Cuando se está resfriado es muy habitual buscar remedios para la supresión de los síntomas y la reducción de la duración de la afección. Durante cierto tiempo, la discusión giraba en torno a la vitamina C, pero la evidencia científica ha cambiado el enfoque señalando a la vitamina D, que no sólo participa de forma directa en el sistema inmunitario, sino que favorece que, además, la restituya con mejor reacción contra infecciones en el tracto respiratorio, sobre todo en los meses fríos.
El papel de la vitamina D en el resfriado
La vitamina D actúa en la regulación de la respuesta inmune a varios niveles. Ayuda a activar las células de defensa y a controlar la inflamación, un proceso central cuando se libra una batalla contra virus respiratorios. Este equilibrio permite responder con fuerza, sin elevar el tiempo que suelen durar sus síntomas, como pueden ser la congestión o la mala sensación en su conjunto.
Por qué resulta más eficaz que la vitamina C
Las investigaciones han demostrado que la vitamina C no disminuye la posibilidad de presentar una enfermedad de tipo gripal, su impacto se circunscribe a una ligera reducción de los síntomas de esa enfermedad. Mientras que la vitamina D, por su parte, se relaciona con una mayor preparación del sistema inmunitario, por lo tanto, permite presentar la infección con mayor firmeza, un efecto que es relevante cuando se tiene adecuadamente suficiente de forma constante.
Cuándo conviene reforzar la vitamina D
La exposición solar es la fuente fundamental de vitamina D. Durante el otoño y el invierno, la radiación heliocéntrica disminuye y el organismo produce una menor cantidad de dicha vitamina. Aquella época coincide con el momento en la que la cifra de casos de resfriados aumenta enormemente, lo que explica la supuesta relación existente entre el déficit y deficiencia de vitamina D, y el incremento de la predisposición a sufrir la infección respiratoria.
La importancia del invierno
En los meses fríos del año, el mantenimiento de niveles elevados de vitamina D, incide en el mantenimiento de las defensas. La suplementación controlada forma en este sentido una buena herramienta de apoyo en el caso de que la exposición solar sea escasa, retornando de esta forma una respuesta más homogénea al sistema inmune y propiciando así la recuperación más llevadera de la gripe.
Hábitos que apoyan la recuperación
Una dieta equilibrada proporciona los nutrientes necesarios para hacer sinérgico el efecto de la vitamina D. Un descanso reparador permite que el cuerpo tire de los recursos en la recuperación. Estas costumbres sencillas refuerzan el efecto de las defensas y ayudan a mitigar la sensación de estar cansado.
Constancia y prevención
Cuando se piensa en la vitamina D sólo durante los resfriados, se olvida su efecto en los niveles normales durante el transcurso del año, lo que permitiría que el sistema inmunitario se fuera reforzando poco a poco y, en el transcurso de la larga duración, se llegara al punto de poder regular los efectos de los virus estacionales.
La opción de apelar a la vitamina D es un recurso muy práctico. Su efecto sobre el propio organismo va más allá de una mera exposición temporal del cuerpo, es parte de una estrategia de salud, reconociendo la importancia de juntar hábitos saludables, exposiciones solares sensatas y una adecuada suplementación para llegar más armados a los meses de más circulaciones víricas.
Así es como el resfriado, pasa a ser un proceso menos grave y el organismo mantiene una capacidad de respuesta eficaz frente a las infecciones del invierno. Este método simple está en armonía con un estilo de vida equilibrado, que es sencillo de poner en práctica y su finalidad es cuidar de las defensas sin complicaciones ni excesos.
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