Realizar actividad física en invierno puede ofrecer una serie de beneficios evidentes, pero también requiere más atención. El frío altera la manera en la que actúa el cuerpo y puede incrementar la probabilidad de padecer molestias o lesiones si no se adoptan las acciones y medidas necesarias. Modificar los hábitos y evitar algunos errores es fundamental para poder hacer deporte adecuadamente cuando disminuyen las temperaturas.
Errores al practicar deporte en invierno
Uno de los errores más comunes es comenzar a realizar el entrenamiento directamente en el exterior. En efecto, el frío disminuye la temperatura muscular y limita la movilización articular. Los músculos rígidos reaccionan mucho peor y pueden soportar menos carga, lo que favorece los tirones y las sobrecargas. Un calentamiento dinámico siempre previo, incluso en casa, es idóneo para calentar el cuerpo y limitar el riesgo desde el primer minuto.
Forzar el ritmo desde el inicio
Un error habitual aparece al querer mantener la misma intensidad que en épocas de calor. En las situaciones de más frío, el cuerpo necesita más tiempo para adaptarse al esfuerzo. De esta forma, un calentamiento demasiado rápido aumenta la tensión muscular y cardiovascular. Lo mejor es empezar a entrenar de forma tranquila y cuando el cuerpo ya esté caliente, entonces podrá hacerse de manera más intensa.
Cómo afecta el frío al deporte
El frío hace que la sangre, para proteger los órganos vitales, quede concentrada en el torso. Como consecuencia, el riego sanguíneo en brazos y piernas disminuye. Esta situación origina rigidez muscular y disminuye la capacidad de reacción. A su vez, se deteriora el equilibrio en tobillos y rodillas, aumentando las posibilidades de resbalarse en superficies mojadas o heladas.
No tener en cuenta el esfuerzo cardiovascular extra
Las bajas temperaturas hacen que el corazón tenga que trabajar más intensamente. Como consecuencia de la constricción de los vasos sanguíneos, se incrementa la presión arterial aumentando así el esfuerzo. Hacer deporte sin hacer caso a estas señales del cuerpo puede hacer que se llegue a la fatiga antes, además de que la percepción de la fatiga sea mayor de lo que se había previsto, incluso en sesiones de entrenamiento moderadas o más cortas de lo habitual.
Entrenar con seguridad
Vestir de forma inadecuada para el clima
Cuando se entrena con una vestimenta que no resulta suficiente o poco técnica, puede dificultar el mantenimiento de su temperatura corporal. El sudor se enfría rápidamente y se ve favorecida la pérdida de calor. La selección de algunos tejidos que retengan la humedad se convierte en algo básico. Tampoco debemos olvidar el gorro, los guantes y un calzado que garantice un buen agarre, ya que, si las extremidades están frías, se merma el control de los movimientos.
Descuidar la hidratación y el entorno
Existen menos ganas de tomar líquidos en invierno, pero el cuerpo lo pierde de forma continua y no beber agua o hidratarse con otro tipo de bebidas, ya sea antes, durante o luego de haber entrenado, puede llegar a producir deshidratación, lo que merma el rendimiento en el esfuerzo físico y aumenta el trabajo del corazón. Hay que tener en cuenta que este déficit, se además se entrena en trayectos desconocidos o con obstáculos, existe más riesgos de caídas cuando el cuerpo responde más lentamente.
El invierno no debe ser una excusa para dejar de lado el ejercicio al aire libre, pero sí para para hacer entrenamientos con cabeza. Evitar estos errores ayudará a proteger tanto los músculos, como las articulaciones y el sistema cardiovascular. Vale la pena ajustar el ritmo de trabajo, preparar al cuerpo y estar pendiente de los detalles si queremos que nuestros entrenamientos sean seguros y no se conviertan en peligrosos.
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