El boom del cordón umbilical estalló con el nacimiento de la Princesa Leonor. En 2005 la sangre de su cordón cargada de células madre se envió a un banco privado en Estados Unidos para usarlo en el hipotético caso de que enfermase o la ciencia descubriera alguna aplicación aún hoy desconocida. La ciudadanía quiso saber para qué servía ese material biológico y por qué, si era tan útil, no tenía la asistencia del Estado para guardarlo para sus propios hijos. La realidad es que la utilidad del cordón para un autotrasplante era y sigue siendo ínfima. Lo habitual es que los enfermos necesiten cordón de otra persona sana. Por eso hoy se ha convertido en rutina durante los partos recoger la sangre de este tejido y guardarla en un banco común. Sin embargo, la irrupción de una nueva técnica, el trasplante haploidéntico, ha desplazado al cordón y es la nueva estrella de los trasplantes para tratar enfermedades de la sangre.

La sangre del cordón umbilical (SCU) contiene células madre sanguíneas, precursoras de todos los distintos tipos de células de la sangre (glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas). “Normalmente se desechaba tras el nacimiento del bebé hasta que en la década de los 90 comenzaron a realizarse trasplantes de células madre procedentes de la sangre de cordón a pacientes cuya médula ósea estaba enferma con claro éxito terapéutico”, explica la Fundación Josep Carreras, que gestiona el Registro Español de Donantes de Médula Ósea (REDMO), integrado en la red asistencial pública del Sistema Nacional de Salud. Hoy se ha comprobado que es útil, como el de médula, para tratar unas 70 enfermedades, como leucemias, talasemias, síndromes mielodisplásicos y linfomas Hodgkin y no Hodgkin.

Pronto el uso del cordón se disparó y se crearon bancos de almacenaje públicos y privados en todo el mundo. El trasplante de cordón es rápido y menos exigente que el tradicional de médula. “Para donantes familiares y donantes no relacionados se exige el 100% de histocompatibilidad con el receptor. Es decir, que tengan un sistema de antígenos leucocitarios humanos (HLA, en sus siglas en inglés) idéntico. Con el cordón solo hace falta que coincida al menos la mitad. Además, en un mes tienes el cordón disponible para trasplantar. Con médula se tardan 2 o 3 meses, por eso en casos muy urgentes, los médicos iban directamente al cordón”, recuerda Cristina Arbona, de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia.

Hoy España tiene almacenados más de 70.000 cordones y en el mundo hay unos 750.000. La recolección del cordón se realiza en el momento del parto si este tiene lugar en alguno de los hospitales que pertenecen a la red (pincha aquí para ver la lista). Tras el nacimiento del niño mientras que la placenta está todavía en el útero y después de cortar el cordón umbilical se hace una punción en el cordón y se recolecta la sangre en una bolsa específica para ello.

La sangre se almacena en cualquiera de los 7 bancos públicos que hay en España. Todos los cordones quedan disponibles para ser utilizados en el trasplante de cualquier enfermo compatible que lo necesite. Y las células que no son útiles para el trasplante se utilizan (siempre con el consentimiento de la madre donante) para investigar otras aplicaciones porque “además de células madre contiene abundantes células de otro tipo y plasma. Los glóbulos rojos, por ejemplo, se podrían usar para transfusión a prematuros y el plasma rico en plaquetas para tratar úlceras cutáneas y corneales”, comenta Arbona.

La caída del reinado del cordón

Pero no todo son ventajas. “El cordón no tiene memoria inmune y hay más probabilidad de coger infecciones. Los trasplantes con cordón llevaban aparejada más mortalidad que el trasplante de médula de familiar o donante desconocido”, ilustra la hematóloga, directora del Centro de Transfusión de la Comunidad Valenciana.

Por eso, cuando hace menos de una década se desarrolló en el Hospital Johns Hopkins (Baltimore, Estados Unidos) una nueva técnica con mejores resultados, el trasplante haploidéntico, destronó al cordón umbilical. Desde su aparición los trasplantes de sangre de cordón han caído considerablemente.

El trasplante haploidéntico no requiere una compatibilidad del 100%, al igual que el de sangre de cordón, pero sí tiene memoria inmune. Utiliza médula con un 50% de compatiblilidad, así el paciente tiene casi asegurado un donante entre los familiares directos: un padre, una madre, un hermano o un hijo. Para evitar el rechazo se administra medicación inmunosupresora tras el trasplante. El mayor inconveniente es que la técnica es tan reciente que aún no se dispone de resultados a largo plazo para compararlos con los otros tipos de trasplante de médula, pero las perspectivas son buenas.

¿Banco público o privado?

Cuando una persona necesita un trasplante de progenitores hematopoyéticos, lo que tradicionalmente se conoce como trasplante de médula ósea, se busca un posible donante compatible entre los familiares. “Solo entre un 25 y un 30% de los pacientes que lo necesitan disponen de un hermano compatible. Tres de cada cuatro paciente no lo tendrán. Cada vez las familias son menos numerosas”, lamenta la Fundación Josep Carreras. En esos casos, se busca en el REDMO a un donante no emparentado para extraerle sangre de médula o sangre periférica (que también contiene células madre aunque en mucha menos cantidad) y entre las muestras de sangre de cordón umbilical almacenadas.

La sangre de cordón se criopreserva.

La sangre de cordón se criopreserva. BIOCORD

Carlos Moreno es el director de Bio-Cord, un banco de cordón privado. “La única opción mala es tirar el cordón”, asevera. Su empresa los procesa y guarda en Portugal e Inglaterra durante 30 años por 1500 euros. “La mayoría de las compañías de seguros de salud privadas incluyen este servicio entre sus coberturas”, puntualiza. Los guardan fuera de España para asegurar a sus clientes que la sangre será solo para ellos. “En España los bancos privados están obligados a compartir la información del banco con el sistema público. De esta manera los cordones almacenados en un banco privado radicado en España están a disposición de toda la ciudadanía”, explica.

“En el sistema público no hay garantías de que se vaya a guardar el tuyo”, apunta. No toda la sangre que se extrae es apta para trasplante. En torno a un 20% de las unidades no presentan el número de células adecuado. Otro porcentaje de unidades que se descartan por contaminación o deterioro en su traslado, ascendiendo hasta un 40% las unidades que no son finalmente utilizables tras su extracción.

Guardar el cordón para trasplantarse a uno mismo

Moreno considera importante guardar el cordón para uno mismo por los posibles nuevos avances fuera de la hematología, sobre todo neurológicos. “Hay ensayos clínicos para averiguar si su uso es seguro en futuras investigaciones sobre autismo y la FDA acaba de aprobar uno para tratar la parálisis cerebral con células madre procedentes del cordón umbilical”, indica. Hasta el momento solo se han documentado en el mundo 9 casos de autotrasplante de cordón frente a los más de 20.000 trasplantes de donante. Y es que la práctica totalidad de los trasplantes en la infancia están indicados para enfermedades que tienen una base genética o congénita y, por lo tanto, pueden estar presentes en las células de su propio cordón. Es más, una vez hecho el diagnóstico de enfermedad, la sangre de ese cordón se descartaría para el eventual trasplante del niño o de cualquier otro paciente. Así, las donaciones de cordón siguen siendo de un valor incuestionable.