten su utilidad, aunque pueden practicarse en las unidades asistenciales «técnicas de estimulación periférica con agujas». Las patologías que se tratan con mayor frecuencia son el dolor lumbar, dolor miofascial, dolor de cabeza, ciática, problemas de hombro, codo de tenista, migraña y osteoartritis de la rodilla. “Algunos médicos sostienen que el punto principal de cualquier intervención médica es que alivie el sufrimiento de los pacientes, independientemente del mecanismo. ¿Si la acupuntura alivia el sufrimiento a través de un poderoso efecto placebo debería ser aceptado como un tratamiento útil? Desde el punto de vista científico es una opción difícil de aceptar”, cuestiona desde la Organización Médica Colegial, que considera la acupuntura una pseudoterapia.

La acupuntura consiste en la inserción de agujas finas en puntos específicos del cuerpo elegidos basándose en las teorías tradicionales chinas sobre el equilibrio energético (el ying y el yang). “No hay ninguna correlación fisiológica entre los puntos de la acupuntura y el sistema periférico y central. Es pura fantasía”, asevera Baos, también profesor de patología médica en el Grado de Fisioterapia en el Centro Universitario La Salle.

La técnica se ha practicado en el lejano Oriente desde hace más de 3000 años. La mayoría de los médicos occidentales lo consideraban poco más que una curiosidad cultural. “A partir de la apertura de China, aumentó el interés. Había médicos que viajaban un año al país para aprender y aplicarlo en Occidente a su regreso”, comenta Vicente.

“La técnica gozó de cierto prestigio durante un tiempo por la confusión que generaron los resultados de algunos estudios científicos, que concluían que funcionaba de alguna manera desconocida. Ahora se sabe que son estudios mal diseñados, sin rigor y con datos manipulados”, apunta Baos, miembro muy activo del Círculo Escéptico y de ARP-SAPC. La flauta sonó cuando todos y cada uno de los estudios hechos en China sobre acupuntura resultaban ser favorables.

Retrasa el acceso a un tratamiento eficaz

“La acupuntura no es inocua. Un paciente puede retrasar el acceso a un tratamiento eficaz, además por supuesto, de perder su dinero. Y si sustituye el tratamiento médico por acupuntura las consecuencias pueden ser fatales”, advierte Campos. “Hay casos de traumatismos en órganos internos e infecciones, como la hepatitis o el VIH”, recuerda. Un caso muy sonado fue el de la yudoca olímpica canadiense Kim Ribble-Orr que en el año 2013 sufrió un neumotórax cuando su masajista, que había hecho un curso de medicina china durante unos pocos fines de semana, le intentó quitar el dolor de cabeza mediante acupuntura.

La acupuntura no es una especialidad sanitaria, la puede hacer cualquiera

La falta de control en la titulación, formación y práctica es un grave problema. “La acupuntura no es una especialidad sanitaria, por eso la puede hacer cualquiera”, denuncia Baos. En un paseo por las calles de una ciudad española uno se encuentra con multitud de establecimientos donde ofertan sesiones de acupuntura. En los hospitales privados también es habitual incluir este servicio. “Según la normativa siempre ha de estar un profesional sanitario presente. Esto no está sucediendo. Cuando nos reunimos con Sanidad el año pasado expusimos esta situación, pero nos dijeron que no pueden inspeccionar cada lugar donde se hace acupuntura”, lamenta Campos.

Si el paciente tiene algún problema de salud derivado del uso de acupuntura seguramente no consiga compensación. «En España, en general, es muy muy complicado demostrar la culpabilidad del verdugo ya que ante el juez tiende a prevalecer una hipotética libertad de elección del paciente», explica Campos. Sin embargo, los últimos datos del CIS indican que los ciudadanos están mal informados; la amplia mayoría de usuarios de prácticas no convencionales las emplea porque cree en su capacidad curativa incluso por encima de las terapias avaladas científicamente.