El resultado de las elecciones en Aragón no ha sido bueno para el PP. Gana con 26 escaños, pero pierde dos respecto a 2023; aunque el PSOE se hunde hasta 18 escaños (5 menos que 2023), Vox se convierte en el vencedor de la noche al duplicar su representación, pasando de 7 a 14 escaños.

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La derecha logra 5 escaños más que en 2023 (pasa de 35 a 40), pero el mayor beneficiario de ese giro es el partido de Abascal, que incluso le ha ganado al PSOE en la ciudad de Teruel.

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Si Jorge Azcón adelantó los comicios al no poder aprobar los presupuestos con el objetivo de alcanzar la mayoría absoluta (34 escaños) y, de esa manera, no tener que depender de Vox, su operación ha devenido en fiasco. Si Feijóo pretendía que Aragón se convirtiera en la segunda fase del proceso iniciado en Extremadura, pero esta vez con mayor holgura respecto a la extrema derecha, le ha salido el tiro por la culata.

Abascal tiene ahora todas las bazas en su mano para forzar la entrada de Vox en el gobierno e imponer sus condiciones. El triunfo de su partido no se basa en el carisma de su candidato (Alejandro Nolasco sigue siendo desconocido para muchos aragoneses); ni siquiera en el atractivo de su programa, que tampoco es muy conocido, sino en que ha abanderado la oposición más radical contra Pedro Sánchez.

El PP, en un giro inexplicable, invitó al cierre de su campaña al supuesto periodista Vito Quiles, alguien muy identificado con el ideario de la extrema derecha. Quizás con el objetivo de frenar a Vox. Pues bien, lo que ha conseguido ha sido justo lo contrario: ha asustado a su votante moderado. ¿Acaso Azcón y Feijóo piensan, como ha dicho Miguel Tellado, que Quiles representa al "periodismo valiente"? ¿Es ese su modelo?

El batacazo del PSOE no hay que apuntárselo a Alegría, sino a Pedro Sánchez

Creo que Feijóo haría bien en replantearse su estrategia si no quiere que le ocurra lo mismo en Castilla y León o en Andalucía, aunque dudo que Juanma Moreno opte por confundirse con el partido de Abascal.

Desde luego, el que no puede estar contento tampoco es Pedro Sánchez. Su candidata, la ex ministra y portavoz del gobierno Pilar Alegría, ha logrado lo que parecía imposible, igualar el peor resultado de su partido en Aragón, que se alcanzó en 2015 cuando Podemos estaba subiendo como la espuma. Es una derrota sin paliativos y atribuible al presidente. Ha sido un voto de castigo no a Alegría, sino a Sánchez. Veremos qué dice Moncloa de esta triste noche del 8-F. Culparán a la ola populista que recorre Europa, a Trump y a los tecnoligarcas. O algo parecido. Todos tendrán la culpa menos el verdadero culpable, Sánchez.

¿Qué decir de Podemos? Sencillamente, que ha desaparecido de la escena política. La izquierda en Aragón ha votado a la Chunta (que ha pasado de 3 a 6 escaños), y ha dejado en las raspas a IU y Sumar. Pablo Iglesias va a tener que desempolvar algún manual de principios del siglo XX para explicar por qué el proletariado le ha sido tan esquivo.

En fin, que todo sigue igual, pero peor que antes del 8-F. Por lo menos para los que queremos un cambio hacia la sensatez y la moderación.