La administración Trump acaba de presentar las nuevas recomendaciones dietéticas federales con un giro que rompe décadas de consenso nutricional: mantequilla, carnes rojas y lácteos enteros recuperan un lugar central en la pirámide alimentaria oficial de Estados Unidos. El documento, más breve que ediciones anteriores, propone priorizar el consumo de proteínas y reducir de forma drástica el azúcar y los productos altamente procesados, bajo un lema que el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., ha repetido como consigna política y cultural: “Comer comida real”.

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Las Dietary Guidelines for Americans 2025-2030Recomendaciones dietéticas para los estadounidenses–, elaboradas conjuntamente por los departamentos de Salud y Agricultura, recomiendan cocinar con mantequilla o sebo de vacuno, consumir carnes rojas sin azúcares añadidos ni aditivos y optar por lácteos enteros sin edulcorantes. Unas recomendaciones que a buen seguro serán aplaudidas por los propietarios de las steakhouses donde políticos y legisladores de Washington dirimen diariamente los destinos del país y del mundo.

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El planteamiento contrasta con años de advertencias oficiales contra las grasas saturadas y la carne roja, y sitúa estos alimentos en una posición preferente dentro del patrón dietético propuesto por el Gobierno federal.

Vuelven las grasas saturadas

El texto insiste en que los adultos deben ingerir entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilo de peso corporal al día, entre un 50% y un 100% más de lo que hasta ahora se consideraba necesario para cubrir las necesidades básicas. La proteína puede proceder tanto de fuentes animales –carne roja, aves, pescado, huevos o lácteos– como vegetales, aunque las directrices no priorizan estas últimas pese a que parte de la literatura científica asocia su consumo con menores riesgos cardiovasculares.

El documento mantiene formalmente el límite tradicional de grasas saturadas –no más del 10% de las calorías diarias–, pero introduce una recomendación que muchos nutricionistas consideran contradictoria: “priorizar” alimentos ricos en ese tipo de grasas, como el queso curado, la mantequilla o la carne de vacuno. Un solo filete de unos 225 gramos puede, de hecho, superar ese umbral diario.

Se mantiene la guerra al azúcar

En otros apartados, las nuevas guías se alinean con recomendaciones ya conocidas. Promueven el consumo de frutas y verduras, eligen el aceite de oliva como grasa preferente –pese a la preferencia de la mantequilla para cocinar– y endurecen el discurso contra el azúcar añadido. Se aconseja evitar las bebidas azucaradas y retrasar la introducción de azúcares añadidos en la dieta infantil hasta los 10 años, un cambio significativo respecto a pautas anteriores, que fijaban el límite en los dos años.

También se refuerza el rechazo a los alimentos “altamente procesados”, una categoría que el documento define de forma amplia e imprecisa: desde snacks salados y dulces hasta productos con colorantes derivados del petróleo, edulcorantes bajos en calorías o conservantes artificiales. Aunque no se emplea de forma explícita el término “ultraprocesados”, el enfoque coincide con una de las banderas del movimiento Make America Healthy Again impulsado por Kennedy.

Guía de referencia para comedores escolares

Las guías dietéticas federales, que se actualizan cada cinco años, tienen un impacto directo en los menús de escuelas, hospitales, prisiones, bases militares y programas de asistencia alimentaria. Por ello, el giro ha generado inquietud entre organizaciones de salud pública y expertos en nutrición, especialmente por la promoción implícita de alimentos ricos en grasas saturadas.

Kennedy ha defendido el cambio como una ruptura necesaria con lo que considera décadas de políticas erróneas e influenciadas por la industria de los alimentos procesados. Sin embargo, al menos dos de los expertos que han asesorado en la redacción del nuevo documento han trabajado o recibido financiación de los sectores cárnico o lácteo, un dato que ha alimentado la polémica.

Las directrices han sido respaldadas oficialmente por la Asociación Médica Estadounidense, pese a que esta misma organización ha criticado recientemente otras decisiones del secretario de Salud, en particular su revisión del calendario de vacunación infantil. La tensión entre consenso científico, agenda política y guerra cultural en torno a la alimentación vuelve así a situarse en el centro del debate público estadounidense.

Más allá de los matices técnicos, el mensaje que emana de la nueva pirámide es inequívoco y simbólicamente potente: después de años de demonización, la mantequilla y la carne roja regresan al corazón de la dieta recomendada por el Estado. Una corrección nutricional para unos, una apuesta ideológica para otros, que redefine qué significa hoy “comer bien” en Estados Unidos.

Qué recomiendan las nuevas directrices dietéticas de EEUU

Priorizar proteínas
– Consumir entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilo de peso corporal al día.
– Fuentes recomendadas: carne roja, aves, pescado, huevos, lácteos enteros, así como legumbres, frutos secos, semillas y soja.
– Evitar carnes con azúcares añadidos, almidones refinados o aditivos químicos.

Volver a las grasas “tradicionales”
– Incluir lácteos enteros sin azúcares añadidos.
– Cocinar preferentemente con aceite de oliva, pero se admite también mantequilla o sebo de vacuno.
– Mantener el límite general de grasas saturadas por debajo del 10% de las calorías diarias, aunque se priorizan alimentos que las contienen de forma natural.

Reducir drásticamente los ultraprocesados
– Evitar alimentos “altamente procesados” como chips, galletas, bollería, dulces y snacks salados.
– Limitar productos con colorantes artificiales, conservantes, edulcorantes bajos en calorías y aditivos químicos.
– Reducir de forma significativa los hidratos refinados (pan blanco, tortillas de harina, crackers).

Azúcar: tolerancia mínima
– Evitar las bebidas azucaradas.
– No introducir azúcares añadidos en la dieta infantil hasta los 10 años.
– En adultos, no más de 10 gramos de azúcares añadidos por comida.

Frutas, verduras y cereales
– Consumir 3 raciones diarias de verduras y 2 de fruta, preferiblemente enteras y poco procesadas.
– Priorizar cereales integrales ricos en fibra (2–4 raciones al día) y reducir los refinados.

Dietas vegetarianas y veganas
– Advertencia explícita sobre riesgos de déficits nutricionales (vitaminas A, D, E, B12, hierro, calcio, zinc, proteínas).

Alcohol y sal
– Beber menos alcohol, sin fijar umbrales concretos.
– Mantener el consumo de sodio por debajo de 2.300 mg diarios en la población general.

Mensaje central
– Dieta basada en “comida real”, alimentos reconocibles y preparados en casa, con el objetivo declarado de reducir la obesidad y las enfermedades crónicas.

Fuente: Dietary Guidelines for Americans 2025–2030