Es un fármaco barato y accesible que se utiliza para tratar desde ciertas formas de artritis hasta trastornos de la piel, tiroides, alergias severas o asma. Es un glucorticoide con elevada potencia antiinflamatoria e inmunosupresora, según el Vademecum, y el precio por dosis ronda los 26 céntimos de euro.

Sin embargo, este fármaco común se acaba de convertir en el primero que certifica – al menos en sus resultados preliminares – que es capaz de reducir la mortalidad por COVID-19. Así lo han comunicado hoy los científicos de la Universidad de Oxford con los resultados del ensayo RECOVERY (Evaluación aleatorizada de la terapia con COVid-19) que ha evaluado distintos fármacos en más de 11.500 pacientes en 175 hospitales públicos de Reino Unido.

El tratamiento con dexametasona en baja dosis ha sido analizado en 2.104 pacientes que fueron designados al azar para recibir dexametasona en 6 miligramos una vez al día, ya fuera por vía oral o intravenosa. Se les trató con ello durante 10 días y su evolución se comparó con la de los pacientes que recibían únicamente el tratamiento habitual.

Entre los pacientes que recibieron la atención habitual sola, la mortalidad a los 28 días fue más alta en aquellos que requirieron ventilación (41%), intermedia en aquellos pacientes que requirieron solo oxígeno (25%) y más baja entre aquellos que no requirieron ninguna intervención respiratoria ( 13%).

Según publican los investigadores en un comunicado, la dexametasona redujo las muertes en un tercio en pacientes ventilados y en un quinto en otros pacientes que recibieron oxígeno solamente. No hubo beneficio entre aquellos pacientes que no requirieron asistencia respiratoria.

Eso supone, continúan, que la dexametasona es capaz de reducir una de cada ocho muertes en pacientes de coronavirus que requieren ventilación y uno de cada 25 que precisan oxígeno.

Los investigadores detallan que dada la importancia de estos resultados para la salud pública, están ya trabajando «para publicar los detalles completos lo antes posible».