Amanda Seyfried ha sido uno de los rostros más reconocibles del cine estadounidense desde mediados de los años 2000. Su trayectoria abarca desde comedias adolescentes y romances populares hasta dramas independientes y series de prestigio. Demostrando así una versatilidad que pocas actrices de su generación han sabido combinar de manera constante.
Tras un período en el que su nombre resonaba menos en la industria, Seyfried ha vuelto al foco mediático con el estreno de La asistenta y la expectación por El testamento de Ann Lee, consolidando una carrera que se sostiene por méritos propios más allá del ruido mediático.
Primeros pasos y salto al estrellato
Nacida en 1985 en Allentown, Pennsylvania, Amanda Seyfried comenzó su carrera profesional como modelo antes de dar sus primeros pasos en la televisión estadounidense. Su gran salto llegó con Chicas malas (2004), donde interpretó a Karen Smith, un papel casi secundario pero inolvidable que la convirtió en un rostro familiar para el público adolescente y le abrió las puertas del cine comercial. Desde entonces, Seyfried demostró que no se limitaría a papeles de comedia ligera.
Durante los años siguientes, combinó proyectos comerciales con películas más arriesgadas y complejas. En Alpha Dog (2006) ya mostraba su capacidad para asumir personajes dramáticos. Mientras, en Jennifer’s Body (Diabólica Tentación, 2009) y Chloe (2009) exploraba registros más oscuros y sensuales. Paralelamente, protagonizó romances de éxito masivo como Querido John (2010) o Cartas a Julieta (2010), que consolidaron su imagen de actriz cercana y emocionalmente accesible, capaz de conectar con un público amplio. En 2012 apareció en la emblemática Los Miserables.
El fenómeno global Mamma Mia! (2008) y su secuela de 2018 Here We Go Again (Una y otra vez en España) la consagraron también como estrella musical. En ellas muestra su talento vocal y su capacidad para liderar grandes producciones de entretenimiento. En comedias más irreverentes, como Ted 2 (2012), Seyfried demostró su soltura para la comedia física y el timing humorístico, completando un perfil de actriz versátil y adaptable.

Presencia también en series
Aunque más conocida por su carrera cinematográfica, Seyfried ha trabajado de manera consistente en televisión, con papeles que le permitieron consolidar su prestigio actoral. Su participación en Veronica Mars (2005–2006) y sobre todo en Big Love (2006–2011), donde interpretó a Sarah Henrickson, le permitió asumir personajes complejos en un formato más prolongado. Demostraba una madurez interpretativa que complementaba sus roles cinematográficos.
Su consolidación en la televisión llegó con The Dropout (2022), en la que interpretó a Elizabeth Holmes. Este papel le valió un Emmy y un Globo de Oro, y puso de relieve su capacidad para liderar proyectos exigentes, interpretar personajes controvertidos y sostener narrativas dramáticas de larga duración. Con estas interpretaciones, Seyfried demostró que puede moverse con la misma solvencia entre cine masivo, independiente y televisión de prestigio, un equilibrio poco común en Hollywood.
Reconocimientos y diversidad de proyectos
La carrera de Seyfried ha sido premiada y reconocida en diferentes ámbitos. Fue nominada al Oscar por Mank (2020), interpretando a Marion Davies. Fue un papel que le permitió explorar la historia y la intriga en un registro más sofisticado. Además, ha recibido elogios de la crítica en festivales de cine independiente por títulos como Lovelace, Chloe y, más recientemente, El testamento de Ann Lee.
Estos reconocimientos ponen de relieve un rasgo central de su carrera: la capacidad de equilibrar éxito comercial con trabajos de autor, sin depender de la fama inmediata ni de la narrativa de ascenso fulgurante que caracteriza a otros actores de su generación.
Vuelta al foco: 'La asistenta' y 'El testamento de Ann Lee'
En los últimos meses, Seyfried ha vuelto a ser protagonista del foco mediático gracias a dos proyectos muy distintos. La asistenta -un thriller psicológico coprotagonizado con Sydney Sweeney- ha tenido buena acogida tanto de público como de crítica, mostrando a la actriz en un registro más adulto, intenso y complejo. La historia sigue a una mujer que se enfrenta a tensiones y secretos en el entorno de una familia acomodada.
Mientras que El testamento de Ann Lee reafirma su versatilidad y su capacidad para asumir papeles dramáticos de peso, consolidando su perfil como actriz seria y madura. Es un musical histórico sobre la vida de la líder religiosa Ann Lee. La película combina drama y música, y ya ha recibido opiniones positivas en Estados Unidos, esperando su llegada a España en marzo. La actuación de Seyfried le ha traído nominaciones a mejor actriz en los Globos de Oro y los Critics' Choice Awards, lo que muchos ven como un posible anticipo de una futura nominación al Premio Oscar.
A estos proyectos se suma la posibilidad de retomar su vínculo con el musical a través de futuras entregas de Mamma Mia!, donde Seyfried ha manifestado interés en explorar nuevamente su personaje como Sophie y nuevas generaciones de personajes que acompañen la saga.
Vida personal y polémicas recientes
Fuera del foco mediático, Seyfried ha construido una vida más tranquila. Vive en una granja en Nueva York junto a su marido y sus dos hijos. Ha hablado abiertamente sobre su TOC y ansiedad, factores que han influido en su manera de gestionar la fama y en la elección de proyectos. También mantiene un emprendimiento singular: una empresa de casas de juguete, que refleja su interés por la creatividad más allá de la interpretación.
Recientemente, ha sido noticia por comentarios críticos hacia figuras del activismo conservador estadounidense, como ocurrió el pasado septiembre tras el asesinato de Charlie Kirk, cuando lo calificó de "odioso" en redes sociales. Una afirmación que ella misma quiso matizar días después al condenar tajantemente la violencia del crimen, aunque reafirmando su derecho a criticar la retórica del activista. Se trata de un episodio menor que, sin ser central en su carrera, ilustra su disposición a expresarse públicamente y sin intermediarios, una faceta que encaja con la independencia que ha caracterizado su trayectoria.
Su "rechazo" al Premio Oscar
Seyfried ha subrayado, estos últimos días, que ganar un Oscar no es algo que le preocupe ni defina su carrera. Ha afirmado que no recuerda quién ganó en los últimos diez años y que, para ella, la relevancia de un proyecto y la satisfacción personal son más importantes que cualquier estatuilla. Seyfried insiste en que los premios no deberían ser el objetivo principal de un actor, sino un reconocimiento secundario que no marca el valor de su trabajo ni su trayectoria. Esta visión ha permitido que su carrera no dependa de la validación externa, sino de la consistencia, la diversidad de registros y la continuidad.
Amanda Seyfried representa así un modelo de éxito diferente al habitual en Hollywood: una actriz que, lejos del ruido de la fama desmedida, ha sabido mantenerse relevante, reinventarse cuando ha sido necesario y consolidar un camino profesional equilibrado y reconocido tanto por público como por crítica.
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