Susana (52 años) fue sometida a una intervención de hernia discal por las fuertes molestias que le provocaba. Esta primera operación tuvo lugar hace más de seis años, pero como no aminoraba la intensidad tuvo que ser sometida nuevamente a una segunda. En todo este proceso hasta la actualidad acude de forma continua a la unidad del dolor de su hospital correspondiente ya que el dolor se ha cronificado. Entre mediación farmacológica y a la espera de un nuevo tratamiento, la mujer detalla a El Independiente cómo ha cambiado su vida.

«Lo peor es no poder hacer una vida normal, antes trabajaba y ahora voy por mi tercera baja laboral. Era mucho más activa, el dolor no me permite serlo», explica Susana. «Antes salía a caminar, hacer ejercicio, algo prácticamente imposible. Ya de por sí es incapacitante, pero te mina la moral». Asimismo, la pandemia actual ha provocado consecuencias importantes en las personas que lo sufre. Según eHealth Lab, investigadores de los Estudios de Ciencias de la Salud y de la eHealth Center de la UOC, ha revelado que un 70% de las personas con dolor crónico han empeorado en su intensidad, la frecuencia de los episodios y la interferencia de este en las actividades de su vida diaria.

En un estudio de 502 pacientes, en un 88% mujeres de entre 30 y 59 años con dolor de larga duración —una media de siete años—, se detalló que la mayoría (87’6 %) tenía dolor en más de un punto, siendo el abdomen, las lumbares y el cuello las localizaciones más frecuentes. Asimismo, los resultados mostraron que la inseguridad laboral, las preocupaciones respecto del futuro, el número de personas cohabitando en el mismo hogar, el hecho de tener a alguien cercano que ha muerto por Covid-19 o el miedo de infectarse pueden estar relacionados con un empeoramiento del dolor.

  • Un hombre con una rodillera sufriendo de dolor en la articulación
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Un paciente, un tratamiento

Si antes el estrés y los cambios de tiempo eran los más frecuentes, durante el confinamiento un número elevado de participantes citaron la preocupación por el futuro, los problemas de sueño, la inseguridad, los pensamientos negativos, la tristeza, la soledad, el sedentarismo y el miedo de contagiarse como desencadenantes. En una entrevista con El Independiente, el doctor Alfonso Vidal, director de la Unidad del Dolor del Hospital Sur de Alcorcón perteneciente a Quirón Salud, explica cómo estas aflicciones continuadas requieren un «abordaje personalizado» e individual.

Lo más importante es un correcto diagnóstico y adaptarnos específicamente a la dolencia de la persona»

Alfonso Vidal, director de la Unidad del Dolor del Hospital Sur de Alcorcón perteneciente a Quirón Salud

«Nuestra actitud general como profesionales es adaptarnos específicamente a la dolencia y a la persona. Lo más importante es un correcto diagnóstico, nos permite establecer medidas más o menos intensas o intervencionistas», asevera Vidal. «Lo primero de todo es la educación sanitaria, hay que corregir el estilo de vida en cuestiones como la alimentación o la postura. A esto se le añaden medicamentos vía oral, más o menos fuertes, o medidas más intrusivas». Además, el doctor detalla que este dolor neuropático no guarda relación, por ejemplo, con un dolor de muelas.

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    Hospital Sur de Alcorcón. Foto: Quirón Salud

De ahí que muchos tratamientos que se emplean a día de hoy son muy tecnológicos. Desde visiones directas, espacios de radiofrecuencias u hondas que matizan y regulan nervios, estimuladores o reservorios, entre otros. «Todo en línea con el sistema nervioso, de ahí tratamientos que tratan de reconducir el funcionamiento de los nervios que dan sensibilidad a una determinada zona», detalla Alfonso Vidal. En último lugar, el experto subraya que la actitud del propio paciente es fundamental en todo el proceso, ya que «tiene que tomar la iniciativa», ya que es el «propio beneficiario o perjudicado».

Las TIC, la nueva oportunidad

«Es importante que las personas puedan aprender a vivir con este dolor, y que se puedan centrar en conseguir sus objetivos vitales. Eliminarlo por completo es difícil, pero aprender a afrontarlo es posible», detalla por su parte Rubén Nieto, es especialista en comprensión, evaluación y tratamiento de los problemas de dolor desde un punto de vista multidimensional. Desgraciadamente, muchas personas no tienen acceso a estas intervenciones, ya que hay pocos centros que ofrezcan tratamientos desde esta perspectiva.

En esta línea, las TIC se perfilan como una herramienta útil para acercar este tipo de tratamiento a los pacientes. «Representan una oportunidad para mejorar el bienestar, dado que pueden facilitar el acceso a intervenciones basadas en el evidencia con un coste asequible. Y pueden aumentar la autonomía y empoderar la persona», reconoce Nieto. Para el investigador, hay que aprender de la experiencia de la pandemia en el uso de las TIC en la salud. «Las posibilidades son infinitas, desde la clásica teleconsulta, hasta soluciones basadas en inteligencia artificial, pero antes es imprescindible planificar y probarlas», explica.

  • Una persona con dolor de cabeza
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Una terapia psicológica adecuada

El dolor es parte de la persona, no es algo independiente y afecta a varios aspectos de un individuo»

Héctor González, DOCTOR EN PSICOLOGÍA (UCM)

Por su parte, el doctor en psicología Héctor González expone a El Independiente cómo el dolor en sí es una «experiencia emocional desagradable». «El dolor agudo se vincula siempre con emociones negativas. El miedo que nos duela más, a hacer cosas que nos lo agraven, que este nunca se pase. A esto se le añade la tristeza, ya que el dolor nos ensombrece con ira y enfado», argumenta. «Además con la pandemia estamos en un estado de tristeza generalizado, de ahí el agravamiento de algunos casos de dolor crónico».

A esto se le añade cómo muchas personas terminan desarrollando cuadros de depresión o ansiedad, ya que la tristeza interfiere, según las propias palabras de también profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid, de «forma más duradera». «Hay personas que terminan centrando toda su vida entorno al dolor, de ahí el agravamiento de algunas patologías. Es importante abordarlo desde una perspectiva integral, psicosocial. El dolor es parte de la persona, no es algo independiente y afecta a varios aspectos de un individuo».