“Quiero que mi perro coma lo que un lobo en libertad”. Bajo esta filosofía el veterinario Héctor Martín se encuentra de vez en cuando con visitas a sus clínicas Malasaña y Chueca (Madrid) de clientes que defienden dar a sus canes carne cruda. Es la llamada dieta BARF (Biologically Appropriate Raw Food).

“Un carlino o un caniche no se parecen mucho a un lobo, no me los imagino desgarrando un muslo”. Subraya Martín la obviedad. Pero la dieta basada en trozos de ave o filetes para perros se ha convertido en una moda peligrosa para cánidos y humanos.

Según un nuevo estudio publicado esta semana en Vet Record (British Medical Journal), es un problema en particular para los bebés, los ancianos y las personas con problemas inmunitarios conviviendo con perros. La razón está en la proliferación de microbios.

A diferencia de los piensos, las carnes crudas no se tratan con calor, ni se liofilizan, ni se pasteurizan

Muchos productos alimenticios crudos para animales domésticos contienen altos niveles de bacterias peligrosas. A diferencia de los piensos, las carnes crudas no se tratan con calor, ni se liofilizan, ni se pasteurizan, procesos necesarios para matar a los patógenos. Las BARF “se basan en los despojos que no se han sometido a ningún tipo de tratamiento para reducir el contenido microbiano, por lo que existe el riesgo de que existan patógenos”, explica desde Uppsala (Suecia) la autora principal en el estudio Ingrid Hansson, del Departamento de Salud Pública Veterinaria de Universidad de Ciencias Agrícolas.

Suele argumentarse que en la naturaleza eso nunca ha sido un peligro. Los lobos se han alimentado siempre cazando otros mamíferos. Y perros y lobos comparten el 98% de su genoma. Sin embargo el argumento flaquea si pensamos que humanos y gatos compartimos un nada desdeñable 90%. Y personas y moscas nos asemejamos genéticamente hasta en el 50% de nuestro ADN. ¿Deberíamos adaptar nuestra dieta a la de esos animales?

De la salmonela a la contaminación fecal

En las clínicas veterinarias se encuentran con preguntas de quienes pretenden alimentar a sus perros con “carnes de ave, pavo, pollo… son las que suelen llevarse la palma. También hay una moda de utilizar conejo”, explica Martín e El Independiente. En el estudio analizaron carne cruda o huesos u órganos comestibles de: vacas, pollos, corderos, pavos, cerdos, patos, renos o salmones. Algunos de los productos también incluían verduras, fibra vegetal y minerales. Todos, fabricados por 10 empresas diferentes con origen en Suecia, Noruega, Finlandia, Alemania o Reino Unido.

En las muestras se encontraron especies de enterobacterias; Clostridium perfringens, Salmonella y Campylobacter. Las 60 muestras contenían especies de Enterobacteriaceae, que son indicadores de contaminación fecal y bajos estándares de higiene.

En la mitad de las muestras se superó el umbral máximo de bacterias tolerado por la regulación de la UE

Los niveles variaron bastante entre los diferentes fabricantes y, en algunos casos, entre los diferentes productos de la misma empresa. Pero el 52% de 21 de las muestras contenían niveles que excedían el umbral máximo establecido por las regulaciones de la Unión Europea (UE) de 5.000 bacterias por gramo.

Eso sí, no se puede correlacionar directamente la presencia de la mayoría de estas bacterias con el desarrollo de infecciones. Sin embargo, en un tercio de las muestras se halló E. coli (que puede provocar diarreas) o la clásica salmonela, típica en carne cruda de pollo,  que se traduce en salmonelosis. Se encontraron especies de Salmonella en 4 de las 60 muestras, mientras que se encontraron especies de Campylobacter en tres muestras de tres fabricantes diferentes.

Este es un nivel relativamente bajo, pero posiblemente debido a que las especies de Campylobacter son muy sensibles a la congelación, dicen los investigadores. “Es muy probable que Campylobacter estuviera presente en más muestras antes de ser congeladas, con niveles muy altos, ya que algunas logran sobrevivir al proceso”, señalan las investigadoras.

Salmonella y Campylobacter son especies zoonóticas de bacterias, capaces de pasar de los animales a las personas y causar infecciones. Las regulaciones de la UE no permiten la presencia de salmonela en ningún alimento para animales.

Un perro en compañía de una niña

Los niños son más vulnerables al contacto con bacterias de perros que han comido carne cruda Europapress

Problemas urinarios y nutricionales

“Hay una moda con la dieta BARF. En algunos sitios las venden congeladas con ciertas garantías sanitarias. Pero la gente que la hace en casa no la ultracongela. De unos cinco años a una parte hay un repunte importante”.

A eso se suman los problemas de abusar de una dieta considerada húmeda. “La dieta húmeda puede tener sus ventajas para el sistema urinario. Y es cierto que puede ser más palatable para el perro (le sabe mejor) respecto al pienso seco. Pero para eso tendría que ser perfectamente equilibrada”, explica Martín.

Tanto con la carne cruda como con comida natural preparada, “hemos visto un incremento de problemas con el aparato urinario. Perros que empezaban a orinarse en casa. Nos ha ocurrido y al principio nos volvía un poco locos. Ves la dieta y suele haber un exceso de sodio. Sobre todo con comida llamada natural“; piezas de pollo, por ejemplo, que sí están cocinadas como para humanos.

Lo mismo ocurre con una dieta completamente cocinada, pero propia de humanos. “Puede estar muy bien formulada. Hay nutricionistas profesionales a los que se puede contratar, pero es difícil de llevar a cabo y no te la puedes saltar. No lo recomiendo para nada en cachorros”. Los expertos suelen desaconsejar, en todo caso, dar huesos cocinados a los perros, ya que se pueden astillar con facilidad y provocarles heridas en su aparato digestivo.

Los animales se pueden acostumbrar con facilidad a una dieta. “Cuando hay que cambiársela y diseñar una específica por motivos de salud podemos encontrarnos con un problema”.

Con todo, el veterinario cree que lo importante es que, se decida lo que se decida, se haga con toda la información y no basándonos en bulos o creencias erróneas.

Dieta BARF con menos riesgos

Las autoras del estudio sueco y la Asociación Británica de Veterinaria hacen varias recomendaciones si se decide alimentar a un perro con carne cruda. Sin entrar en la formulación adecuada, para reducir el riesgo de infección y resistencia a los antibióticos la comida cruda para perros debe:

  1. Ultracongelarse y mantenerse en el congelador hasta su uso, descongelando a no más de 10ºC
  2. Mantenerla separada de otros alimentos
  3. Usar un equipo de cocina específico o lavarlo bien después de su uso
  4. Cuidado con los líquidos: las bacterias en los jugos de la comida cruda pueden salpicar y propagarse a otros alimentos y superficies
  5. Los perros pueden transferir bacterias al acercar sus hocicos a las personas inmediatamente después de comer
  6. No usar carne cruda en la alimentación canina si el perro toma antibióticos. Se puede aumentar la resistencia bacteriana

La vicepresidenta junior de la Asociación Británica de Veterinaria, Daniella Dos Santos, añade que “no recomendaría hacer una dieta de alimentos crudos en el hogar sin una guía veterinaria, debido al potencial de deficiencias nutricionales en las dietas caseras”.

 

Perros y gatos veganos

En el otro extremo argumental están quienes sostienen que los animales domésticos no deberían comer carne ni productos de origen animal. “Hay piensos veganos para perros y gatos”, recuerda Martín. “Los gatos –carnívoros estrictos– es difícil que lo acepten”.

Perros y gatos necesitan una fuente de taurina, que se obtiene naturalmente de la carne

En general, estas mascotas necesitan una fuente de taurina, “que se obtiene naturalmente de la carne, así como un aporte de proteína que, para un gato, tiene que ser alto”. Las de origen vegetal no cumplen con los objetivos nutricionales deseables para felinos.

Martín respeta las decisiones sobre la alimentación de sus humanos compañeros y entiende que haga esto por “razones de conciencia”, pero “quizás se esté equivocando al haber elegido mascota. Un conejo es un vegano estricto”.