Cuando por las noches no conseguimos dormir solemos culpar al estrés, al exceso de pantallas o a los hábitos diarios. Sin embargo, algunas investigaciones apuntan a un elemento biológico a menudo ignorado: la vitamina D. Conocida por su papel en la salud ósea y el sistema inmunitario, se reconoce que también influye en el ritmo circadiano, el reloj interno que regula los ciclos de sueño y vigilia.

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La relación entre vitamina D y problemas de sueño

Investigaciones recientes han encontrado que personas con niveles bajos de vitamina D presentan más dificultades para conciliar el sueño y un descanso menos reparador. No se trata solo de dormir menos horas, sino de un sueño fragmentado que afecta la energía diurna, el estado de ánimo y la concentración.

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Estudios poblacionales y revisiones científicas muestran que la deficiencia de esta vitamina se asocia con mayor riesgo de insomnio y trastornos del sueño, y que mantener niveles adecuados podría mejorar tanto la calidad como la duración del descanso. Sin embargo, los investigadores advierten que la vitamina D es un factor más dentro de un conjunto de hábitos y condiciones que afectan al sueño.

¿Por qué falta vitamina D?

La principal fuente de vitamina D es la exposición directa al sol. Cuando los rayos ultravioleta B inciden sobre la piel, se activa un proceso que produce esta vitamina de manera natural. Sin embargo, el estilo de vida moderno, con largas jornadas en interiores, y los meses de invierno en latitudes medias, reducen drásticamente esta producción.

Además, aunque algunos alimentos aportan vitamina D -pescados grasos como salmón o caballa, huevos y productos fortificados-, rara vez la dieta por sí sola cubre las necesidades del organismo. Factores como la edad avanzada, el sobrepeso, ciertas enfermedades o problemas de absorción intestinal aumentan aún más el riesgo de déficit.

El resultado es que muchas personas no alcanzan los niveles óptimos de vitamina D, y este déficit silencioso puede ser un componente importante de los problemas de sueño que se perciben como "normales" en la vida cotidiana.

Qué hacer para mejorar el descanso

Antes de recurrir a suplementos, los especialistas recomiendan medir los niveles de vitamina D mediante un análisis de sangre. Si se detecta déficit, las estrategias habituales incluyen:

  • Exposición solar segura: entre 15 y 30 minutos diarios de luz directa, cuando sea posible.
  • Alimentación rica en vitamina D: pescados grasos, huevos, lácteos fortificados y cereales.
  • Suplementación controlada: únicamente bajo supervisión médica, ajustando dosis según niveles sanguíneos y evitando excesos que puedan ser dañinos.

Además, mantener una higiene de sueño adecuada -horarios regulares, dormitorio oscuro y silencioso, reducción de pantallas antes de dormir- potencia los efectos de estas medidas.

El sueño como indicador de salud

El déficit de vitamina D no solo afecta al descanso nocturno. También puede influir en la energía diurna, el estado de ánimo y la función muscular. Dormir mal puede ser un indicador de desequilibrio biológico: atender la vitamina D no garantiza un sueño perfecto, pero sí puede ser una pieza clave en un enfoque integral de la salud y el bienestar.

Mejorar la calidad del sueño implica mirar más allá de los hábitos y considerar factores biológicos que muchas veces pasan desapercibidos. A veces, lo que nos falta para descansar mejor no es una pastilla, sino un poco más de sol y atención a nuestra nutrición.