La vivienda o la falta de ella es un determinante “principal” en la salud de las personas, según constata el informe “Cuando la casa nos enferma. La vivienda como cuestión de salud pública” que ha sido presentado este martes.

La investigación realizada por la asociación Provivienda en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid y financiada por el Ministerio de Sanidad advierte de que en una casa insalubre no solo se estropean las paredes sino también la salud de los que la habitan y concluye que una buena política de vivienda es, además, una política de prevención en salud.

Los impactos de una vivienda deficiente en la salud son múltiples

Durante la presentación, Gema Gallardo, directora de Provivienda, asociación sin ánimo de lucro que trabaja para garantizar el derecho a la vivienda, ha señalado que uno de los objetivos era ponerle rostro a las historias de exclusión residencial, a los “zombis sociales”. Se centra en la inseguridad residencial que marca “seriamente” el bienestar social y psicológico de los ciudadanos, y evidencia que los impactos de una vivienda deficiente en la salud son múltiples (patologías, discapacidades, síndromes o trastornos).

Entre otros, analiza el fenómeno del “sinhogarismo” y concluye que la esperanza de vida de las personas que viven en la calle es entre 20 y 30 años menor que el resto de población. Además, presentan de dos a 50 veces más problemas físicos que afectan directamente al circulatorio (20,9 %), respiratorio y digestivo (20,3 %), endocrino (17,4 %) y osteoarticular (16,8 %). También los dermatológicos son muy comunes. Pero, según el informe, más importantes que los síntomas físicos son los mentales: un 16,6 % están afectados por un trastorno psiquiátrico grave.

Sin embargo, esta realidad no la perciben de la misma manera los sujetos protagonistas (casi seis de cada diez indican tener buena o muy buena salud), lo que choca con lo que observan los profesionales que les atienden, ha señalado el responsable del informe, el sociólogo Thomas Ubrich.

En España más de dos millones de familias residen en viviendas con goteras o humedades

En España más de dos millones de familias residen en viviendas con goteras o humedades en paredes y techos, a lo que se une en algunos casos la escasez de luz natural, que afecta a 775.000 hogares. Habitar en casas “inhabitables” también influye en el desarrollo de algunas patologías. El riesgo más alto está asociado al frío, la humedad y el moho, seguido de la exposición al radón, ácaros del polvo, monóxido de carbono, crecimiento de hongos y plomo.

En cuanto al impacto de la pérdida de la vivienda, las personas en proceso de deshaucio tienen tres veces más probabilidades de tener mala salud percibida y se asocia también con un aumento de la hipertensión y de los problemas cardíacos. Y entre las de las personas entrevistadas que relatan su situación de ocupantes como la única vía de escape –en España 73.500 hogares están en esta situación– antes de quedarse en la calle, es común que expresen sensaciones de nerviosismo, ansiedad e intranquilidad, derivadas de la inestabilidad y la falta de vinculación legal.

El estudio está basado en datos oficiales, entrevistas a expertos y 46 familias participantes en la intervención social de los proyectos de Provivienda en Madrid, Barcelona y Tenerife, además de encuestas a 77 personas/familias que actualmente están ocupando su vivienda en barrios madrileños y a 25 que regularizaron su situación con la entidad bancaria y pagan ahora un alquiler social.