Preocuparse por la alimentación ya no consiste únicamente en contar calorías o ingerir productos de bajo contenido graso. Cada vez cobra más importancia la manera en como los alimentos inciden en la microbiota intestinal, que se convierte en un elemento determinante para la digestión, el sistema inmunitario y el bienestar de una forma general. Al mismo tiempo, la patata y el boniato se han convertido en dos de los alimentos básicos que son capaces de, mediante preparaciones adecuadas, aportar beneficios reales y contribuir a mantener un intestino sano.
La patata y la microbiota intestinal
La patata es rica en almidón, que es un hidrato de carbono complejo que se comporta de forma diferente en función de la forma en que se prepare. Al ser cocinada y posteriormente enfriada durante, por lo menos, 12 horas, parte del almidón se convierte en resistente, lo que se traduce en un tipo de almidón que no se digiere en el intestino delgado y que, en su forma intacta, llega al colon para servir de alimento a las bacterias beneficiosas del organismo.
Beneficios digestivos y antiinflamatorios
La ingesta de patatas frías o tibias incrementa la producción de ácidos grasos de cadena corta, en especial el butirato, un componente imprescindibles para la salud intestinal puesto que disminuye la inflamación, potencia la barrera intestinal y mejora el equilibrio de la microbiota, además de ser un alimento energéticamente denso, saciante y de fácil integración en una dieta adaptada a la salud.
Cómo preparar la patata
La manera más efectiva de preparar la patata es, por tanto, cocinarla entera y con su piel, ya sea al vapor, hervida o al horno. De este modo se respetarán mucho mejor los nutrientes y se evitará la adición excesiva de grasas. Una vez cocida, habrá incluso que dejarla enfriar a temperatura ambiente para posteriormente reservarla, bien cerrada, en el frigorífico, para que se realice el proceso de transformación del almidón.
Conservación y consumo adecuado
Una vez que la patata se ha enfriado adquiere versatilidad y se puede consumir en ensaladas, como base de platos fríos o ligeramente templada. No hay que recalentar la patata a temperatura muy alta ya que la temperatura en exceso destruye el almidón resistente y, el caso de hacerlo, la patata no va a ofrecer el valor nutricional con el que se encuentra y dejará de ser un alimento tan efectivo para ayudar a la salud intestinal.
El boniato en el organismo
El boniato tiene muchas similitudes con la patata, pero en este caso, incorpora un perfil nutricional diferente que complementa al primero. Dispone de más fibra, antioxidantes y betacarotenos que dan lugar a su característico color entre amarillento y anaranjado. Permite contrarrestar el estrés oxidativo, además de intervenir en el funcionamiento correcto del sistema inmunitario.
Cómo consumir el boniato
Al igual que la patata, el boniato desarrolla almidón resistente cuando se cocina y después se enfría durante varias horas. De este modo, al ingerirlo frío o templado resulta favorable para que se produzca el crecimiento de bacterias beneficiosas y la producción de butirato. Consumir el boniato frío en ensaladas, en cremas frías o acompañando va a permitir aprovechar sus beneficios y nutrientes sin complicaciones.
La patata y el boniato, que lejos de ser una guarnición, pueden llegar a convertirse en piezas clave de una alimentación orientada al cuidado del intestino. No solo hay que decidir comerlos, sino también hay que saber cocinarlos y respetar los tiempos de enfriado. Por lo tanto, estos alimentos tradicionales tienen un plus muy superior al sabor que aportan o a la energía.
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