El fin del verano supone el regreso al trabajo y a las clases, un proceso que a menudo supone todo un reto para el organismo, ya que durante los días de vacaciones, el horario de descanso cambia drásticamente; las cenas se realizan más tarde, las siestas se extienden más que lo habitual y el tiempo de descanso nocturno se acorta, lo que lleva a un desajuste progresivo del llamado "reloj interno". Este reajuste si se realiza de manera abrupta o inadecuada, tendrá efectos negativos sobre la atención, el estado de ánimo, el transcurso del día y el bienestar general.

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Horario interno

El ser humano funciona según ritmos, ritmos circadianos, un sistema interno que regula procesos tan importantes como la temperatura corporal, la presión arterial, la producción de hormonas, etc. Al alterar repentinamente las horas de sueño se producen desajustes en estos ritmos que provocan la aparición de síntomas como insomnio, somnolencia diurna, irritabilidad, dificultad para mantener la concentración e incluso una sensación de fatiga constante que dificulta llevar a cabo incluso las tareas más sencillas.

 Consecuencias del “jet lag social”

Un caso común de desajuste es el jet lag que ocurre cuando se sitúa en un huso horario diferente al habitual y se acompaña de sensación de fatiga, problemas en la digestión, falta de apetito y desmotivación. Pero sin necesidad de tomar un avión los cambios derivados de los hábitos en verano dan como resultado una especie de “jet lag social”: una diferencia entre el reloj interno y el reloj social con el que se desarrolla la vida cotidiana. Se da frecuentemente al regresar del tiempo de vacaciones y retomar el trabajo o el estudio en septiembre que puede ser similar a atravesar varios husos horarios y necesita realizar esfuerzos para adaptarse y evitar esos efectos colaterales.

Cómo reajustar los horarios

La vuelta a la normalidad es más fácil si se realizan cambios de manera muy gradual en los últimos días de vacaciones. Acostarse y levantarse un poco más temprano cada día, cenar en una hora regular y no hacer cenas abundantes nos ayudarán a preparar el cuerpo ante el nuevo curso. Mantener estos cambios de forma constante serán los más adecuados para que recuperar los horarios no resulte brusco, recuperando el sueño poco a poco su patrón natural.

Hábitos saludables para dormir mejor

Respetar el reloj biológico implica también cuidar la calidad del sueño. Dosificar café, alcohol y azúcares en las horas antes de dormir es beneficioso de cara a un sueño reparador. Por otro lado reducir el uso de las pantallas en la cama previene la exposición a la luz azul, que frena la producción de la melatonina, que es la hormona que se necesita para hacer que uno pueda dormir y ordenar de forma correcta el ciclo nocturno.

Medidas para frenar los efectos

La luz solar es un sincronizador natural del organismo. Es importante mantener la ventana ligeramente abierta para que esta ayude a equilibrar el organismo. También las siestas cortas de 20 a 30 minutos ayudan porque son muy reparadoras, aunque no se deben extender demasiado para no comprometer el descanso nocturno ni la rutina de sueño habitual.

Ayuda profesional

La mayoría de los desajustes que se manifiestan producto de los viajes se resuelven con el tiempo, pero en algunos casos los problemas de sueño no remiten pasados dos semanas y afectan al rendimiento diario. Cualquier caso persistente en un problema de sueño debe ser evaluado en la consulta del médico para evitar que el trastorno se convierta en crónico y origine problemas metabólicos, endocrinos o cardiovasculares. Un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado pueden marcar la diferencia en la recuperación del ritmo circadiano y en el mantenimiento del equilibrio del organismo.

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