Nuestro organismo está constituido por un conjunto de órganos, los cuales a su vez están formados por células, que se dividen de forma regular con el fin de reemplazar a las ya envejecidas o muertas, y de mantener así la integridad y el correcto funcionamiento de los distintos órganos. Este proceso está regulado por una serie de mecanismos que indican a la célula cuándo comenzar a dividirse y cuándo permanecer estable.

Cuando estos mecanismos se alteran en una célula, ésta y sus descendientes inician una división incontrolada que con el tiempo dará lugar a un tumor, según explica la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). Si además de crecer sin control, adquieren la facultad de invadir tejidos y órganos de alrededor (infiltración), y de trasladarse y proliferar en otras partes del organismo (metástasis) se denomina ‘tumor maligno’, que es a lo que llamamos ‘cáncer’, aclara.

Cuando las células tumorales, con capacidad de invadir los tejidos sanos de alrededor y de alcanzar órganos alejados e implantarse en ellos, están ubicadas en el tiroides, hablamos de cáncer de tiroides. Según la Sociedad Americana de Cáncer, la glándula tiroides está localizada debajo del cartílago tiroideo (la manzana de Adán o nuez), en la parte delantera del cuello. En la mayor parte de las personas no se puede ver o palpar por su pequeño tamaño. Eso sí, la AECC recuerda que en esta glándula pueden aparecer bultos o nódulos, que pueden corresponder a tumores benignos (o no cancerosos) o malignos (cancerosos). No obstante, la mayor parte de los tumores del tiroides son tumores benignos; en concreto un 95% de los mismos.

Así, el tiroides tiene dos tipos principales de células, y de cada una de ellas dice que puede derivarse un tipo de cáncer: Las ‘células foliculares’, que son las que producen las hormonas tiroideas (T3 y T4), además de una proteína característica denominada ‘tiroglobulina’; y las ‘células C’, que producen la ‘calcitonina.

El cáncer recurrente

La mayor preocupación que pueden presentar las personas que han padecido ya un cáncer, es tener que vivir nuevamente otro. En este sentido, desde la AECC señalan que, incluso tras el plan terapéutico más completo, “existe un riesgo de reaparición de la enfermedad”. Eso sí, recuerdan que su diagnóstico precoz permite instaurar, de nuevo, un tratamiento rápido, y por tanto “puede ser más fácil lograr que desaparezca y mejorar los síntomas”.

Por ello, considera que, aunque el riesgo de reaparición de la enfermedad disminuye con el paso del tiempo, es importante que se refieran al médico en cualquier momento no sólo cambios relacionados con los tratamientos, sino cualquier otro síntoma como pérdida de apetito o de peso, así como la aparición de dolor, de sangre en la orina, o de cansancio, por ejemplo.

Por eso, uno de los principales problemas a los que se enfrentan los cánceres recurrentes de tiroides es el tener que enfrentarse de nuevo a una intervención y a un tratamiento, y cualquier progreso en este sentido siempre es bienvenido. Precisamente, el Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Móstoles (Madrid) ha incorporado recientemente una técnica pionera para tratar el carcinoma de tiroides recurrente, la cirugía radioguiada para la localización de lesiones ocultas o ROLL (radio guided occult lesion localization), por sus siglas en inglés. En concreto ha aplicado esta cirugía, a día de hoy poco empleada en España, en una paciente con carcinoma papilar de tiroides no palpable, y de tamaño milimétrico, que ya había sido operada previamente en 3 ocasiones en otro centro.

El Dr. Durán, junto al resto del equipo de profesionales del hospital que realizó la intervención

«La técnica ROLL es un método seguro, eficaz y preciso para la localización y resección de recaídas no palpables en zonas del cuerpo que pueden conllevar una elevada complejidad desde el punto de vista anatómico y quirúrgico (especialmente si se trata de una reintervención, como en este caso), como puede ser el cuello», subraya el doctor Manuel Durán Poveda, jefe del Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Universitario Rey Juan Carlos, que intervino a la paciente.

A su juicio, supone una alternativa “clara” frente a los abordajes quirúrgicos clásicos en pacientes seleccionados, a la vez que destaca que se trata de una “técnica reproducible”, aunque requiere de “una evidente pericia quirúrgica y amplio conocimiento anatómico de la zona a tratar». Según asegura el doctor Durán, entre otras ventajas, ROLL minimiza al máximo las potenciales complicaciones quirúrgicas derivadas de una reintervenciónen una patología que asusta mucho al paciente: “Una recurrencia de un cáncer».

Este especialista explica que dicho abordaje radioguiado permite localizar lesiones ocultas o de muy pequeño tamaño mediante la inyección preoperatoria de macroagregados de albúmina marcados con tecnecio. “Al inyectar el radiofármarco exclusivamente en la zona del tumor (intralesional), este macroagregado se queda depositado en el foco de la lesión sin dispersión, permitiendo la extirpación del tejido tumoral identificado intraoperatoriamente con una sonda gamma, lo que supone la extirpación completa de la recidiva locorregional del tumor, evitando así la extirpación de tejido sano y minimizando el riesgo de lesión de otras estructuras vecinas”, resalta el experto.

A su vez, sostiene que su uso reduce la morbilidad quirúrgica asociada a una reintervención, por lo que la cirugía radioguiada está diseñada especialmente para tumores recurrentes en los que la reintervención pueda suponer una potencial agresión a otras estructuras consideradas en riesgo de lesión.

“Por tanto, este abordaje quirúrgico es extrapolable a otros tumores malignos, siendo las lesiones ocultas de mama no palpables y de muy escaso tamaño otra opción terapéutica en la práctica clínica. De este modo, marcando preoperatoriamente el tumor con el isótopo, su posterior evidencia intraoperatoria con la ayuda de la sonda gamma guía al cirujano al tumor facilitando su completa extirpación, lo que redunda en una serie de beneficios en términos de resecabilidad, de morbilidad y de calidad de vida de los pacientes”, añade el jefe del Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Universitario Rey Juan Carlos.

Asimismo, desde el punto de vista de gestión, la cirugía radioguiada aporta otro tipo de beneficios, ya que podría realizarse sin necesidad de ingreso hospitalario, de forma ambulatoria. Su desarrollo ha sido posible gracias al trabajo multidisciplinar de endocrinos, médicos nucleares, radiólogos, anestesistas, personal de enfermería y cirujanos.

Contenido elaborado en colaboración con el Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Móstoles